CAPITULO 121

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LAUREN

La noche del Miércoles finalmente ha caído, y con ella, el refugio que tanto anhelabamos después de un día de oficina y campo abierto, eterno.

8:30 PM.

La casa huele a albahaca y menta. Estamos en la cocina, todavía con la ropa de trabajo a medio quitar: yo en pantalones de vestir y camiseta, y Camila con su blusa de seda pero descalza. Hay una caja de pollo abierta entre nosotras sobre la isla y dos vasos de agua fresca.

CAMILA: Te juro que hoy, en medio de una junta, sentí que todavía tenía arena en los zapatos (dice, dándole un mordisco a la tira de pollo) - Estaba en cuerpo presente, pero mi mente seguía en la cima de esa roca viendo a los pájaros (Río, estirando la mano para limpiar una mancha de salsa búfalo de su labio)

LAUREN: Fue un fin de semana demasiado perfecto para ser real.

Estamos en ese momento de paz, disfrutando del silencio que solo interrumpen los canes rondando cerca de la mesa, intentando conseguir premios de nuestra parte, cuando de pronto...

Lo escuchamos.

Dos golpes secos, firmes y directos resuenan en la puerta principal.

Nos quedamos inmóviles. En nuestro fraccionamiento, nadie llega sin avisar a esta hora, y mucho menos un miércoles. Camila frunce el ceño y me mira con una pizca de confusión.

LAUREN: ¿Camila? ¿Esperabas a alguien? ¿Pediste algo más? (Cuestiono en un susurro, Además, ¿Quien demonios se ha metido hasta acá?)

CAMILA: No... nadie. Mis papás me habrían llamado antes (responde ella, dejando la tira en el cartón) -¿Tú?

LAUREN: Para nada.

Me levanto con un suspiro de fastidio. No quiero que nadie rompa nuestra burbuja de tranquilidad. Camino hacia la entrada, cruzo el pasillo y abro la puerta con la intención de decir que no es un buen momento.

Pero las palabras se me quedan atoradas en la garganta.

LAUREN: ¿Thamara? (suelto, parpadeando un par de veces para asegurarme de que no estoy alucinando)

Ahí, bajo la luz del porche, está ella. Se ve cansada, con una expresión que no puedo descifrar de inmediato, cargando un bolso que parece pesado. Su presencia es lo último que esperaba encontrar en mi puerta.

Pero no está sola.

En sus brazos está Leo.

Mi sobrino me mira primero con esos ojos enormes y despiertos que siempre parecen reconocerme antes que yo a él. Tarda apenas un segundo en procesar... y entonces sonríe. Esa sonrisa abierta, sin filtros, que me atraviesa directo al pecho.

THAMARA: Arquitecta (dice ella, con la voz un poco apenada) -Perdón por venir así, pero no sabía a dónde más ir.

Thamara se ve realmente agitada, tiene el cabello un poco desordenado y respira con dificultad, como si hubiera subido las escaleras corriendo. Me quedo con la mano en el pomo de la puerta, procesando la información, mientras Camila se asoma desde el pasillo de la cocina, limpiándose las manos con una servilleta de papel.

CAMILA: Thami (dice levantándose enseguida del banquillo de la cocina y ya está dando pasos apresurados) -Pasa

Siento el peso de la mirada de Camila. El aire de la noche se cuela en la casa, trayendo consigo un presentimiento de complicación que ninguna de las dos vio venir después de nuestro fin de semana mágico.

Leo ya no me da opción. Se inclina hacia adelante, reclamándome, como si esta casa fuera también su lugar seguro. Le brindo mis brazos instintivamente y Thamara lo pasa a los míos.

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