CAPITULO 94

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CAMILA

Salimos del aeropuerto como quien sale de una burbuja, todo afuera es ruido, movimiento, bocinas, taxis que se cruzan sin mirar. Pero ella está a mi lado, y eso basta.

Subimos a la camioneta. Lauren lanzó su maleta al asiento trasero y cierra la puerta con ese gesto que siempre hace cuando está agotada, una especie de exhalación, como si soltara de una vez todo el viaje, el cansancio, los días lejos de casa.

Pone su mano sobre mi muslo mientras yo enciendo el motor, No dice nada, Solo aprieta, suave, como si necesitara asegurarse de que esto, nosotras, sigue siendo real.

CAMILA: ¿Quieres poner música? (Cuestiono, mirándola de reojo, Ella niega con la cabeza)

LAUREN: Quiero escucharte respirar un rato (Curvo mis labios, sin decir nada, salimos a la autopista, Las luces de Miami a esta hora son cálidas, anaranjadas, y dibujan sombras suaves sobre su rostro. La ciudad parece respirar con nosotras, El aire acondicionado va bajo, Lauren baja un poco la ventanilla y entra esa mezcla de mar y noche húmeda, ese olor que solo esta ciudad tiene cuando el verano está por irse. Se recuesta en el asiento, sin soltarme la pierna)

CAMILA: ¿Quieres llegar a dormir? (cuestiono al cabo de unos minutos)

LAUREN: Quiero estar contigo (responde, como si eso fuera suficiente. Y lo es)

En el semáforo, giro el rostro para mirarla. Tiene los ojos cerrados, pero ligero gesto tranquilo, Le acaricio los nudillos, uno por uno, y noto que ha adelgazado, sí. Que hay un cansancio profundo en sus facciones, de esos que no se duermen en una noche.

CAMILA: Prometiste volver más entera (digo, un poco en broma, algo preocupada)

LAUREN: Volví más tuya (responde, sin abrir los ojos, al mismo tiempo ambas nos reímos bajito, El semáforo cambia a verde y sigo conduciendo. Pasamos por la avenida que bordea la costa. A lo lejos, el mar se mueve, oscuro, calmo. Lauren lo mira y susurra) -Siempre pensé que el mar era lo más constante que tenía hasta ti (No sé qué decirle, solo estiro la mano y entrelazo nuestros dedos, Ella los aprieta como si también estuviera pensando: No me sueltes nunca.)

Faltan solo unos minutos para llegar a casa, pero en este trayecto, todo es sagrado. Cada semáforo, cada cruce, cada silencio, porque estamos volviendo a nuestro espacio, a nuestra rutina, a nuestra cama sin frío. Ella se incorpora cuando doblamos en la esquina de siempre, me mira, con esa forma suya de mirar que no se aprende, que nace de adentro.

LAUREN: Quince días (dice aliviada, lo entiendo todo)

CAMILA: Quince días contigo (respondo de manera suave pero segura, Y en ese momento, con el motor aún encendido, el hogar tan cerca, y su mano sobre la mía, pienso que este trayecto, este pedacito de camino, guarda todo lo que el mundo debería saber sobre el amor)

LAUREN

Al llegar, todo huele a casa, es decir, a canela, a ropa recién lavada, al incienso que Camila pone cuando se pone nerviosa. Había dejado una vela encendida en la entrada dentro de un cuenco con agua, la veo colgar las llaves y venir a mí, me quita el abrigo con una ternura que me desarma.

CAMILA: ¿Estás bien? (Cuestiona, mientras acaricia la línea de mi mandíbula, buscando rastros de cansancio)

LAUREN: Estoy ahora (respondo, con tranquilidad de estar aquí con ella)

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