CAPITULO 106

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LAUREN

El sonido constante del lápiz contra el papel, el zumbido del aire y el murmullo lejano de los demás se mezclan en una cadencia tranquila. Llevo más de tres horas concentrada en los planos del bloque final del proyecto, con una taza de café ya frío al costado. Afuera, la luz de París entra por el ventanal como una caricia tibia, difusa, casi melancólica.

Me acomodo en la silla, vuelvo a revisar una proporción en la maqueta digital y, de pronto, alguien toca la puerta con suavidad.

-L'éminent architecte Jauregui... ("Estimada Arquitecta Jauregui", Dice mientras asoma la cabeza la chica de recepción, con una sonrisa algo intrigada) -Hay una entrega para usted (Levanto la vista, frunzo el ceño apenas)

LAUREN: ¿Una entrega? (repito, extrañada)

Ella se hace a un lado y aparece un joven con una caja blanca buen tamaño entre las manos, envuelta con un listón dorado y una pequeña tarjeta encima.

-Bonjour, Una entrega especial (dice él, con ese acento francés perfecto)

LAUREN: ¿De parte de quién? (Cuestiono, ya sintiendo una especie de tambor suave golpeándome el pecho. El chico revisa su aplicación, luego me mira sonriendo)

-Solo dice: "Entrega sorpresa. Disfrútela."

El recepcionista solo sonríe y se retira discretamente. El chico deja el paquete sobre mi escritorio. Le agradezco, y antes de irse me pide una foto como constancia de entrega.

LAUREN: Claro (digo, Curvando mis labios apenas con curiosidad. Poso con la caja entre mis brazos. Sonrío sin poder evitarlo)

Cuando se marchan, cierro la puerta y me quedo sola. La oficina se siente más grande, más silenciosa. Desato el listón. Dentro, hay una bandeja con croissants, un frasco pequeño de mermelada artesanal, café en un termo, una taza, algo de fruta y una hoja impresa cuidadosamente doblada.

La abro. El corazón me da un vuelco.

En el papel, hay una pequeña imagen de un mapa. Una línea roja une Miami con París, y debajo, en una letra clara e impresá, está escrito:

"La distancia es solo un número entre tú y yo.
Pero lo que siento por ti no cabe en ningún mapa."

Mis labios se curvan sin remedio. Siento cómo el aire se me atora un segundo, entre emoción y nostalgia.

LAUREN: Camila... (susurro, sola)

Toco la hoja con los dedos, como si de algún modo pudiera tocarla a ella. Agarro el celular. Marco. Su tono me parece eterno hasta que por fin contesta.

CAMILA: ¿Te llegó? (Cuestiona su voz, suave, luminosa)

LAUREN: Sí... justo ahora (respondo, riendo bajo) -¿Cómo hiciste eso?

CAMILA: No solo tú puedes hacer cosas bonitas (me dice con ese tono que mezcla orgullo y ternura) -Además, navegar un poco por internet ayudó, pero tú sabes... siempre presto atención a los detalles.

LAUREN: Ya veo (murmuro, mirando el mapa otra vez) -Siempre lo haces, ¿eh?

CAMILA: Siempre contigo, Lauren (responde. Y puedo escuchar su risa, esa risa tierna que siempre me desarma, incluso desde otro continente)

LAUREN: Gracias, amor (digo despacio) -Me hiciste el día.

CAMILA: Esa era la idea (susurra) -Te amo.

LAUREN: Y yo a ti (contesto, con la voz un poco más baja)

Hay un silencio dulce, largo, de esos que no incomodan, que solo se llenan con respiraciones y pensamientos.

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