CAPITULO 101

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CAMILA

"Hoy firmamos el contrato más ambicioso del trimestre. Debería sentirme invencible."

Eso pensé mientras miraba mi reflejo en el espejo del baño privado del bufete. Maquillaje impecable, cabello perfectamente domado, traje entallado, joyas discretas pero caras al fin. Todo en mí gritaba poder, pero dentro, todo estaba en silencio.

Lauren me dijo anoche, por videollamada, que se quedaría mas de un mes completo en Francia. Un mes sin verla. Sin tocarla. Sin olerla. Sin su voz bajita susurrándome 'mi amor' cuando llego tarde.

No lo dije, pero me dolió.

No porque la culpe. Sé que ama su trabajo. Y sé que lo hace por nosotras, por ese futuro que construimos desde el corazón, desde cero. Pero aun así, hay algo... algo que no puedo controlar. Una punzada que se clava cada vez que la distancia se vuelve rutina.

🕰️

El murmullo de voces se apagó en cuanto cerré la carpeta con el último reporte. La sala de juntas quedó en un silencio cómodo, expectante. Crucé las piernas con calma, recargándome un poco contra el respaldo de la silla, y permití que mis ojos recorrieran a cada uno de los socios presentes. Todos parecían más aliviados que yo.

CAMILA: Los resultados del trimestre hablan por sí solos (digo, con esa seguridad que ya me sale natural después de unos años en este mundo) -Con este proyecto crecimos un 18% en clientes corporativos y logramos mantener la tasa de resolución de casos en un 93%. Eso no es casual (Digo satisfactoriamente)

Un murmullo de aprobación recorrió la mesa, algunos intercambiaron miradas satisfechas, otros asintieron como si hubieran esperado escuchar justo esas palabras después de mucho tiempo.

CAMILA: Lo logramos porque trabajamos en equipo, porque confiamos en el talento que tenemos aquí (continuo, dejando mi pluma sobre la mesa con un gesto deliberadamente suave) -Y porque nos tomamos en serio lo que hacemos: dar respuestas rápidas, inteligentes y efectivas (Alguien al fondo soltó un "así es", y yo simplemente sonreí, discreta, sin necesidad de celebrar en exceso. Había aprendido que la autoridad no necesita gritar, basta con sostener la mirada y hablar con certeza)

Cuando levanté la sesión, lo hice con la misma naturalidad con la que había comenzado.

CAMILA: Gracias a todos. Disfruten la tarde, se la han ganado.

Salí de la sala de juntas con esa sensación de control absoluto que tanto me gustaba. No era soberbia, era seguridad. Caminé por el pasillo alfombrado mientras soltaba el cabello, que hasta entonces había mantenido recogido en un moño prolijo, y me permití un respiro.

Mi asistente me siguió con la vista, seguramente esperando instrucciones.

CAMILA: Voy a salir en un momento (le digo con un gesto amable) -Reviso los correos desde casa (Ella asintió, casi aliviada de que mi día en la oficina terminara ahí)

Minutos después estaba en el estacionamiento, el eco de mis tacones rebotando contra el concreto. La camioneta negra de Lauren me esperaba en el mismo lugar de siempre, brillante, imponente. La había conducido tantas veces en estos meses que ya sentía que era tan mía como de ella. Me subí con un gesto natural, dejando mi portafolio en el asiento del copiloto, y me quité los tacones en cuanto cerré la puerta.

Encendí el motor y el rugido suave llenó el habitáculo. Me ajusté el cinturón con calma, mirando un segundo mi propio reflejo en el retrovisor. Viendo ahí a una chica castaña, joven, abogada, con más de lo que alguna vez pensé que tendría a esta edad. Sí me considero inteligente y con ello atractiva, con un cuerpo que más de un hombre había deseado y que más de uno me había dicho que era perfecto solo para conseguir mi atención. Ninguno tuvo suerte. Pero lo mío no era la vanidad: lo mío era saber que tenía cerebro, que tenía carácter, que podía sostenerme sola en cualquier lugar, incluso en la sala de juntas y fuera de ella.

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