CAPITULO 122

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CAMILA

La terraza es un sueño tibio frente al mar. El restaurante tiene ese aire abierto que deja pasar la brisa salada, las lámparas colgantes doran la tarde y los sofás de cuero oscuro se hunden delicioso cuando te sientas. Todo huele a cítricos, mariscos y perfume caro. Me acomodo cruzando las piernas con elegancia natural, no la practico, simplemente me sale, y dejo mi bolso sobre la mesa baja de madera. Llevo un conjunto ligero color marfil que se mueve con el viento, sandalias finas y mis joyas de siempre: pequeñas, discretas, pero imposibles de ignorar si sabes mirar. No necesito presumir nada; lo que soy se nota solo.

Frente a mí están ellas.

Dinah recostada como si el sofá fuera suyo. Diana girando su copa mientras observa a todos con esa mirada analítica que no se le apaga nunca. Mariana inclinada hacia adelante, emocionada, porque cuando Max no está se vuelve cien por ciento chisme. Y Thamara... preciosa incluso cansada, con ese brillo de mujer que trabaja demasiado, ama demasiado y aun así llega impecable. Se merece esta tarde más que cualquiera.

Acepté venir porque Lauren, después de decir tres veces que no iba a esa despedida de soltero, terminó yendo igual cuando Max pasó por ella en su coche. Así que hicimos un trato silencioso de esos que las dos entendemos sin firmar nada: cada quien llega a casa por su cuenta, pero las dos regresamos a dormir juntas. Y aquí estoy.

MARIANA: A ver (dice de pronto, agarrándome la mano sin permiso) -Necesito saber dónde te hiciste las uñas.

Sonrío apenas. Sabía que llegaría ese momento.

Extiendo la mano con calma, dejando que la luz natural resbale sobre el esmalte. Es un tono rosa lechoso, casi translúcido, con un brillo limpio que parece vidrio pulido.

CAMILA: No es el lugar (respondo suave) -Es la técnica.

Dinah se inclina como si examinara una obra de museo.

DINAH: Claro que es el lugar, Camila. Eso no es esmalte... eso es presupuesto anual.

Todas ríen.

Thamara toma mi otra mano y la gira con cuidado, como si temiera romperme.

THAMARA: Esto es lo que yo llamo uñas que pagan impuestos.

CAMILA: Bueno, solo es, Gel constructor (explico) - Base fortalecida, capa fina, limado en almendra corta. Elegante, práctico... y no compite con los anillos.

Diana alza una ceja.

DIANA: Eso sonó a tutorial de realeza.

MARIANA: Es que ella es la aristócrata del grupo (dice mientras sostiene mi mano) -No es que las demás seamos pobres... es que Camila es cara.

No lo dice con envidia. Lo dice con cariño. Y esa es la diferencia.

Tomo un sorbo de mi bebida, agua mineral con limón y menta, mientras el viento mueve un mechón de mi cabello perfectamente peinado.

CAMILA: Ser fina no es gastar mucho (digo) -Es saber elegir.

Silencio de aprobación.

A lo lejos las olas rompen contra la orilla con un ritmo constante, como si marcaran el compás de la tarde. Un mesero deja en la mesa una tabla de mariscos y pequeños platos; todo se ve exquisito. Thamara suspira apenas, relajándose por primera vez desde que llegó.

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