CAPITULO 96

477 35 16
                                        

LAUREN

París, Agencia de arquitectura
9:56 a.m.

Las voces llenan la sala de juntas con esa cadencia suave de la mañana parisina, algunos ríen bajito, otros revisan papeles, otros simplemente teclean como si el teclado hablara por ellos, estando sentada al final de la mesa, del lado izquierdo con un lápiz entre los dedos, girándolo con distraída precisión. No para pensar. Solo para no parecer que estoy esperando.

Elaine llega sin prisa, con ese andar impecable que parece que siempre la hace flotar. Su abrigo beige está colgado en su brazo, y su blusa blanca tiene ese pliegue perfecto que no logro descifrar cómo consigue mantener al final del día. Se sienta a mi lado, No hay anuncio previo. Solo el leve crujir de su silla al acomodarse y su voz, una nota baja entre el murmullo general.

ELAINE: ¿Dormiste algo anoche, arquitecta de los planos infinitos? (Cuestiona, Levanto la mirada)

LAUREN: Lo justo para no parecer un cadáver. Pero no para dejar de tener esta cara. (Elaine suelta una risa baja, genuina, No exagera, Nunca exagera, Me mira de reojo mientras saca su cuaderno y un bolígrafo con tapa plateada)

ELAINE: Deberías escribir un libro. O al menos abrir un blog. "Pensamientos nocturnos desde el escritorio de un alma leal en París" (Ruedo los ojos, pero no puedo evitar reír también)

LAUREN: Sería demasiado largo, y demasiado honesto (Digo)

ELAINE: Exacto por eso lo leería (Responde)

El lápiz gira otra vez en mis manos. No sé si me relaja o si es un tic nervioso que adquirí por accidente. Elaine no dice nada más por un momento, pero su presencia se siente cómoda, Familiar, No hay tensión, Solo esa cercanía sin nombre que flota entre nosotras desde hace semanas. Ella hojea su cuaderno como si buscara algo importante, pero me habla sin mirarme.

ELAINE: ¿Te diste cuenta que la fachada del proyecto tiene algo del estilo de Marsella, ¿no? Pero con tu sello, claro (La observo. Ella siempre tiene ese ojo analítico, no solo legal, sino también estético, Me tomo un segundo. Asiento, sonrío, apenas)

LAUREN: Puede ser (Digo) -Supongo que uno nunca se libra de lo que lleva dentro. Las ciudades que nos marcan, se filtran en lo que hacemos, aunque no lo sepamos (Hablo, Elaine sostiene mi mirada un instante. Sus ojos cafés claro parecen estudiar más de lo que digo, como si intentara leer entre líneas, asiente, como si supiera exactamente a qué me refiero. Después baja la vista a sus notas, pero la sonrisa leve no se borra)

ELAINE: Me gusta esa idea. Que las ciudades nos hablen, Pero, ¿Y Miami? ¿Se siente lejos ya? (Cuestiona) -Aunque... sospecho que sigue hablándote fuerte (La pregunta no es punzante. No busca hurgar. Solo existe. Pero aun así, me enderezo un poco antes de responder)

LAUREN: Todos los días. No hay manera de callarla, No podría (La observo) -La llevo encima en cada decisión que tomo acá (Elaine no replica, solo me observa un segundo, con esa mirada suya que no invade, pero deja huella y justo cuando la conversación empieza a flotar demasiado cerca, las puertas se abren, Bastián entra, Al instante, los murmullos disminuyen. Las miradas se acomodan hacia el frente. Elaine cierra su cuaderno. Yo dejo el lápiz sobre la mesa)

BASTIÁN: Buenos días, equipo. Vamos a comenzar.

Elaine endereza la espalda, cruzando las piernas con elegancia bajo la mesa. Yo me acomodo en la silla, lista para la jornada, pero en mi pecho, el eco de esa pequeña conversación sigue latiendo, como una nota de piano que nadie más escuchó, pero que yo llevo clavada bajo la piel. Miami. Camila.

Veo a Elaine de reojo, Nos llevamos bien. Eso está claro. Y si alguna vez eso se vuelve un problema, No será hoy. Hoy, solo somos dos mujeres inteligentes, sentadas una al lado de la otra. Haciendo lo que mejor sabemos hacer: Construir. Aunque sea sobre silencios.

NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS Donde viven las historias. Descúbrelo ahora