CAMILA |FRANCIA
Jueves.
El sonido de la lluvia contra la ventana se ha vuelto parte del ambiente del cuarto. No es molesta; más bien tiene un ritmo relajante, como si el cielo estuviera marcando el compás de la tarde. Estoy recostada sobre la cama, cubierta hasta el pecho con la cobija, mirando una película doblada al francés con subtítulos que apenas sigo. La mesita de noche tiene mis pastillas y una botella de agua a medio tomar.
No me siento mal, solo un poco lenta, todavía con el cuerpo recordando el resfriado. Lauren insistió en que no saliera hoy, y al final le hice caso. Dijo que pasaría por algo para cenar de regreso del trabajo.
Escucho la puerta abrirse.
LAUREN: ¿Amor? (su voz llena la habitación con esa mezcla de firmeza y ternura que le sale natural)
CAMILA: Aquí estoy (respondo desde la cama, asomando apenas la cabeza entre las cobijas)
Ella entra, con el cabello ligeramente húmedo por la llovizna y una bolsa de papel grande entre las manos. Tiene el saco del trabajo desabrochado y un brillo cansado en los ojos, pero en cuanto me ve, sonríe.
LAUREN: Te traje cena (dice, dejando las bolsas sobre la mesa baja frente a la cama) -Hamburguesas, papas y malteadas. No sé si algún doctor las recomendaría en plena gripe, pero... (se encoge de hombros) -Creo que hoy te harán más bien que cualquier sopa.
Suelto una risa suave.
CAMILA: Ningún doctor necesita saber que hicimos eso.
Lauren se sienta al borde de la cama y empieza a sacar todo: las cajas, las servilletas, los refrescos. El olor a pan y carne caliente llena la habitación en segundos.
LAUREN: Te ves mejor (dice, mientras me acomoda las almohadas detrás de la espalda)
CAMILA: Estoy mejor. Las pastillas están funcionando, pero todavía siento un poco la garganta.
Ella asiente, abriendo una de las cajas y pasándomela.
LAUREN: Entonces come despacio, y luego te tomas otra dosis.
CAMILA: Sí, mamá (bromeo, y Lauren sonríe, negando con la cabeza)
Nos acomodamos las dos bajo las cobijas, la película sigue de fondo, y empezamos a comer. Hay algo reconfortante en el sonido de las papas crujientes, en el calor que se mezcla con el olor de la lluvia. Afuera el mundo está gris, pero aquí dentro se siente tibio.
Lauren come con gusto, con ese apetito sencillo de quien ha tenido un día largo. De vez en cuando me mira y me limpia con la servilleta una mancha de salsa en el labio, o me pasa la lata de refresco cuando la dejo lejos.
CAMILA: Esto es perfecto (digo con la boca medio llena) -¿Quién necesita restaurantes caros teniendo esto?
LAUREN: Yo no (responde, riendo bajo) -Prefiero verte así: despeinada, en pijama, comiendo en la cama y mirándome como si fuera alguien con superpoderes por traer comida rápida.
CAMILA: Lo eres (contesto, mirándola con media sonrisa)
El silencio que sigue es cómodo. Solo la película, la lluvia y el sonido del papel al moverse cuando buscamos la última papa.
LAUREN: ¿Sabes? (dice, apoyándose contra el respaldo) -A veces pienso que estos planes son los mejores. Sin mesas elegantes, sin gente alrededor, solo tú, yo y algo que sepa bien.
CAMILA: Estoy de acuerdo (respondo, acomodándome más cerca de ella) -Si cada jueves lluvioso fuera así, me enfermaría más seguido.
LAUREN: No digas eso (replica, riendo) -Ya tuviste suficiente.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Short StoryDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
