CAMILA
No sé en qué momento la casa se queda en silencio. Los días, por fin, terminaron.
Hoy hay relojes. Pero para el colmo no hay luz eléctrica. Solo ese resplandor tibio que parece venir de ninguna parte.
Estoy en la cocina cuando la puerta se abre.
Me asomo desde la barra.
Y es ella.
Lauren.
No como la recuerdo en Francia, ni como la dejé en el aeropuerto. No.
Esta Lauren es otra cosa. Más peligrosa. Más cercana. Más imposible.
Tiene puesta una camisa de cuadros rojo y negro, ajustada en los brazos, abierta apenas lo suficiente para insinuar piel. Jeans de mezclilla oscuros, botas militares firmes contra el suelo. El cabello negro suelto, cayéndole sobre los hombros como si acabara de llegar de algún lugar donde no debía estar.
Mi corazón se acelera.
CAMILA: Lauren... (digo, sorprendida, casi sin aire)
Al verla y la escucho dejar caer su maleta, ese sonido es un alivio.
Se acerca con pasos lentos, seguros, mientras limpio mis manos en la jerga.
CAMILA: Déjame llamar a tu madre, Se acaba de ir, no sabía que...
Ella no me deja terminar. Porque ya está frente a mí, me toma la muñeca con firmeza, sin lastimar, pero sin permitir escapatoria.
LAUREN: No (dice, con esa voz baja que siempre me desarma) -No vine para nadie más (Sus ojos verdes brillan con una intensidad que me atraviesa) -Solo quiero estar contigo.
El mundo se reduce a su cercanía. A su olor. A la forma en que inclina la cabeza antes de besarme.
Y me besa.
No es un beso suave. Es un beso que reclama. Que despierta algo que había estado dormido demasiado tiempo. Mis manos se aferran a su camisa sin pensar, como si temiera que desapareciera si la suelto.
CAMILA: Lauren... (murmuro contra su boca, ya sin argumentos)
Ella sonríe apenas, como si supiera exactamente lo que me está haciendo.
Me toma de la cintura y me guía hacia las escaleras. Cada escalón se siente eterno. Sus manos no se apartan. Mi espalda roza la pared. Su frente se apoya en la mía.
LAUREN: Te extrañé (susurra)
Y eso basta para que todo arda.
Subimos. No sé cómo. Solo ha sido su mano entrelazada con la mía, su cuerpo guiándome, su presencia llenando cada rincón de la casa como si siempre hubiera pertenecido aquí. Y es que lo es.
La puerta apenas se cierra detrás de mi cuando Lauren ya me tiene contra esta. Sin importarle el golpe sordo que hizo al aprisionarme.
Yo no puedo pensar. No cuando su cuerpo está apretado contra el de ella, caliente, fuerte, tan real después de tantas semanas viéndola solo a través de una pantalla.
CAMILA: Ni siquiera me dejaste decir hola (susurro con una sonrisa temblorosa, mientras ella me besa con hambre)
LAUREN: No me hace falta escucharlo. Solo quería sentirlo.
Y me besa con desesperación. No es un beso dulce. Es crudo, salvaje. De esos que nacen del vacío que deja una ausencia prolongada. Nuestras bocas chocan, se buscan, se devoran.
Lauren me alza por los muslos y yo me aferro a sus hombros como si fuera a romperme. Mis piernas la rodearon con naturalidad. El calor entre nosotras es insoportable.
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NUESTROS PERFECTOS DEFECTOS
Cerita PendekDicen que en la vida tenemos 3 amores, cada uno es diferente y dejará algún mensaje, El 1° que llega en la adolescencia, el que te enseña a querer, te llena de ilusiones y parece un guión de película. El 2° te enseña el dolor y te aferras a él aún q...
