Ángel, yo te querré para siempre. Es un hecho del que ninguno de los dos podemos escapar.
Acarició sus muslos con ternura, derritiéndose en aquella cremosidad del durazno en su piel; sumiendo en su boca en aquel manjar que era ofrecido exclusivamente para él, disfrutando de la cereza del pastel al escuchar los dulces ruegos saliendo de aquella boca quejumbrosa. Era dulce, exquisito, placentero; besarlo entero era un placer que nadie más poseía y podía sentir sus piernas apretando su cuello mientras le hacía perder el hilo de pensamientos coherentes.
Gimió, sin vergüenza y se aferró al cabello negro de su verdugo; perdiendo la razón a su vez que sus caderas rodaban en busca de más, su cuerpo se había descontrolado y ya no era más que dedos arrugados en la nuca de su acompañante y saliva goteando de la comisura de su propia boca. Sentía acariciar la frontera del delirio, olvidándose de la cordura mientras sus toques se volvían más perversos y lo derretían en aquella mesa en donde todo se desvanecía excepto dos cuerpos fogosos frotándose en una pasión desenfrenada y clandestina.
Bradlee amaba su sabor, aquella dulce esencia que perduraba en su memoria aún horas después de haberlo consumido hasta el cansancio. Y levantó la mirada, contemplando la barriguita del pequeño con dulzura, aquellos rollitos mientras él miraba hacia abajo y el río del placer acudía más rápido a sí mismo. Se derramó, desplomando su cabeza hacia atrás mientras sus caderas hacían el trabajo en su totalidad y Bradlee alcanzaba a beber el rastro de él.
Bradlee observó el vientre del pelirrojo, manchado con aquellas gotas del dulce néctar que había probado con anterioridad y lo lamió, provocando un escalofrío en el cuerpo tembloroso del muchacho. Los segundos pensamientos se vieron alejados mientras el propio pelirrojo lo acercaba más a él y cerraba sus labios contra los suyos, encerrándose en las nubes del placer mientras se besaban ahogados en el ritmo de arrobamiento.
El gris quedó fijo en su dorado, bailando con la mirada mientras seguían la mirada del otro sin ganas de dejarse vencer en lo absoluto, desnudando el alma para el otro y entonces guardaron silencio, escuchando los jadeos del otro y el corazón martillando contra su pecho. No dijeron nada, simplemente se miraron como si fuera la primera vez que se miraran el rostro, conociéndolo, examinándolo, siendo prisioneros al no poder apartar su mirada del otro; aquel instante fue eterno, como si estuviera destinado a ser atrapado en la retina de ambos por mucho tiempo.
Entonces, Dylan acarició los labios del contrario, encontrando su similitud a las rosas que había en el jardín que podía ver desde la ventana del estudio, tersos como aquellos pétalos que alguna vez regó; terminó por acariciarlos, atento al rostro calmado de Bradlee quien finalmente apartó su mirada de él en el momento que cerró los ojos para apreciar aquel contacto. Dylan golpeó con su pulgar con ternura su labio inferior, sonriendo al encontrarlo abultado y receptor a sus dedos; no se detuvo a esperar por otra cosa y entonces acercó su rostro al cuello del mayor, dejando reposar su cabeza en su clavícula mientras su dedo seguía palpando la suavidad de aquellos labios que tantas veces había besado en anterioridad.
La fragancia le sofocó, oprimiendo su cordura aún más y robándole placer. Observó a Bradlee, su nariz recta con aquella pequeña cicatriz como de una uña; las mejillas, que con la iluminación, marcaban sus poros y los vellitos dorados de su piel saltaban a la luz en donde no tenía aquel rastro de barba; un lunar cerca de su oreja, casi invisible a menos de estar apoyado en aquel lugar.
Abrazó el momento como una perla de mar porque por fin, tras mucho tiempo, sentía frescura y la sal del mar golpeando contra su rostro. Se sintió libre, en aquella habitación en Seattle donde la música grunge llenaba la habitación y lejos del Miami que rompía su corazón. Estaba en casa, en su pequeño refugio a cuarenta kilómetros de la ciudad, lejos de la zona metropolitana, cerca de aquel que le miraba fervientemente.
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Hola, ángel.
Romance"Ángel, ¿acaso sabes cómo me rompo mientras caes dormido pensando en aquel que nunca volverá?"
