Ángel, te ves tan lindo sonriendo para mí.
La rutina en unos cuantos días había sido básicamente la misma. Rutina véase por Dylan tomando el desayuno, comida y cena en el cuarto de Brad porque decía que ciertamente el gran comedor no le apetecía para comerse un simple sandwich, unos hotcakes o una paella. También véase como rutina el hecho de que Dylan solo se duchaba en la ducha de Bradlee, no soportaba ir a los baños lujosos y en cambio el de Bradlee era relativamente simple y lujoso pero no tan lujoso. Y por último, véase como rutina el dormir en la misma cama noche tras noche, acurrucados bajo la misma sábana y dormidos sobre la misma almohada en el mismo espacio de la cama que aunque era king size al parecer al pelirrojo no le cabía el concepto en realidad.
Por supuesto, en la rutina entra ir al aeropuerto cada día de 7 de la mañana a las 5 de la tarde como también de 6 a 9 de la noche.
Dylan estaba feliz de poder ir, tenía la esperanza inútil de poder ver a aquella persona aunque muy en su interior sabía que sería imposible porque esa persona posiblemente estaba muerta o en Cuba. Era imposible que regresara pero ciertamente no perdía las esperanzas.
Su rostro lo recordaba con dificultad pero su voz estaba grabada a base de fuego; el sonido irlandés de sus labios al hablar, el modo en el que su lengua deslizaba el aire a través de los dientes y su voz salía ronca, con un suave ronroneo al principio.
Dylan estuvo feliz durante dos semanas hasta que un día Bradlee llegó a casa con una mueca de frustración y una abolladura en uno de sus coches, tal vez había chocado. Pero no dijo nada, no tenía algo que decir.
Cuando Bradlee estaba de buen humor al regresar, le dedicaba una sonrisa, lo tomaba de la cintura y le besaba la cabeza pero esa vez no lo hizo y había sido la primera vez que no lo hacía, se sintió tan raro que no pudo evitar aquel malestar de incomodidad. Dylan no sabía qué había hecho mal, no sabía si había hecho algo malo o tal vez estaba teniendo problemas a causa suya, ¿tendría problemas por los veinte mil dólares?
Su temor aumentó cuando Bradlee en vez de ir a la cama, fue a la habitación del armario y empezó a meter ropa al azar en una maleta.
No.
No quería quedarse solo.
No en aquella cama tan grande.
No estaba hecha para una persona.
El pelirrojo se internó en la habitación, temiendo que Bradlee lo dejara solito en una cama tan grande e iba a pedirle que fuera a la cama cuando lo vio tomando ropa del lugar donde había escondido las bragas y el rostro se le puso más pálido que la crema de las galletas oreo.
"Ángel, ve a dormir."
Dylan negó, solía dormir con una camisa larga que le había pedido a Brad y unos calzoncillos con estampados de donitas pero de alguna manera se sintió fuera de lugar al ver que lo único que empacaba Bradlee eran cosas de lujo.
"Brad, ¿por qué haces maletas?" preguntó el pequeño, apoyándose en una repisa llena de corbatas diferentes y de todas las texturas posibles.
Bradlee llevó sus manos a su cabello, pasando el dedo pulgar en sus sienes para tratar de aminorar el dolor de cabeza que traía encima.
"Tengo que regresar a Washington pero no pensé que tenía que hacerlo tan pronto, no he tenido tiempo para cerrar todos los contratos pendientes porque por alguna razón la mayoría de los viejos toman vacaciones y tengo que esperar a que esos viejos regresen de sus descansos, sin embargo tengo que ir yo, por un error del equipo a solucionar otra cosa que no me concierne y mi estancia en Seattle se suspende hasta nuevo aviso. Además me han dicho que ya tuve suficiente tiempo para visitar hasta a la reina de Inglaterra cuando solo visité a mi familia una vez y eso es una vil mierda, niño" Soltó el mayor, bufando cuando no ubicó un suéter ligero para llevarse en el camino, Dylan se agachó para abrir un cajón y extenderle la prenda que parecía buscar. “Además tengo algo que arreglar y no quiero que me quite el sueño.”
"¿Tienes que irte hoy?" Bradlee lo miró, asintiendo con molestia. Después, chasqueó los dedos al recordar algo y se acercó hacia él, tomándolo de la cintura y besando su frente en vez de su cabeza. Se separó para después tomar unos lentes obscuros y guardarlos en un estuche dentro de su maleta. "¿Voy a dormir solito?"
Ese jodido tono de voz. Joder, no me hagas eso, no puedo si tú lo haces.
"Estarás bien, ángel" Terminó diciendo.
Dylan apretó los labios, acercándose a una zona del armario y extendiéndole un abrigo que lucía más calientito. Bradlee lo recibió con una pequeña sonrisa, musitando un agradecimiento.
"Me gusta dormir contigo" murmuró. Bradlee se sintió morir con aquello.
"A mí también" Le respondió con sencillez. "Come bien, nada de chatarras entre comidas, no andes descalzo por la casa y dile a las chicas si se te ofrece algo, ¿vale?" Dylan asintió como robot. "Bien, debería irme porque es tarde y tengo que agarrar el último vuelo del día, nos vemos, ángel."
Dylan quiso jalar de la camisa al hombre mayor pero no se vio capaz de hacerlo. Bradlee notó el movimiento extraño que resultó de no poder jalarlo de la camisa por lo que se acercó nuevamente, abrazándolo con cariño.
"No me mires como si no me fueras a ver otra vez, ángel. Regresaré pronto, lo prometo."
No le iban muy bien las promesas, en lo particular las de regreso a casa.
Lo peor de las promesas es que no llevan compromiso alguno y los idiotas creen en mentiras disfrazadas que sólo serán mentiras porque las mentiras siempre serán eso, mentiras.
"Te esperaré, Brad. Lo prometo."
Pero algunas son sinceras.
Especialmente aquellas hechas por los pobres tontos que habían sido engañados con una promesa vacía.
Una consagración sincera de una promesa resultó en algo tan sencillo para cualquier persona pero tan impactante para aquellas dos almas en aquella habitación, un beso aterciopelado en la mejilla del mayor a quien lo dejó con cara de idiota por un minuto exacto hasta que reaccionó y tomó la maleta, yéndose por la puerta hasta desaparecer por los pasillos de aquella casa gigante.
Tal vez era hora de dormir solo pero agradecería un peluche en sustitución de Brad. Pedía poca cosa. Pedir mucho era una sola promesa cumplida en su vida cosa que no pasaría.
Ángel, tus labios son suaves y húmedos. Y eres tan pequeño que realmente no quiero irme después de dormir a tu lado durante tantos días.
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Hola, ángel.
عاطفيّة"Ángel, ¿acaso sabes cómo me rompo mientras caes dormido pensando en aquel que nunca volverá?"
