Ángel, quiero verte.
Bradlee salió de la habitación a toda prisa, bajando por las escaleras para tratar de buscar al chiquillo cuando de repente se topó a Claire, subiendo las otras escaleras y supo exactamente donde estaba su niño pelirrojo.
Subió nuevamente las escaleras, yendo directo hacia las habitaciones de las criadas, logrando apenas ver la cola de caballo de Claire al cerrar una puerta y se apresuró a llegar a la habitación.
Giró el picaporte pero entonces escuchó una conversación que lo dejó sin habla.
“Tal vez debería irme de aquí.”
Sintió escalofríos al escuchar esas palabras y pronto abrió la puerta, las criadas que estaban alrededor del muchacho se sobresaltaron, mirando con miedo al hombre mayor. Los ojos grises y llorosos del niño pelirrojo fue lo primero que le llamó la atención, sintiendo inmediatamente aquel deseo de protegerlo para siempre.
No llores, ángel.
Se apresuró a entrar en la habitación, corriendo a las criadas de su camino hasta alcanzar al muchacho de ojos grises asustados, lo atrapó en sus brazos, estrechándolo mientras lo escuchaba sollozar en su hombro.
“¿Qué pasó, ángel?” susurró, acariciándolo con sus manos una y otra vez para tratar de calmarlo. Acunó su rostro, pegando su frente contra la suya y mirándolo directamente a los ojos, tratando de decirle con la mirada que todo iba a estar bien aunque no supiera ni en lo más mínimo porque estaba llorando el niño. Esperaba que no fuera por su culpa porque no podría enfrentarlo; herirlo no estaba dentro de lo que podía soportar.
Dylan se quedó helado. ¿Qué se suponía que debería hacer? Tenía más ganas de llorar por solo pensarlo y es que Bradlee era realmente amable, contrario a sus ataques de pánico, él era un buen ser humano y no merecía una carga de mierda en sus espaldas; si se quedaba, ocasionaría problemas. Y después, ¿qué pasaría? Nada bueno, seguramente; se había acostumbrado a perecer en los callejones, a vivir en los albergues, a estar en un aeropuerto sin la ilusión de algo que le diera gasolina a todas las aspiraciones y esperanzas muertas y sepultadas bajo capas de polvo.
Decidió colocar las manos sobre su pecho percibiendo los fuertes latidos del hombre en las palmas de sus manos y se sintió fascinado por la sensación por lo que se apoyó sobre su pecho, logrando tranquilizarse con los latidos fuertes de su corazón, aquel abrigo que traía encima era muy calientito y se sentía tan bien que no quería apartarse de ahí. No quería decir nada, sólo quería quedarse ahí mientras su pánico se dispersaba.
“Dime que ha pasado, pequeño” Le dijo, acariciando las hebras de cabello rojizo; se sorprendió por lo delgada que era cada hebra de cabello. El pelirrojo negó, estrechando entre sus brazos el cuello del abrigo de Bradlee. “No llores, ¿vale?” Dylan asintió. Limpiándose las lágrimas con una mano, la verdad es que estaba muy avergonzado por exponer el llanto pero era un humano y ser hombre no le quitaba la condición de poder llorar, al menos eso se suponía, ¿por qué Bradlee era amable con alguien tan equis en su vida? “¿Quieres ir a la cama, bebé?
“No a esa cama” dijo sin poder detener aquellas palabras, se sorprendió a sí mismo por aquello que acababa de decir, no tenía ni el derecho de decirlo, quería ir y matarse por lo idiota que se había sentido por su ruego estúpido el cual no tenía ni el derecho de pedir. “¿Puedo dormir contigo?” Y se odió más por eso, por lo lamentable y desolado que había sonado, aquel humillante tono que odiaba.
Su soledad se clavaba en su mente a cada segundo, como los clavos de su propia cruz.
“Vale, todo lo que quieras, vamos a dormir” Le aseguró, parecía importarle poco sus demandas irracionales, lo besó en la frente para volverlo a cargar en brazos. Dylan volvió a percibir el aloe libre de aquellos perfumes tan extravagantes. “No llores, rojito.”
El pelirrojo asintió, envolviendo sus brazos alrededor de su cuello y se dejó llevar por las caricias que el mayor le ofrecía en su espalda. Bradlee vio a Claire fijamente, prometiéndole con la mirada que pronto enfrentaría un interrogatorio y la mujer suspiró, reaccionando apenas para ir a cambiar de inmediato las sábanas de la habitación a modo de dejarlo listo.
“Ángel, ¿quieres contarme qué pasó?” Ni jodiendo. La respuesta llegó en forma de negación. “Está bien, ¿ya viste la casa?” Volvió a negar y casi por inercia, decidió cubrirlos con una mano para sostenerse del cuerpo del pelinegro y ocultarse en su pecho.
Claire volvió, corriendo, señalándole la habitación a su señor con la mirada baja, tampoco quería verlo. Se sentía muy extraña.
“Claire, comunícale a Aaron que la reunión de mañana la atenga él, que quiero resultados acerca de su persona. No regresaré a Miami en una semana, así que él debe encargarse de lo que pase por el asunto con el Director de Finanzas, ¿entendido?” La mujer asintió, anotando con velocidad la petición dentro de su mente. Miami. Dylan se vio esperanzado al escuchar que Bradlee decía algo de Miami, vale, ¿qué tan buena suerte debía reunir para que él lo llevara allá? “También comunícale que no quiero ni un solo fallo, cualquier duda al buzón de voz o directamente a Penny, ella sabrá exactamente que hacer, me voy a tomar un poco de mis vacaciones acumuladas por primera vez así que no quiero interrupciones a menos que sean de carácter urgente.” Claire asintió, retirándose para ir a hacer llamadas de inmediato.
Vale, Miami. Le iba a rezar a todos los dioses por una oportunidad para ir a Miami con Bradlee, ¿tendría la oportunidad de hacerlo? Bueno, vale, se estaba precipitando pero tenía que ir o terminaría destripado en el Río Bravo, sería confundido por un mexicano y nadie reclamaría sus restos, de por sí nadie lo haría pero quería ilusionarse con que sí.
Bradlee llevó al niño de vuelta a la habitación, siendo observado por veinte pares de ojos de las mucamas hasta que se internó en aquella habitación, depositando al chiquillo en su cama.
Dylan dejó de vagar en su mente sobre cómo ir a Miami, ¿tendría que coquetear? Era pésimo haciéndolo. Y no era nada sexy, así que dudaba ser eficiente.
“Espera, Brad...” Lo jaló de la camisa, reaccionando al sentirse en las delgadas sábanas. “Íbamos a salir, ¿no?” El mayor asintió, sentándose a su lado, sin saber cómo tomarse aquello.
“Ya no, pequeño, ¿quieres hacer algo?” Estaba jodidamente feliz, al menos el ángel quería pasar un rato con él, era malo porque lo ilusionaba pero a esas alturas, poco le importaba. Estaba curioso por lo que observó fijamente a Dylan, quien parecía pensarse la respuesta hasta que después de unos segundos, asintió. “¿Qué quieres hacer?”
“Quiero jugar cartas contigo.”
Luchó muy fuerte para no reírse.
Dylan quiso tirarse de la ventana nuevamente.
Ángel, eres muy raro.
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N/A: ESTO ES RARÍSIMO. Porque tengo a dos de mis bebés con el nombre de Aaron y no lo siento tan bonito tener tres washos con el nombre jsjsjsjs pero no me había dado cuenta que aquí también había un Aaron, sorry. Me planteé cambiar el nombre pero fue re bueno equis porque este Aaron no es un bebé, es un diablillo.
Voy a subir los capítulos que no tienen una graaaaan modificación. Amor para uds.
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Hola, ángel.
Romance"Ángel, ¿acaso sabes cómo me rompo mientras caes dormido pensando en aquel que nunca volverá?"
