Cuadragésima tercera pluma.

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Ángel, puedo notar el arrepentimiento en tu mirada.

Miami y el martirio, Miami y sus playas, Miami y la felicidad que no compaginaba con la de Bradlee, Miami y el comienzo de Dylan en su búsqueda.

Bradlee trató de tomar la mano del ángel en un reflejo cuando estaban en las calles conglomeradas de aquella ciudad pero el muchacho no le dejó, retiró su mano mientras señalaba una botarga de una tienda local. Quiso morirse en aquel preciso momento porque en cada respiración, el ángel se alejaba más y más.

Ya no podía tocar al hombre que no le pertenecía y si bien, Ann le había dicho que debía alejarse de él y de todo lo que significaba puesto que no era suyo, él había ignorado todo ello y se había tratado de escudar con que nunca podría encontrar a aquel por quien lloraba. Estaba con los nervios en punta porque la mirada de él era tan curiosa y en todos lados esperaba encontrar a su amado, ¿era horrible si deseaba que estuviera muerto? Estaba seguro que lo hacía una terrible persona, al menos ante los ojos de Dios pero, ¿qué podía decir él de moralidad cuando se la había pasado por el culo desde los quince años? Oh, el ángel era tan cruel, un castigo y una maldición por el constante recordatorio de que lo único que quería no lo podía obtener porque no le pertenecía y era de Brent por una dependencia enferma pero, nuevamente, ¿qué podía decir él de una dependencia enferma si él estaba mucho peor? El dolor se habia vuelto tan agudo en cada momento que compartía con el pelirrojo y el tiempo se había vuelto jodidamente lento.

Ya no podía hacerlo.

Sacó un cigarro de su bolsillo y lo prendió sin mirar al niño que habia dejado de prestarle atención, era un cero a la izquierda desde hace doce horas y era hora de enfrentarlo. Aspiró el humo, deteniéndolo en la boca por unos segundos hasta soltarlo cuando logró sentir la calma que le proporcionaba el cigarro porque no recibía clemencia del sujeto justo a su lado.

Estaba destrozándose por su propia estupidez.

Con razón Ann se había enojado tanto al decirle que iba a llevarlo a Miami, tal vez debería hacerle mas caso a aquella chica y dejar de seguir su estúpido hipotálamo porque no lo estaba llevando a ningún lado y solo se sentía como un títere en las manos de un nene de cinco años, tan manipulado, tan dejado de lado y le hartaba porque aquella frustración se traducía en una herida abierta que no conseguía curarse y mucho menos con la mirada de cachorro de él.

Sintió desdicha de sí mismo.

“Brad” Oh. Le había dirigido la palabra, volteó a verlo con ilusión. “¿Crees que encontraré a Brent?” Y la ilusión se partió en partículas subatómicas. Asintió, con hipocresía, con enojo y con falsedad, ya no podía hacer eso. Oh, Jesús, ¿en qué se había metido? Era tan dependiente de esos ojos grises hermosos y ni siquiera era suyo, no podía tenerlo porque solo era algo temporal y eso dolía tanto; lo necesitaba, mucho, demasiado, joder, lo quería.

Estaba tan enamorado de Dylan.

Lo estuvo acompañando a las estaciones de policía buscando por alguien en el sistema con el nombre de “Brent Saltzman” pero no había nadie y aunque la desilusión del ángel era tan inmensa, él se sentía en cada momento más lleno de esperanza. Que jodido, ¿era ese tipo de persona? Se negaba a serlo porque no era sano, era tóxico y era horrible para el sujeto de quién estaba colgado pero no podía evitarlo, en aquel momento recibía cada cosa con los brazos abiertos si eso significaba tener unos cinco segundos más con el chico de sus sueños, no le importaba tener que partirse más el corazón al verlo con los ojos a punto de llorar porque no se sentía completamente roto. Oh, Dios, era una horrible persona.

“¿Por qué no está Brent?” lanzó la pregunta al aire. Bradlee no supo responder. “Se supone que él venía acá para el polvo de ángeles y la heroína, en todo caso debieron haberlo tenido en la cárcel o algo así pero no está aquí y no sé dónde más podría estar...” Bradlee iba a decir algo feo como: morgue pero, no lo creía apropiado en aquel momento por lo que calló. “He ido a todas las estaciones de policía, he preguntado en sus moteles donde solía quedarse y nadie lo vio llegar ahí la última vez que vino y...” La voz se le cortó por el llanto que trataba de retener pero el tono cambió. “Posiblemente está muerto, en una zanja o en medio del mar porque no le veo otra explicación” Bueno, al menos no lo había dicho Bradlee.

Hola, ángel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora