Decimoséptima pluma.

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Ángel, buenas tardes.

Había sido un día muy pesado, cada vez se aburría más y más de su trabajo pero era mejor que dedicarse al negocio familiar. Al menos así, salía con la conciencia limpia y un buen salario con el sudor de su frente.

Además, había tenido que llevar a Ann a un restaurante como si hubiese sido su cumpleaños, nadie podía negar que la mujer era hermosa pero era aburrida y realmente no congeniaban tanto como parecían serlo en las fotos pero ella tenía un don particular que admiraba mucho: no trataba de esconder las cosas, desde el principio había sido honesta con él acerca de su interés. Por eso la escogió.

Cuando Bradlee llegó a casa, no se imaginó ver a las criadas sentaditas en las escaleras como si se hubiera muerto alguien o estuvieran en huelga.

"¿Qué ha pasado?" Las mujeres hicieron una mueca, algo indecisas de contestar a esa pregunta. "Vale, lo repetiré, ¿qué pasó?"

"El niño..." musitó Kim, la rubia no sabía a donde mirar ni que hacer con sus manos lo que provocó que la mirada de Bradlee se endureciera. El niño, ¿qué había pasado con él? Sabía que le provocaba miedo y no tenía motivo por el cual sorprenderse pero lograba afectarlo, algo de él enloquecía y se exaltaba por ser rechazado por aquel pedazo de cielo.

"Esta es la última vez que lo repito, ¿qué pasó?" Temía por el ángel, el bonito ángel tan maldito y bendito al mismo tiempo. Precioso, todo de él dictaba la palabra hermoso, podía asegurar que no podría cansarse de mirarlo ni un solo segundo. El mundo gris lleno de ángeles se coloreaba con un tinte de su sonrisa.

Las criadas se miraron mutuamente, compartiendo con la mirada pensamientos a los que Bradlee no podía saber a qué se debían.

"A un lado" ordenó, tallándose las sienes. Las mujeres obedecieron, parándose de las escaleras y colocándose a los extremos de los barandales.

El ángel rojito.

Él era fuego en la piel, un fatuo tan intenso que le había marcado; quería gritarle que saliera de su piel pero le gustaba ese ardor, le enloquecía y le hacía sentir por primera vez algo. Quería tenerlo en sus brazos y respirar el olor a manzanilla de su cabecita, sus hebras zanahorias tan delgadas; en cada rincón lo podía sentir. Y si le había pasado algo, enloquecería como un animal enjaulado y rabioso; se ahogaría con esa sensación y se asfixiaría. Necesitaba verlo.

Bradlee subió las escaleras con intranquilidad, pensando en qué había pasado realmente, cuando escuchó la voz de Claire en su cuarto y pronto supo qué pasaba realmente, o al menos se daba una idea de eso. Su preocupación disminuyó y fue en ese entonces cuando se percató que oía sus latidos muy desenfrenados.

"Claire, ¿qué dem-..."-Y entonces las serpentinas volaron en el aire al igual que el confeti de las manos de cierto pelirrojo, quien denotaba mucho entusiasmo por hacer aquella actividad. Bradlee se quedó eclipsado por la pequeña sonrisa del chiquito cuando volvió a soplar por aquellos labios rojitos una nueva ronda de confeti.

Bradlee poseía unos ojos impuros y sentía que era pecado mirarlo pero no podía despegar su vista de él, de aquel pequeño que lo atrapaba sin intentar algo en específico. Se vio confundido de repente y solo vio a la otra mitad de las criadas ahí mismo con muchos regalos en sus manos.

Sus miradas se conectaron.
Bradlee soltó el aire al verlo.

"¡Feliz cumpleaños!"

La burbuja se rompió y Bradlee inmediatamente hizo una mueca de molestia, era como la vigésima ocasión que les decía que a él no le gustaban las celebraciones de su cumpleaños, las detestaba porque realmente no había nada de bueno en hacer algo por un natalicio más.

Todo eso se dispersó cuando los ojitos grises se plasmaron en él, el dulce chico lo miraba fijamente; poco a poco, aquellas piernas entubadas por un pantalón negro avanzaron hacia él, en una cámara lenta tan tortuosa en donde Bradlee no lograba reaccionar y sacarse a sí mismo de aquella catatonia. Todo era acerca de él, de sus manos extendiéndose en su dirección, de aquellos ojos fundiéndose en los suyos en una parsimonia tan lenta que le hacía perder la razón, de aquel gallito que rebotaba en cada paso que él daba.

Y él se fundió con Bradlee.

Se vio sorprendido al sentir sus manos alrededor de su cintura, su calor justo a su lado y realmente no supo que hacer al respecto por lo que se limitó a mirar a los ojos de Claire, casi prometiéndole con la mirada que esto lo pagaría a creces pero no estaba tan seguro de que aquella mirada arrojara aquella intención o tal vez reflejaba la adoración que sentía por aquel pequeño entre sus brazos.

Las mujeres salieron de la habitación.

"Brad" musitó el muchacho, estrechándose a sí mismo entre los brazos del hombre más en un consuelo que en otra cosa. Bradlee, en cambio, estaba seguro de que si no fuera él, le hubiera roto la nariz con solo llamarlo así pero él no lo decía con mala intención por lo que lo dejó así. "¡Feliz cumpleaños!"

Vale, no estaba realmente orgulloso de estar cumpliendo 27 años y ampliando la diferencia de edad entre él y el pelirrojo de ojos bonitos, realmente no le gustaba el asunto de parecer un pedófilo pero si aquel niño lo felicitaba no era un problema porque lucía como alguien inocente, que no sabía realmente lo que estaba haciendo y por lo cual no podría saber porque a él le repudiaban las celebraciones por lo que lo dejó pasar y acarició su cabeza.

"Gracias."

Dylan asintió, quitándole el saco al hombre mayor sin que lo notara siquiera y lo dejó caer al piso para después desatar su corbata. Lo miró a los ojos, procurando seguir los consejos de Claire acerca de seducirlo con la mirada pero el hombre solo veía sus ojos como si hubiera algo más que simples ojos grises.

Sentía que desnudaba todos sus secretos, sus mentiras y sus miedos con aquella mirada. Y quemaba bajo sus retinas, dejando de sentir miedo por un momento y lo admiró por primera vez mientras deslizaba la corbata sobre su cuello.

Parpadeó lentamente, luego un poco más rápido y pronto se sintió expuesto al ángel de ojos grises, madre mía, era tan hermoso, no conocía a un ser más hermoso que el que estaba parado frente a él. Cada vez que el ángel batía sus pestañas como mariposa, un huracán de emociones arremetía contra Bradlee y lo dejaba lejos de su tranquilidad.

Bradlee colocó sus manos sobre las del pequeño, sintiendo el pequeño espasmo de éstas y notó con tristeza que aquel efecto sólo era para él, exclusivamente de él, el ángel no lo sentía.

"Feliz, feliz, feliz cumpleaños, Calamardo" canturreó en un susurro, esbozando una sonrisa con todo y ojitos de chinito. ¿Dónde había escuchado lo que había canturreado, Bob Esponja? Sonaba precioso.

Se paró de puntitas, dispuesto a presionar sus labios contra los suyos cuando el hombre colocó una mano en sus labios, tomándolo de la cintura para después agacharse a la altura de su oído y susurrar unas palabras.

"¿Qué dije esta mañana, ángel?"

Hubiera dado todo por aquel beso.

Ángel, ¿algún día dejarás de pensar que tienes una deuda conmigo?

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N/A: me fui a morir, bradlee es tan lindo y no sabe ni qué pedo pero es tan bello cjau díganle que cobre vida y me llene a mi de amor ;u; btw, el vatito no sabe ni que onda, es un bebé hermoso no le corten la pija :(

Me dio risa lo de "Calamardo" porque Bradlee es re así akdbaflajdk un Calamardo enamorado, ah que lindo el amor. *crying in soledad*

todo el amorrrr

Hola, ángel.Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora