Ángel, ¿por qué eres tan bello?
"Mi comida favorita es el pollo rostizado, pollo asado, pollo a la naranja, al horno, estofado de pollo, pollo empanizado-..."
La mujer le paró el carro.
"Vale, pollo."
Las mejillas de Dylan se colorearon de carmín.
"La verdad es que nunca los he probado pero imagino que saben deliciosos."
Claire entró en la habitación, justo a tiempo antes de que la chica que estaba con Dylan le pusiera una cara de lástima. La muchacha salió enseguida con su bloc de notas lleno de cosas que le gustaban a él, había sido algo extraño responder aquellas preguntas, especialmente cuando no sabía ni las respuestas.
"Hola, cielo" El pelirrojo sonrió amablemente a la mujer ante el saludo, se sentía como un intruso y aunque si bien no quería estar ahí anteriormente con un hombre desconocido, prefería estar con él que con otras mujeres que parecían su circo personal. Al menos el hombre no hablaba mucho y solo se le quedaba viendo.
A saber qué le miraba.
"Te traje un poco de ropa de la época rebelde de Bradlee, está un poco vieja pero creo que te quedará bien. Luego saldremos a comprar, cariño" Dylan se limitó a seguirla con la mirada mientras la mujer depositaba una caja ante sus pies desnudos.
Dylan asintió con la cabeza efusivamente, notando que en efecto, se sentía mucho más ilusionado de lo que debería pero probarse ropa relativamente nueva era un placer del que pocas veces se daba abasto. Y tenía ganas de que la mujer saliera para probarse esa ropa, en serio lo deseaba.
"Bueno, te dejo para que veas qué escoger y qué no"
Apenas Claire cerró la puerta, el muchacho se abalanzó a las cajas y tuvo que contener un momento de emoción por la ropa que aunque había sido llamada vieja, se conservaba en perfecto estado. ¿Cómo iba a negarse a una ropa? Mientras sacaba todo de la caja, se vio a si mismo agarrándole pinzas a la ropa porque estaba demasiado grande pero eso no importaba realmente al ser una tela tan suavecita y bonita.
Dylan tomó un bulto de ropa entre sus manos y la apretó contra su pecho al mismo tiempo que sepultaba sus fosas nasales para absorber el dulce olor a suavizante que emanaba. Olía tan bonito.
Y bueno, Dylan tenía una gran imaginación, de lo que se dice gran imaginación.
Se colocó unos pantalones de mezclilla bombachos y por un momento imaginó al dueño de éstos vistiéndolos y fue la imagen mental más rara en toda su existencia porque aquel sujeto gritaba rectitud por todos sus poros e imaginarlo así fue tan extraño como imaginar un mono pedaleando una bicicleta.
"Soy Bradlee, soy un millonario, me da igual gastar mi dinero en tonterías, nunca desayuno en las mañanas ñañaña" Trató de imitar su habla pero falló en el intento al empezarse a reír. "¿Qué me pasa?"
Dylan se quedó contemplando el espejo que se erguía frente a él.
"¿Qué me vio?" Y es que en todas partes que rebuscaba, no lograba encontrar un atributo que le hiciera inconfundible o algo atractivo. Tal vez Bradlee sólo era un espécimen raro, de esos que no se le entiende el motivo de nada.
Su cabello color zanahoria era normal, lo mismo que se podría esperar de otros pelirrojos, no tenía gracia y estaba mal cortado. Su nariz no era recta, tenía una ondita como una silla de montar; su cara realmente no tenía nada de especial. Menos su cuerpo que no tenía ni curvas, era cuadrado y se sentía como Bob Esponja cada vez que se miraba.
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Hola, ángel.
Romance"Ángel, ¿acaso sabes cómo me rompo mientras caes dormido pensando en aquel que nunca volverá?"
