– Y te retirás de su vida, elegís por ella incluso cuando solés decir no creer en la posesión; ¿Pero cuán lejos está la posesión de esa forma de sobre ponerse ante lo que pudiese ser desde sus pasos? Vos te vas, ella no hace nada. Y no porque no quiera, vos no la dejás ir siquiera. La retenés en tus laberintos de imbecilidades tan bien armados que seguís recorriéndolos desde el primer día en que entraste. Y te acurrucás en la idea de que estás despejando su camino. De vos, claramente. Y todo esto para no asumir que en realidad lo único que te importa es poseerla, como a una estatua del más laberinto (que ni siquiera orden); resumirla a algo tan sencillo que pudiese quedarse inmóvil ante tu inequívoca decisión. Porque vos no fallás nunca.
Y mientras te relatás este mundo de elocuencia me encantaría mostrarte cuánto se preocupa ella verte ahí atrapado. Acariciando retratos de mármol y cemento, creyendo en libertades que vos mismo dejás sin existencia.
Y de esta forma sufre, incluso más que vos, porque ella te sabe perdido mientras vos la creés atrapada.
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Para Sofía
Poezja¿Quién era Sofía? Esta pregunta costaba responderla, resumir a Sofía a unas pocas líneas sería limitarla tanto; y si tuviese que plasmarla por completo no podría terminar por algunos años, y sería una pérdida de tiempo, Sofía en los años en los que...
