Somos nosotros, nosotros y no mucho más. Somos nosotros desde nuestro mundo mirando hacia algún mundo, y en los algunos mundos puede haber millones de cosas (llamémosle así) diferentes que conforman al mundo en sí, pero el mundo en sí, sólo se vuelve nuestro mundo para nosotros, todo lo demás es principalmente un decorado, un escenario en movimiento. Y me acuerdo que en las sucesivas interpretaciones que intercambiábamos en el viaje, ella tenía constantemente conflictos con lo que yo veía y viceversa, pero en el cruce, en la guerra, en el intercambio de formas y sensaciones vivíamos usualmente en una especie de calma; me terminó siendo muy curioso, que hoy desde donde esté(mos), todo no se me parezca mucho más que a una mentira, y es en la distancia, en el mundo general en el que hoy me encuentro, donde miro hacia aquel mundo nuestro y me parece en demasía maravilloso, incalculablemente más que cuando lo habitábamos entre canciones y poesías susurrándolas a ventanas, a vasos, o a escaleras de caracol en aquellos bares de madera y olor a cervezas, con maníes en el suelo, con manchas en las paredes y en los sillones, con la antipulcritud más pulcra que sólo puedo entender en el hoy, en el acá tan diferente, tan alejado a aquellos pasos. Y podré sentir algunas brisas de aquellos olores, pero el perfume, la esencia, no vive más que en lo probable. Deduje, y me gustaría contarte, que en el medio de las trincheras, donde los escombros no golpeaban y jamás callaba el fuego, se hallaba el verdadero mundo. Y que hubiese sido más rentable quedarnos escondidos en la agonía, y perdón por llamar así a la vida, escondidos ambos mirándonos de frente mientras nos comunicábamos por periodos, y todo lo demás vuelve a la mentira. Pero no pudimos, y convivir entre las balaceras se nos fue volviendo un baile hasta que pude ver desde tus ojos aquella fantasía de parar una bala con los dientes, con sentir la ira, el dolor, la sangre volando junto con tu dentadura mientras alguien te ve caer hacia el lado contrario al impacto. Y situar este punto conduce a otra trinchera, porque vos preferías parar las balas con la lengua mientras lamías los metales, y yo, preferiría haberme quedado escondido susurrándote al oído que todo estaba bien, y así, de alguna forma evitar tu muerte. Una trinchera al cuadrado, una trinchera que vivía gracias al entrecruce de nuestras diferencias, y la calidez de los abrazos, y los consejos, y los besos y las noches de amor incondicional se refugiaban en estos puntos ya inalcanzables. Bastaba sólo con haber coincidido, pero para coincidir alguno tiene que ceder, bastaba entonces con haber cedido ante lo que somos, para que el campo de batalla se hubiese desintegrado, y se hubiese transformado así en una larga pradera, y la sangre, transmutando en ríos que alimentarían tanta flora y fauna como para que la tierra pudiese estar tranquila, y las balas, y las chaquetas, y los rifles desarmándose en el suelo y tomando posiciones estratégicas de árboles imponentes, de flores, de rocas, y vos y yo entendiendo una paz aberrante, una paz mentira. La calma no sería más que un telar, y para el ojo costumbre seríamos ensueño, y nos miraríamos entre la envidia de tantos yendo hacia lo eterno, ¿quiénes seríamos, Sofía? ¿Quién sería esa que correría conmigo en el campo desarmando el desentendimiento, qué sería una conversación, un tacto, un beso?
Nos habríamos vuelto mundo, y no existiría nuestro. Me es más real el abandono, que aquella calma, la distancia, el no saber de vos, qué harás, a dónde dirigís tus pasos, que lo que hubiese sido aquella mentira que hoy nos mantendría unidos. Es ésta, entonces, la valentía más cuestionable, somos el heroísmo más simple, más asqueroso y olvidable.
P.D.
Sofía duerme, Sofía se levanta, camina hacia una punta de una habitación y me ignora, sabe que estoy pero no quiere notarlo, Sofía quiere a quien nos trajo café, le vive agradeciendo, lo abraza cuando se marcha. Y a mí me encuadra en un modelo apartado donde supone quererme con todas sus fuerzas, pero no lo siento, o por lo menos no lo siento constante. Sofía canta, Sofía canta para todos menos para mí, y si el vecino de camarote le pidiese una canción se la cantaría con gusto, y si no la sabe terminaría por aprenderla. El error es mío, el error es creer en mi mérito y el el pretender, y en el definir al amor, la maquinaría más absurda y brillante, como una forma única e incumplida. Sofía duerme, y Sofía se levanta; hablo en presente porque hoy sigo viendo sus formas, pero ya no duerme ni se levanta o por lo menos no cerca mío; haber interpretado, haber adecuado todo lo que era a mi interpretación, haber moldeado una vida a lo que yo pretendía que ella tendría que haber sido me supo siempre tan mundano, tan pobre e infeliz. En vez de disfrutar la risa hacia aquel vendedor yo sólo pensaba en que no estaba riendo por mi culpa.
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Para Sofía
Poetry¿Quién era Sofía? Esta pregunta costaba responderla, resumir a Sofía a unas pocas líneas sería limitarla tanto; y si tuviese que plasmarla por completo no podría terminar por algunos años, y sería una pérdida de tiempo, Sofía en los años en los que...
