Ris

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Hoy ha llegado el día. El día en que me dispongo a abandonar todo lo conocido. Meses antes de prepararlo todo me preguntaba a mí misma si sería capaz, si no me acobardaría en el último momento y me hacharía para atrás. Sin embargo, al momento me venía él a la mente, su sonrisa, sus ojos de flicidad por el simle hecho de permanecer juntos y deseaba con todas mis fuerzas hacerlo. Porque él era y será mi única motivación y causa de seguir adelante y no permitirme rendirme en ningún momento.

Para iniciar la parte principal de mi plan tan solo dispongo de una hora para hacerlo. Diez minutos para llegar con Adam, veinte más para preparar todo lo de electrónica con él, veinticinco minutos para llegar al lugar y cinco para introducirme. Esa última parte va a ser la más difícil y además disponiendo de tan poco tiempo.

Una vez he cogido todo, pongo el cronómetro en marcha y salgo corriendo del edificio. Son las nueve de la noche, a las diez ya tengo que haber acabado con todo y haberme introducido junto a los demás.

No hay nadie por la calle. Tan solo yo, los edificios, las pocas farolas encendidas y una columna de humo que observo que asciendo hasta el cielo a lo lejos. No le presto atención y sigo corriendo. A los nueve minutos de haber salido, llego al edificio donde Adam ha instalado todo lo necesario.

Entro sin llamar a la puerta. Él ya me está esperando con todo preparado. Nos encontramos en una pequeña sala claustrofóbica, sin ventanas, con tan solo una mesa en el centro y un portátil encima.

- Ven corre, siéntate. Tengo que introducirte un chip GPS. No es como los que proporcionan ellos, pero lo he conectado a su ordenador central para que aparezcas como uno más. Y tranquila, no lo conectaré hasta que no te encuentres allí.

Lo inyecta en el lugar del tatuaje sin avisarme. Duele un poco, pero solo unos segundos, no como lo que tuve que hacerme yo el otro día.

- De acuerdo –dice más para sí mismo.- Una vez que llegues allí te pasaran un detector por el hombro para comprobar si el GPS funciona. Tranquila, para eso yo ya lo habré activado.

- ¿Y por qué no lo activas ya? -preguntó.

- Porque imagina que se les ocurre ver ahora mismo cuantos hay en el detector y ven que uno está en la otra punta de la ciudad. Lo mejor será activarlo una vez allí. Ah, y recuerda ponerte la placa con tu número, eres el cuarenta y siete –y me la tiende.

Y entonces me viene a la cabeza un fallo enorme en mi plan, ¿cómo es posible que no hubiera pensado en esto antes?

- Espera, ¿Y el otro número cuarenta y siete? No puede haber dos personas con el mismo número. Se darán cuenta de que ocurre algo extraño y entonces me descubrirán.

- Cálmate, ya lo había pensado. He desactivado el GPS del otro cuarenta y seis. Cuando pase por el detector se darán cuenta y pensaran que es él el farsante -me aclara él.

- De acuerda, vale. ¿Tienes que inyectarme o enseñarme algo más? -Le pregunto, notando como mi corazón late con fuerza contra mi pecho por lo nerviosa que estoy.- ¿O ya podemos irnos?

- Tardo cinco minutos en hacer una cosa en el ordenador y nos vamos. –le observo teclear y escribir números y cosas extrañas en la pantalla y finalmente dice:- Vámonos ya. Un coche nos espera a bajo. Ayúdame a transportarlo todo.

Cogemos el portátil y otros aparatos extraños que no sé para qué sirven. Tal y como había dicho, a bajo nos espera un jeep. No conozco al conductor, supongo que será algún amigo de Adam. Nos sentamos los dos detrás.

He tardado quince minutos en hacer esto. Voy bien de tiempo. Ahora veinticinco minutos y empezará lo complicado. Durante este rato puedo permitirme relajarme, aunque estoy tan nerviosa que creo que será algo imposible.

En ÓrbitaHikayelerin yaşadığı yer. Şimdi keşfedin