Nick

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Lo cierto es que ya no sé si lo que veo es cierto o no. Tan solo ha pasado un día desde la primera vez que vi a Cassie de nuevo y desde entonces se ha convertido en mi sombra. Me sigue a todas a partes, a veces se mantiene a cierta distancia y me observa de lejos. En cambio, hay veces que se mantiene a mi lado observando, en ocasiones dice cosas sin sentido, como si mantuviera una conversación con alguien. Sin embargo, lo más espeluznante es que muchas de sus contestaciones son de conversaciones que tuve con ella. Al principio, no era tanta molestia, ahora empieza a asustarme. Cosas de las que dice se han empezado a volver más violentas. Yo no he intentado hablar con ella, aunque creo que tampoco me contestaría.

En estos momentos estoy yendo a clases de tiro. Cassie va a mi lado, en silencio, hasta que dice:

- Nick, mírame –yo sigo andando, sin prestarle atención- Nick, ¿por qué haces como si no me oyeras? ¿Tan poco te importó que muriéramos que no te alegras de que este aquí?

Me paro en seco y la encaro.

- ¿Y si estás muerta qué haces aquí? –es muy difícil pronunciar estas palabras sin sentir remordimiento o culpa, siento como los ojos me empiezan a escocer por retener las lágrimas.

Ella me mira por última vez con odio y entro en la sala de tiro, donde todavía no hay nadie. Yo necesito desahogarme y sacar todo lo que tengo dentro, así que entro también y cojo las gafas, los cascos, la pistola y los cartuchos. Me pongo las gafas y el casco; me posiciono delante de la diana y coloco el cartucho; extiendo los brazos y me quedo unos segundos observando el objetivo.

- Se siente bien cuando tienes el control, ¿cierto? –dice Cassie muy cerca de mi oído.

Yo la ignoro y disparo. Doy en el blanco.

- ¿¡Por qué me ignoras!? –Grita ella.- ¡Mírame! Te sientes tan culpable que no puedes ni mirarme a la cara.

Yo sigo disparando sin importarme nada más, necesito sacarla de mi cabeza, sé que solo es una mala jugada de mi mente. La última bala de la recamara silba por el aire y no da en el blanco. Sino que atraviesa la cabeza de mi madre y ella cae al suelo, mirándome con asombro. Me quedo paralizado, observando la escena de mi madre tendida en el suelo, desangrándose. Siento como si empezara a hacer mucho calor y me cuesta respirar. Me saco todo lo de la cabeza para tranquilizarme. Ya había mucha gente en la habitación y ni me había dado cuenta.

Sin embargo, ahora es lo que menos me interesa. Empiezo a oler a humo y comienzo a toser, sintiendo que lo único que entra en mis pulmones es humo. Salgo de allí corriendo. Siento que alguien grita mi nombre, pero yo lo ignoro. Salgo corriendo y cuando giro en el pasillo es como si todo se repitiera: El calor en mis mejillas, el olor a humo y las llamas extendiéndose como lenguas de fuego. Giro para volver, pero por el camino por el que he venido hay más fuego.

- ¿Cómo se siente cuando eres tú el que te encuentras encerrado e impotente, sin escapatoria?

Me apoyo en la pared y me dejo caer hasta el suelo.

- ¡Sal de mi cabeza, no quiero escucharte más! –Digo con las manos en mis oídos.- Sé que no eres real, esto no es real...

- ¿Te parece todo esto que no sea real? –dice ella, a mi lado.

Noto cómo el humo entra hasta mis pulmones de nuevo y empiezo a toser.

- Lo siento, ¿vale? –Suelto al fin- ¡Fue mi culpa, lo sé! Y no hay día que no me arrepiento de no haber estado allí. –Siento como las lágrimas empiezan a deslizarse por mis mejillas.- Lo siento, lo siento...

Siento unas cálidas manos en mis mejillas.

- Nick, abre los ojos, Nick.

No me he dado cuenta de cuando los he cerrado, pero los aprieto con fuerza. Sin embargo, al escuchar la voz de Sara me sorprendo y los abro de golpe, pero el fuego y el humo siguen allí.

- Sara, no, ¿qué haces aquí? Ahora los dos estamos atrapados.

- Nick, abre los ojos de verdad. Lo que estés viendo no es real. –Vuelve a coger mi cara entre sus manos para que solo le preste atención a ella.- Olvida todo lo que veas a tu alrededor y céntrate en mí.

Intento ignorar el calor del fuego y la dificultad de respirar y me centro en ella. Está de rodillas delante de mí, a pesar de la situación, su rostro solo muestra tranquilidad. Nunca antes me he fijado de sus largas y negras pestañas ni en el verde oscuro de sus ojos, que a la vez tiene pequeñas motas marrones. También me fijo en que pequeñas pecas, imperceptibles a cierta distancia, cubren parte de su nariz y en sus labios gruesos y pálidos. Jamás me han parecido cosas a destacar en ella, pero en este momento me parece realmente hermosa.

Baja sus manos y las deja sobre su regazo. Miro mi alrededor y me doy cuenta de que ya no hay rastro del fugo, del humo o de Cassie. Sara se desliza hasta mi lado y se recuesta contra la pared.

- Sara, yo... -intento encontrar las palabras adecuadas para contarle lo que me acababa de ocurrir, pero ella me interrumpe.

- Tranquilo, no hace falta que me cuentes nada.

- Gracias, por todo. –Es lo único que logro decir.

Al menos espero que todo esto haya acabado. Supongo que cuando fui a hacerme el tratamiento se les olvidó decirme que otros de los efectos era ver visiones. En parte me siento como un estúpido por haber creído alguna vez que Cassie en algún momento ha estado aquí de verdad. Ella murió y nada me la va a devolver y, aunque sea tremendamente doloroso, debo aceptarlo.



- P

En ÓrbitaWhere stories live. Discover now