Sara

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- Último cambio en la prueba, jugadores. A partir de ahora dejaremos siempre vuestras posiciones proyectadas en el cielo. Sin embargo, cuando los puntos rojos y verdes se encuentren, la prueba se acaba.

Tal y como han anunciado, el mapa se proyecta en el cielo. Ían y yo no estamos muy lejos de los puntos verdes, es nuestra oportunidad. Sin embargo, dos grupos de azules también están en la misma zona.

- ¿Puedes correr? –me pregunta Ían.

- Sí, vamos. –respondo, ya estoy totalmente recuperada del disparo.

Empezamos a correr lo más rápido posible que la nieve nos permite. Por alguna razón, Ris y Marc no se mueven de donde están. Lo mejor sería que también corrieran en nuestra dirección, pero se mantienen quitos en el sitio, a pesar de no tener a ningún punto azul a su alrededor que los pueda estar reteniendo. Lo único que espero es que Ris esté bien.

Miro hacia el cielo y veo que uno de los grupos se aleja, seguramente ellos no quieran matarnos. Sin embargo, dos puntos azules están muy cerca de donde está Ris y se siguen acercando. Por suerte no viene nadie hacia nosotros. Los demás puntos azules que se están acercando se encuentran demasiado lejos para llegar antes que nosotros.

Entonces, se oye un disparo. Dos disparos. Y luego, todo es silencio. Ían y yo nos miramos, el temor de no saber quién ha disparado se refleja en nuestros rostros. Debe haber alguna razón por la que no se mueva de donde están y después de esos dos disparos, no puedo evitar esperarme lo peor.

Finalmente, llegamos a lo que parece un claro y un pequeño lago en el centro, lleno de grietas que lo atraviesan. Entonces, vemos el cuerpo de lo que parece ser una chica tirada en la nieve teñida de rojo. No es Ris.

Según el mapa ellos se encuentran a escasos metros, así que empezamos a rodear el lago con prisa para dar con ellos. Entonces, veo a una persona en el suelo, apoyada contra un árbol. No sabría decir en qué estado se encuentra, sus brazos están caídos sobre la nieve y en la mano que se ve tiene agarrada una tela llena de sangre.

- Marc... -murmura Ían.

A unos metros del árbol hay dos cuerpos más, pero no reconozco quiénes son. Nos acercamos rápidamente y, cuando ya estamos allí, una figura aparece de detrás del árbol apuntándonos con el fusil. Nuestra primera reacción es hacer lo mismo. Sin embargo, me doy cuenta de que es Ris. Tiene muy mal aspecto, con sangre en la cara y por toda la chaqueta. En cuanto nos reconoce, se deja car hasta el suelo y suspira profundamente.

- ¿Y toda esa sangre? –le pregunto alarmada.

- La mayoría no es mía –contesta, parece agotada.

Y, antes de que podamos ver el estado de Marc o hacerle cualquier otra pregunta a Ris, todo empieza a distorsionarse, hasta volverse negro.

Abro los ojos y respiro profundamente. Estamos en nuestra sala de grupo. En seguida me levanto para ver el estado de Ris. Nick y Mike también se levantan.

- ¿Estáis bien? –pregunta Nick.

- Ris, ¿tienes alguna herida? ¿O todo es sangre de Marc? –ignoro la pregunta de Nick y me centro en ella.

- Me han disparado en el brazo –contesta. A parte de eso, parece devastada, como si no le quedaran fuerzas para hacer nada.

Entonces, la puerta se abre y aparecen dos hombres con una camilla.

- ¿Necesitáis atención médica? –preguntan.

- Sí, ella sí –me apresuro a contestar.

Inmediatamente los dos hombres cogen a Ris y la suben encima la camilla. Ella no tiene fuerzas ni para protestar, a pesar de las caras que pone.

Salgo al pasillo y observo a los médicos preguntando en todas las habitaciones quién necesita atención médica. Algunos pasan con camillas con gente con los rostros tapados, los que han muerto. ¿Estará Marc debajo de alguna de esas sábanas?

Entonces veo pasar un cadáver que por debajo de la sábana sobresalen unos pelos largos y rubios. Y no puedo evitar pensar en la chica que matamos Ían y yo. Cuando la vi caer sin vida me pregunté si habría sido mi bala la que habría acabado con su vida. Sin embargo, ahora me doy cuenta de que no es la bala lo que importa. Lo que importa es el hecho de que yo también apreté ese gatillo. Si mi bala paró su corazón o no, no importa, porque ella está muerta y esa era la intención de ambos.

- ¿Cómo han podido idear una prueba así? –dice Nick a mis espaldas.- Podríais haber muerto los dos.

- Yo no, a mí no me iban a dejar morir. Sin embargo, a los demás sí, se supone que eran mi motivación –aclaro, más bien para mí y no para Nick.

- Yo no acepté venir a esto para que nos vayan matando uno a uno, además... -empieza a decir Mike. Sin embargo, dejo de escucharlo cundo veo pasar una camilla más. Es Marc. Lleva un aparato alrededor de su boca y nariz para proporcionarle oxígeno. Se ve en tal mal estado que es un milagro que siga con vida. Se encuentra completamente manchado de sangre, tanto la ropa como el rostro, donde se le están empezando a formar algunos moratones en la mejilla y alrededor del ojo izquierdo.

- Todos los que os encontréis en un buen estado podéis ir a la Sala Común a cenar –se oye desde los altavoces.

Los chicos y yo nos encaminamos hacia allí, a pesar de que no tengo nada de hambre. Ver tantos muertos me la ha quitado por completo y ha bajado mi ánimo. Principalmente porque parte de esas muertes han sido causadas por nosotros, pero he llegado a la conclusión de que no debo culparme a mí por ello. Los culpables son los que nos han obligado a apretar ese gatillo para salvar nuestras propias vidas. Los que han muerto estaban dispuestos a hacer lo que fuera por sus seres queridos, pero, a la hora de la verdad, muchos de nosotros no somos capaces de hacerlo. No somos asesinos, somos simples adolescentes que solo buscan un futuro. Sin embargo, cuando nos mostraron esa idea de futuro y nos la ofrecieron nadie dijo nada de asesinar o de ser asesinado.

Salgo de mi nube de pensamientos y me fijo en las personas que hay en el comedor. Somos muchos menos de los que éramos el primer día en que comimos aquí. Y los que quedan ya no tienen ese brillo que antes teníamos todos al pensar en alcanzar nuestro objetivo. Ahora todos son rostros abatidos y de tristeza al faltar un miembro de su grupo. Hay algunos que tan solo quedan dos personas, cosa que ha estado a puno de ocurrir en el nuestro.

Sin embargo, no podemos hacer nada. Al entrar aquí y abandonar todo aquello en lo que creíamos o nos representaba pasamos a estar en manos de ellos, de los que mandan. De nada serviría que no quisiésemos hacer lo que nos dicen o nos rebeláramos, ahora todos y cada uno de los que estamos en este comedor somos sus peones, simples piezas detrás de las que se esconden moviendo sus hilos. Diciéndonos que no pensemos, que actuemos. Que ellos siempre saben lo que es lo correcto y lo que debemos hacer. Porque ella es el cerebro y a través de sus trabajadores nos llegan las órdenes que debemos acatar y de nada servirá que no queramos obedecerlas.


- P

En ÓrbitaWhere stories live. Discover now