Anécdota 110

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Anécdota anónima

Quisiera que mi anécdota fuera anónima porque el mundo no está preparado para saber que fui yo.

La cosa es que cuando estaba por terminar sexto grado, con once años, muchas de mis compañeras me habían dicho que ya tenían la regla

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La cosa es que cuando estaba por terminar sexto grado, con once años, muchas de mis compañeras me habían dicho que ya tenían la regla. Pero otras tres o cuatro, incluyéndome a mí, todavía no la teníamos.

El giro dramático del asunto: yo soy pésima en los deportes; puede intuirse que no disfruto mucho la clase de Educación física. Recordé haber sabido de una compañera, que, menstruando un día que le tocaba hacer deporte, le confesó al profesor en voz baja su estado y él le permitió quedarse en una banca por el resto de la clase.

Entonces comenzó mi jugada maestra; durante una actividad que consistía en hacer una carrera de catorce vueltas por toda la escuela, me fugué al baño y por alguna razón me eché agua del grifo en el pantalón. Cuando volví, intenté disimular que me tapaba parte del pantalón con la blusa, y cuando mi amiga me preguntó por qué lo hacía, yo le dije que me había bajado por primera vez.

—Es normal, no te preocupes. Si quieres puedo darte una toalla femenina —respondió.

Dudé unos segundos; ya era muy tarde para echarme atrás. Accedí, de modo que mi amiga me acompañó a decirle al profesor, quien se limitó a contestarme con un "De acuerdo, pero cuando regreses quiero que te sientes en las bancas". Y yo, llena de dolor, decepción y tristeza, obedecí.

Fuimos por la toalla sanitaria y mi amiga me hizo el favor de explicarme cómo colocarla

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Fuimos por la toalla sanitaria y mi amiga me hizo el favor de explicarme cómo colocarla. Ahora estaba obligada a ponérmela, ya que tirarla a la basura crearía polémica, pues una vez la hija adolescente de una maestra dejó una toalla en uno de los basureros del baño y corrió el rumor de que se cortaba. Ya saben, la gente.

Después de todo lo anterior, volví a sentarme en la maravillosa banca, donde me dediqué a observar a mis desgraciados y sudorosos compañeros correr bajo el sol. No niego que vivo con la culpa. 

Anecdotario PúblicoHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora