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Válido hasta agotar existencias.
Ahí estaba yo, en vacaciones, en mi restaurante favorito. Y fui al baño para lavarme las manos con un jabón que huele a plastilina, pero de paso entré a un cubículo. Ahí estuvo el gran error.
Estaba dentro, meditando todavía, con una ranura en la puerta (no me quiero quedar encerrada en un baño y ésa es mi estrategia). Estaba mirando por ahí, cuando de repente una señora mayor salió del cubículo contiguo CON LOS CALZONES ABAJO (eran color crema) y con toda lentitud se lo subió, muy campante, y después siguió el pantalón, que lo subió más lento aún.
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A ver, yo por suerte solo le vi las nalgas, pero... ¿si entraba alguien? La que pasaba la vergüenza de su vida era la mujer y yo no, mientras escuchaba cómo la del inodoro de atrás se moría de risa (y más de vergüenza).
Moraleja, esta vez para las señoras mayores: Súbanse la ropa en su cubículo, por favor, es por el bien común.