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Válido hasta agotar existencias.
Soy una chica de temperamento bastante sensible; con frecuencia me irritan las cosas fácilmente y en verdad odio a las personas con exceso de autoridad. Eso me ha traído bastantes dificultades; además cuando me enojo, grito muy fuerte.
En mi Instituto las clases inician a las seis de la mañana. Ese día me desperté con cólicos y a costa de reniegos de mi madre, fui a estudiar. La tercera hora nos tocaba Sociales, y estábamos realizando un taller de estudio para las pruebas de Estado.
A una de mis amigas se le ocurrió una idiotez que me hizo reír muy fuerte, y como si no fuera suficiente, también estornudar. Juro que en ese momento sentí el diluvio, La Quinta Ola y hasta el tsunami de petróleo bajando de mi interior.
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Lo peor era que ya no tenía más toallas, pues el primer día me baja con mucha intensidad, y las del botiquín de mi aula se habían acabado días antes. De forma disimulada me levanté, lancé una carpeta sobre la mancha del pupitre, me saqué la chaqueta y la amarré sobre la falda del uniforme. Luego caminé decidida hasta el escritorio del profesor para pedir permiso de bajar hasta la tienda y comprar toallas.
—Don (nombre), ¿me permite ir al baño?
Mi voz sonó tan dulce que inmediatamente mis amigas voltearon a verme de forma incrédula. A pesar de eso, el desgraciado barrigón me preguntó por encima de las gafas si ya había terminado el trabajo. Al escuchar mi negativa, me envió a sentarme para terminar y esperar hasta el receso.
—Es urgente, por favor —insistí.
—¿Qué es más importante, señorita (mi segundo nombre)? ¿El baño o la prueba de Estado?
Lo miré con mi mejor cara de "¿Es en serio?". Claramente no le iba a decirle a mi maestro que tenía la regla, así que intenté un par de veces más, pero el jodido me envió de nuevo a sentarme. A estas alturas, el dolor abdominal, la irritación y el calor del aula pudieron más que mi "pacífico carácter"
—¡Que no puedo esperar, carajo!
—¿Por qué?
—¡PORQUE USTED NO ESTÁ SANGRANDO COMO POSESO, NI TIENE UN CÓLICO INFERNAL!
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Todos mis compañeros voltearon a mirarme. Y yo salí del aula azotando la puerta, sin permiso y con una mano en el trasero. Cuando regresé, todas las chicas estaban sentadas fuera de la clase y solo los chicos hacían el trabajo. Mi mejor amiga me abrazó, y todas tipo "Al demonio su clase. Somos chicas y él nos jode mucho la vida"
Fue el mejor puto día de mi vida. Pero me hicieron anotación.