Capítulo Especial 2 (Tomo 3)

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Narra Danna:

Escuchaba a mis padres discutir. Mi madre gritaba y mi padre trataba de hacerla callar. Miré a Justin a mi lado, estaba nervioso al igual que yo. Sabía lo que pasaba, tenía diez años pero no era estúpida. Sabía que mi padre se había unido a las Fuerzas Especiales del Ejército de los Estado Unidos. Nombre que decía en la carta que junto a mamá había leído.

Mi padre nos iba a abandonar sin decir nada. Si mi madre no se hubiese enterado, al otro día él partiría.

-¡¿Acaso tu familia no es suficiente para ti?!, ¿Eres tan egoísta para pensar solo en ti? ¡Eres un cobarde, tan macho para pelear pero tan poco hombre como para irte sin avisar!- los gritos de mamá ya me estaban perturbando. Cubrí mis oídos con fuerza, intentando callar las voces.

-Deja de gritar, los niños se van a asustar- ya lo estaba.

-¡No me importa!.

-¡Talia por favor!- gritó mi padre fuera de sí.

Justin me abrazaba con fuerza y me ayudaba a levantar para escondernos en el armario de mi habitación. Mi padre no era malo pero a veces, cuando perdía la paciencia, le pegaba una cachetada a mamá y luego nos llevaba a comer helado.

-No pasa nada Dan, solo es una discusión. Ya parará- susurró mi hermano mayor.

Creo que decía eso para calmarse él más que a mí. Amo a mis padres pero había veces que deseaba tener otro familiar e irme de aquí.

***

El día llegó, un veinticuatro de abril mi padre se marchó sin más. Hacía casi un año que se fue y no ha dio señales. Cumplí once y Justin trece, lo celebramos solos, el uno con el otro, ya que nuestra madre era una muerta viviente. Solo cocinaba, limpiaba y leía. En ese orden, a nosotros ni nos hablaba y me hacía falta.

Me gradué de un taller de fotografía en la escuela y mi mamá no asistió, solo mi hermano.

Sentada en la mesa del comedor, haciendo mis tareas, tocaron la puerta. Nadie abrió y bufando me paré a abrir. Dos hombres grandotes que intimidaban. Sabía de donde venían, portaban el mismo uniforme que tenían los que vinieron a buscar a mi padre. Militares.

-Buenas tardes- saludé con educación.

-Niña- dijeron a unísono en forma de saludo -¿Se encuentra la señora O'Connell?

-Ella está indispuesta.

-Por favor, dígale que el Coronel Brown está aquí- asentí.

Corrí a buscar a mi madre que leía en su cama.

-Mami- la llamé, sin obtener respuesta -En la puerta está un Coronel- agregué.

Mi madre levantó la cabeza de inmediato, como si saliera de un trance.

-No, no, no, no puede ser- descalza corrió hasta la entrada. La seguí a paso rápido.

-Señora O'Connell- dijo el señor -Soy el Coronel Brown.

-¿Qué hace aquí?- mamá tragó saliva.

-Su esposo fue ultimado en batalla- esas palabras las entendí a la perfección. Mi papá había muerto. Se me salieron las lágrimas.

¿Dónde estás, Justin?, pensé y lloré.

Mamá estaba paralizada, me gustaría que expresara sus sentimientos de otra manera y no en un gran silencio. Me abracé a ella y no encontré respuesta.

***

-Papá, ¿por qué te fuiste?- lloraba abrazada a mi hermano, que también dejaba salir el llanto.

Mamá estaba internada en un hospital por un ataque de histeria donde me arañó el lado derecho de mi cara.

Estábamos en el cementerio, el amigo de mi padre nos trajo para darle el último adiós. Era doloroso verlo en un ataúd, sin color, sin vida. Vi como el féretro bajaba lentamente y eso fue todo.

Aquí descansa el cuerpo de un buen amigo, padre y esposo. Un hombre que dio todo de sí por pelear, un hombre leal. Decía la lápida.

Un año después...

Otro funeral, en el lapso de trece meses. Entonces pregunté: ¿Por qué fuiste tan egoísta, mamá? ¿Por qué nos abandonaste?

Porque eso hizo. Acusó a mi padre de cobarde, pero ella lo fue también. Nos dejó solos, se suicidó.

Vi el ataúd bajar lentamente. Creo que estaba viviendo un Deja vú. No tenía lágrimas, se me secaron cuando supe lo que hizo. Cortó sus venas.

¿Ahora que sería de nosotros? ¿A dónde iríamos? La respuesta era fácil, detrás de nosotros había una trabajadora social. Iríamos directo a un hogar de niños.

***

Cuatro años después...

-¿Estás hablando en serio?-le pregunté a mi hermano emocionada.

-Nunca he hablado tan en serio como ahora. Tengo tu patria potestad, no me iré solo de aquí, tú vienes conmigo- chillé con fuerza y enredé mis brazos en su cuello. Le llené la cara de besos. Amaba a mi hermano.

No era que en la casa hogar nos trataran mal, pero la odiaba. Era como una maldita cárcel. Tenía una amiga, pero hacía un año la adoptaron. Por eso no me pude encariñar de nadie, a mí trataron de adoptarme pero hacía lo posible para que la pareja me odiara. Además de que Justin estaba ahí para esconderme. No me quería separar de él por ningún motivo.

Y ahora, luego de que cumpliera la mayoría de edad, me podía sacar de esa prisión. Quería conocer las calles, los museos, las galerías de arte, todo. Quería trabajar, visitar la tumba de mis padres, ya estaba saboreando la libertad.

-Tengo un trabajo y he alquilado un espacio, pequeño pero suficiente para nosotros- me separé de su abrazo.

-No importa. Si estoy contigo, hasta debajo de un puente duermo- le sonreí. Él era el hombre de mi vida, mi héroe, mi príncipe azul.

-Irás a la secundaria pública, es lo más que puedo darte- decía mientras me ayudaba con mis maletas. Ese mismo día me iría de ahí.

Duré tres meses sin verlo, pues le habían dado su libertad. Y estaba haciendo lo posible para llevarme con él y lo logró.

-No importa, será una experiencia única. Sabes que no soy problemática- le hice ojitos.

-Sí claro- rodó los ojos -Y yo soy el príncipe Caspian- ¿sarcasmo?, ¿dónde?

-¿Cómo conseguiste mi custodia?- cuestioné.

-Un amigo y una trabajadora social me ayudaron- besó mi frente. Suspiró -Dan, hay algo que tengo que decirte- hizo una pausa. Me preocupé.

-¿Qué pasa?

-En unos meses me voy a enlistar al ejército.

-¿¡Qué!?- grité -¿Estás loco, cierto? ¿Acaso se te olvido como murió papá? Estás demente, en definitivo. Es que no lo puedo creer- hablaba sin parar, incluso tiraba de mi pelo. De mi bello y fabuloso pelo -Voy a matarte.

-Dan, por favor, necesito tu apoyo- me suplicó -Es lo que quiero, además me pagan en todo el curso lo suficiente para vivir, de hecho, me darían hasta un apartamento. Es lo mejor.

-Justin, no me ruegues, sabes que voy a ceder- me quejé. Hizo un puchero -Está bien. Pero algún día, que espero que nunca llegue, cuídate porque no soportaría perderte.

Me abrazó y lo apreté con fuerza. Comenzaría la nueva vida junto a mi hermano y esperaba que esta me sonriera.

-Larguémonos de aquí- tomó mi mano y en su compañía dejo las fatales paredes del orfanato donde viví cuatro largos años.

Amor y Dolor IHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora