La mañana inició tranquila sin muchos sobresaltos. Ellen se encontraba calmada. Por fin había podido liberarse de su trabajo anterior. Aunque le costó un mal rato pudo cobrar su pago de ese mes. Y como todo jueves pudo disfrutar escuchando dos horas con Max Weber, mientras hacía de todo un poco, ordenando su 'minidepa'. Y viendo bien como distribuir sus gastos para estirar del mejor modo su último sueldo. Era obvio que en este restaurante como ayudante ganaría un poquito más que en donde estuvo trabajando, sin embargo no sabía cómo sería su día a día. Aun escuchaba al Señor Bazán diciéndole que no permitiría equívocos en su personal. Osea ella debía de mostrar ecuanimidad en cada movimiento y acción, de lo contrario a seguir buscando trabajo. Eso era tanto como una amenaza a su abatido corazón y lánguido bolsillo.
Ellen realmente corrió con mucha suerte, porque fue contratada para trabajar como ayudante de cocinera, sin referencias. Y lo mejor ¡sin saber cocinar!. Muy a pesar que ya habían transcurrido un par de días desde su supuesta contratación, ella aún no lo asimilaba muy bien. Primero: Aún no había tenido un primer día de trabajo, pues su empleador llamó para decirle que empezaba el lunes y no en la fecha indicada en un primer momento, debido a que estaban por pintar y decorar el local, estando próximos al día de San Valentín. Y como dice el sabio Superman: "Lo asombroso sólo puede ser creado si nos enfrentamos al riesgo, al miedo y al fracaso durante el proceso". Y bueno Ellen no se quiso quedar atrás, debía de arriesgar, pues nadie gana nada si no arriesga.
Su vecino, el Señor Ernesto, muy animoso la había invitado a su departamento para enseñarle cómo cocinar cosas básicas. Enseñarle a doblar servilletas e indicarle cómo debía de portarse, Ellen, como ayudante de cocina. Sus años de casado con una mujer que toda la vida trabajó y adoró la buena cocina le hizo conocer y aprender de ciertos detallitos, que como buen enamorado, siempre observó y detalló en su difunta mujer; su estilo hogareño, la forma de sentarse a la mesa, el cómo probar los alimentos que preparaba, la forma en que cortaba sus ingredientes para preparar diferentes platos, y algunos tiempos de cocción de platos que él rememoraba. ...En fin, Ernesto sabía que muchas cosas que él conocía podrían ayudar a Ellen para desenvolverse en su nuevo trabajo. De paso él se entretenía con ella, pues ya estando jubilado, contaba con muchísimas horas libres para hacer todas las cosas que se propusiera.
Ernesto realmente disfrutaba de las horas que compartía con Ellen, casi la consideraba la hija que siempre deseo tener pero que nunca tuvo, pues su mujer jamás pudo embarazarse y regalarle los hijos que siempre deseó. Así es que Ernesto estaba dispuesto a enseñarle lo poco o mucho que aprendió, a su vez, de su mujer, como recetas básicas de su deficiente experiencia culinaria, entre otras cosas.
Para Ellen fue una hermoso y fructífero día, cargado de grandes sorpresas y conocimientos para el nuevo rumbo de su vida, estaba cada vez más convencida que todo auspiciaba buenas vibras. Por otro lado, había conocido una faceta perfeccionista de Ernesto, y ello la llenaba de ternura, además de mostrarle un estilo particularmente desconocido para ella de Ernesto, parecía que él sería ese ángel guardián que toda persona trae consigo.
Al caer las seis de la tarde; Ellen decidió salir a caminar, y estirar un poco las piernas cerca de donde trabajaría dentro de tres días. Quiso ver los lugares del rededor, ver que tipo de gente frecuentaba la zona, cómo se vestían, que transportes la acercaban, en dónde había paradas de buses...
Frente al restaurante divisó una cafetería grande, de esas en las que solía venderse pastelitos y helados, y se le antojó entrar y ver los nombres de los postres y discretamente observó que muchos de los presentes optaban por café solo. Otras lo acompañaban de pastelitos. De pronto recordó lo que Ernesto le dijera temprano: "Las tazas de café son importantes, pues cada una está pensada y diseñada para un fin específico, además, no sólo el material interviene, sino también el tamaño y la forma. El café tiende a enfriarse con rapidez, por lo tanto el tipo de material con el que están fabricadas las tazas de café, deberán ser capaz de conservar la temperatura por más tiempo. La temperatura adecuada de café permite degustar más su aroma y sabor. Por lo que también es recomendable tener en cuenta el tipo y tamaño de taza a elegir, por ejemplo; las tazas para capuchino tienen una capacidad de entre 150ml a 200ml, las de café expreso entre 60ml y 80ml". Y efectivamente, en su observación del lugar, pudo identificar que servían café de diferentes formas.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
