Capítulo 30

475 61 33
                                        

Después de tres alumbramientos bastante difíciles Ellen quedó completamente rendida y cayó profundamente dormida, debido al esfuerzo realizado, mientras que Albert no cabía de la emoción de haber visto nacer a sus tres hermosos hijos. Una vez que las dos enfermeras y el enfermero que ayudaban al pediatra de turno trasladaron a sus tres niños a sala de neonatología, Albert estaba como dividido, pues no quería dejar sola a Ellen y tampoco quería que se llevaran a sus niños apartándolos de él. 

Así es que siguiendo el protocolo el ginecólogo debía terminar de hacer la sutura respectiva y realizar la limpieza del caso a la recién parturienta, por lo que viendo lo nervioso y posesivo que era Albert  durante el proceso de los alumbramientos, se lo sacó de encima diciendo que podía ir tras los niños para que dejara sus datos y pueda posteriormente identificarlos como suyos, y que vea bien eso por tratarse de tres pequeños, pues en esos casos a veces hay confusiones. Esa fue la palabra clave que hizo salir a Albert del quirófano de alumbramientos y que se dirigiera a ver que sus hijos  tuvieran buen trato y que les realizaran su huella plantar y demás cosas propias en estos casos. Y así el doctor pudo quedarse a terminar de realizar los procedimientos sin mucha presión por parte de un marido muy demandante.

Albert llevaba el celular en el bolsillo vibrando desde hacía casi tres horas, pero por nervios y preocupación no cogió ninguna llamada, sino hasta después de terminar de hacer que las enfermeras de neonatología terminaran de tomar sus huellas plantares, le hicieran el APGAR a cada uno de ellos y les colocaran la pulserita que los identificaba, además de asear y vestir a sus pequeños.

-Bien señor, ya puede retirarse de los cuneros para que los niños descansen, decía una de las enfermeras.

-¿Descansen?, ¿cómo que descansen?, yo estoy muy bien informado, señorita, y sé que al nacer ellos deben de alimentarse, ¿y ud me pide que me retire?, si en mi presencia no les han dado de comer, quién me garantiza que lo hagan cuando yo me retire? -Decía molesto Albert.

-Mire Señor, no haga problemas, esta área es solo para niños y no debe de haber adultos, estos niños tienen que estar en esta área esterilizada para evitar virus y contagios. -Argumentaba la enfermera molesta.

-A ver Señora o señorita, no sé. Ud me disculpará pero como padre yo debo de velar por la salud y el bienestar de cada uno de mis hijos, y de aquí no me muevo hasta que ellos estén muy bien alimentados y dormidos. 

-Mire señor, creo que Ud exagera un poco, estos niños están en observación, es cosa que el pediatra determine que procede. -Decía la enfermera mortificada, tratando de guardar compostura.

-Y ¿quién es el pediatra de mis hijos? -decía Albert fruncido.

-Se encuentra en el cunero de al lado, terminando pasa por aquí, y bueno yo estoy a cuidado de sus niños, -decía amable la mujer.

-Si desea puede irse o quedarse, yo no me muevo hasta hablar con el pediatra. Quiero saber que es lo que dice de ellos, yo los veo bien, están hermosos. -decía Albert muy orgulloso de sus hijos.

-Bueno, señor, sé que no lo puedo sacar de aquí, así es que será mejor que se quede quietecito sin hablar mucho, y para evitar la sobrecarga de dióxido de carbono en esta habitación, me retiro a ayudar al lado, sus niños quedan en buenas manos; las suyas. Con permiso, iré a traer las fichitas de los niños para que cuando uds desee las llene con sus nombres y entregue abajo en el primer piso para que la RENIEC pueda procesar su identificación y DNI de los tres niños, y ya mañana temprano pasarán a fotografiar a los pequeños para su primera foto. Tal como lo solicitó. -Comentaba la enfermera.

Albert ni bien se fue la enfermera no se aguantó ni un solo segundo y se puso a revisar a cada uno de sus hijos, estaba como niño con juguete nuevo, sin saber a cual de los tres coger primero, hasta que se decidió por la niña, a quien cogió con mucha delicadeza y después de muchos besos y caricias cogió al varoncito mayor y luego al menor de los tres acunandolo en su pecho con mucho sentimiento. No podía creérselo hace poco era un hombre solo y sin mucha gracia, ahora era el espectacular padre de una hermosa bebita y dos pequeñitos todos muy hermosos.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora