Capítulo 56

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      Los días pasaban y Albert solitario en medio de las cuatro paredes de su oficina no hacía más que limitarse a pensar y perfeccionar los detalles que debía de considerar para terminar de desaparecer a cada uno de los hombres que aparecía escrito en aquella lista que había confeccionado. Hasta el momento, había podido avanzar,  junto a Alex, con su cometido, pero había algo que lo oprimía día a día y eso era el no tener con él a Ellen.


      Sin querer dentro del bajo mundo del narcotráfico, se había corrido la voz de la presencia de un cazador nocturno que se dedicaba a dejar cuerpos inertes de narcos, abogados corruptos, traficantes, tratantes de blancas y todo ente que de alguna manera se había involucrado con Leticia. En lo que respecta a la cantidad de dinero ofrecido por la captura de ese misterioso hombre que se hacía llamar el cazador, había un solo indicio; aparecía de noche y solo vestía de negro de la cabeza a los pies. Unos decían que era un hombre grande otros que no lo era tanto, incluso decían; los de mucha imaginación debido a sobredosis que se parecía a esos superhombres que botan chispas de los ojos.


      —¡Ni hablar!, ¡traigánme a ese hombre!, lo quiero aquí mismo mañana ¡vivo o muerto!. Lo más rápido posible, y si es hoy que así sea. No puedo creer que invierta tanto en matones a sueldo, ex guerrilleros y soldados para que un simple cazador huevón elimine a mis hombres diariamente. ¡Que mierdas les pasa! es que acaso estoy rodeado ineptos. A este paso perderemos fuerza en los conos y en el puerto.


     — Señor ...permítame.


      —¿Qué carajos quieres?, ¿acaso vas a pedir permiso para ir a cagar?—Expresa con acidez el hombre de traje elegante y cabellos canos, delante de la veintena de hombres a su cargo.


      —No, ...es es que yo... decía si... si puedo quedarme hoy a observar las cámaras de videovigilancia. —Expresa timorato un jovencito, dentro de los hombres más jóvenes.


     —Ah, así que quieres quedarte a rascarte los huevos, pues no. ¡Ni hablar! Ya que te me marqueteas como vista de águila, hoy te quiero de campana en el puerto. 


     —Está bien señor, usted manda. 


     —Qué bueno, que reconoces a la autoridad aquí. El resto los quiero 4 en el puerto junto a este huevón, 5 en los galpones, 7 custodiando la mercadería que hoy se distribuye y los otros 5 se quedan aquí conmigo —Dando una palmada en el aire en señal de dispersión; los 22 hombres salieron a ocupar sus puestos, mientras que el viejo como lo conocían algunos pasaba al gran salón de apuestas del recinto.


...Al otro lado de la ciudad...


     —Y bien bombóm ¿cómo estas?, ¿Ya estas listo para esta noche?—Comentaba Alex ubicándose en la silla frente a su escritorio y revisaba las tachas hechas por Albert en el listado de los hombres que se supone deberían eliminar.


      —¿A qué has venido Alex?, nuestros encuentros son sólo por las noches, no durante el día, te lo dejé claro. —remarcaba Albert sobando sus sienes con una expresión de cansancio e impaciencia.


     —Quién lo diría eres un ermitaño y como yo no estoy dispuesta a soportar malas caras me voy. Te veo a las 9:30 en el lugar de siempre. Sólo vine temprano porque quiero dejarte este nuevo silenciador para este nuevo juguetito.—Decía Alex entregándole a Albert un arma de mediano tamaño y largo alcance, e inmediatamente se paraba dándole la espalda con desdén.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora