Después de un almuerzo bastante peculiar en el que no faltaron las bromas y la confraternidad, Albert. prosiguió su tarde llena de muchas melodías y acordes en el conservatorio, con sus alumnos, ya por la noche se dirigía a su casa.
Hacía un buen tiempo que le daba vueltas y vueltas a una idea que aún no tomaba forma definida. Abert, no recordaba desde hacía cuando había caído en una especie de sequía de ideas. Aunque el arte de escribir nace del corazón y del alma, él siente que últimamente sus personajes y la atmósfera narrativa en el que se desenvuelven éstos se torna fría y estática. Aquello hacía que escribir cada línea se volviera un tormento. Y mucho más el intentar transferir emociones a cada personaje de papel. Porque simplemente no conseguía hacer que sus líneas vibren y transmitan sensaciones. Por ello desechaba ideas, reiniciaba episodios infinitamente...
Suena el teléfono sacándolo de sus pensamientos. lo toma de mala gana esperando que no sea nuevamente Leyla. Preguntando si ya tenía tiempo para atenderla como se debe, o preguntándole a dónde se encuentra.
-Hola, digo casi conteniendo un gemido de frustración.
- Albert, ya tengo los documentos listos, los que me solicitaste por la mañana, viste que cuando me lo propongo soy más que efectivo. - Socarronamente gesticula Silvio.
- Okey, bro, gracias. Realmente quiero salir de todo eso. - Dice Albert
- Me duchare y estaré allí lo más rápido que pueda. Dice animado Silvio.
- No te preocupes los vemos mañana. Hoy quiero terminar algo que me esta llevando bastante tiempo hilvanar. Gracias por todo hermano. -Responde efusivamente Albert.
Sin querer la idea de tener atorada una responsabilidad ajena lo estaba distrayendo de su tan preciado tiempo. Y más la presión que ejercía Leticia por atraparlo en sus redes. Por otro lado, algunas veces su rutina diaria se interrumpía cuando su editor programaba alguna firma de autógrafos en alguna librería o conferencia respecto a sus libros y quehacer literarios en el que cada día se compenetraba más. En conclusión, todo esto, le restaba tiempo para escribir; y sólo lo podía hacer en un ambiente tranquilo y sin presiones.
Albert estaba bastante malhumorado, la situación con la hija del viejo Louis aún era una piedra en el zapato. Para un hombre que gustaba de tener todas sus cosas milimétricamente programadas, todo esto lo perturbaba y no le permitía tener un control absoluto de todas sus decisiones. Por lo general era el tipo de hombre que estaba en modo abogado por las mañanas. Recorriendo juzgados a medio día, andando con los apuros tras un escrito o cargo, soportando la espera, y poniendo la cara si hay atrasos por justificar. El que abre el escritorio y sale a comerse el mundo defendiendo a quien el cree se lo merece sin licencias. Era también profesor de música en el conservatorio por las tardes y escritor por las noches. Y todo esto, siempre estaba bajo un plan que él programaba y controlaba sistemáticamente. Pero desde que Leticia le echaba a perder la paciencia con absurdos y posesividad desmedida, apareciéndosele en su vida de modo inesperado e imprudente Albert andaba al límite.
En suma, Albert era una persona bastante hermética, serio, elegante y hasta pretencioso o quisquilloso, pues tenía costumbres bastante raras. Pero sobre todo era un hombre libre y que disfrutaba de la vida sin ataduras. Jamás hacía cosas que él no quería. Todo aquello que hacía o se proponía hacer surgía del alma.
- No sé que es lo que pasa últimamente con estas líneas que no quieren fluir. -Se decía Albert bastante frustrado.
- Ahhh- gruñó Albert, exasperado. cerrando su portátil y se incorporó, cogió su chaqueta y mientras abandonaba su pequeña oficina salió de su casa a grandes zancadas.
Albert estaba molesto, y no podía darse el lujo de seguir perdiendo el tiempo. Eso era lo que más le reventaba: perder su precioso tiempo inútilmente. Por ello cogió su juego de llaves de su mesa y se dirigió a su cochera para encender su auto. Manejó a toda prisa rumbo a la casa de Leticia. Debía de una vez darle cara y dejarle en claro cuales son sus únicas intenciones para que de una vez ella sepa que de él no podía esperar ningún tipo de romances o algo parecido.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
