Albert había llegado a casa por la noche después de un larguísimo día de trabajo, se ducho y colocó una camiseta y pantalón de dormir, de pronto escuchó un coro de llantos que casi lo hacen saltar hasta el techo. Se dirigió a la habitación de los niños y encontró a tres pequeños que lloraban desesperados y entró en pánico, pues no sabía a quien coger primero. Apenas abrió la puerta de la habitación el aroma a bebes inundó sus fosas nasales, caminó por la habitación y se agachó y cogió a William, apenas lo tuvo entre sus brazos se calló, luego se aventuró a cargar al pequeño Henry el cual también poco a poco empezó a calmarse, pero no sabía como hacer para que su pequeña Lorena se callara, hasta que se sentó en un sofá y acomodó a sus dos niños en un solo brazo, luego se dirigió a la cunita de la pequeña y la alzó como pudo con un solo brazo, luego los acomodó mejor y los paseó hasta hacerlos callar a los tres dándoles un beso a cada uno en sus cabecitas. A los minutos ingresaba Ellen cansada con las mamilas de los niños, pues según ella habían despertado de hambre.
—Dame amor, ahora yo te ayudo con este coro desafinado, decía Albert orgulloso de tener entre sus brazos a sus tres pequeños tan frágiles y hermosos, dándole la mamila de uno en uno, hasta que Henry empezó a llorar demandando atención.
—A ver amor, yo te ayudo con Henry es un gruñón, cuando no se lo atiende primero, —Decía alegre Ellen, mientras apartaba un mechón de cabellos de su frente.
Algunos minutos después de haber terminado de alimentar a los niños y cambiarles los pañalitos, los dejaron en su cunita y se disponían a irse, cuando Albert coge a Ellen presionándola por la espalda con una prominente erección que la hizo sobresaltar, y empezó a besar su cuello y nuca, en tanto que con manos hábiles se introdujo bajo su bata para apoderarse de sus senos, se agachó a su altura y empezó a besar el lóbulo de su oreja, luego con una mano empezó a descender hacia su bajo vientre y metió una mano entre la delicada prenda que llevaba puesta Ellen hasta hacerla jadear. Introdujo un dedo y a los minutos dos en esa apretada grieta del amor. Con su otro brazo volvía a darle atención a una de sus recrecidos senos, haciéndola gemir con fuerza. Con una rodilla le separaba las piernas, al segundo la inclinó y se introdujo en ella de una sola estocada, haciendo a un lado su truza.
Con la fuerza que ejercía hizo remecer la cuna de la niña, hasta hacerla despertar con un breve llanto... Ellen rápidamente se agachó un poco más conteniendo sus gemidos lo más que podía, para mecer a su hija entre sus brazos, a la par que mordiendo un pedazo de mantita de la cunita de su hija contenía sus gemidos mientras Albert la seguía embistiendo con fuerza una y otra vez hasta hacerla alcanzar un maravilloso orgasmo, a los minutos él también obtuvo el suyo. La estancia olía a ella, a su perfume mezclado con el aroma a bebé, y eso le agradaba. Se tomó unos segundos para respirar, Ellen volvió a acostar a su niña en la cunita.
Albert la tomó con ternura haciéndola girar para comérsela a besos y sin perder más tiempo caminó con ellen trepada entre sus caderas hacia la pared de la habitación de los niños y estrujándole las nalgas con devoción. Volvió a introducirse en ella alzándola, desde sus nalgas, entretanto, Albert engullía con pasión una de sus tetas, bebiendo un poco de su leche. Ellen se aferraba a él envolviéndose con sus piernas deseosa de sentirlo como cada día, amándola. Ambos gimieron de puro placer entregándose en el más un puro y sincero frenesí de amor, que concluyó en el llanto de los tres niños, haciendo que ambos se echaran a reír enérgicamente.
—Bien amor, tu los despertaste, tú los haces dormir, decía agitada Ellen arreglándose la bata para ir a tomar un baño, con una mirada traviesa.
—Ya que estoy castigado creo que mínimo me merezco un vaso de lechecita tibia, por tamaño esfuerzo, decía Albert haciendo un puchero, al ver salir a Ellen de la habitación de los niños.
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A FAVOR DEL AMOR
RandomUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
