Capítulo 25

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-¿Silvio has visto a Albert?

-Mmmm am eh ¿Silvio?, digo ¿Albert?, mmm no sé wei.

-Llevo un rato despierto, me duche y les hice desayuno, pero desde que me levanté no lo ví. Supuse se fue un momento al baño, y simplemente cogí el baño de abajo de su habitación, incluso esta ropa que traigo puesta es suya, la tomé de su vestidor. ¿Que extraño?. ¿Se habrá ido a trabajar ya?.

-Es muy posible, con lo jodido que es él ya ha de estar en el bufete jodiendole la vida a la pobre de su secretaria.

-¡Pobre! no se como le aguantan tanto, es mi amigo pero es un hijo de puta cuando se mete a ese bufete.

-Tu lo has dicho, Marcelo, Albert es un hijo de puta que ya ha de estar por marcar mi celular. ¿Viste donde lo dejé? ¡No está mi celular!.

-A lo mejor lo dejaste en tu auto. Allí no lo tienes cargando a veces.

-Cierto, creo que lo dejé ahí. jajajajajajajaja

-No le veo el chiste a ello.

-Yo sí, a esta hora Albert debe de estar odiandome y tener ideas de cómo estrangular mi hermoso cuellito. -decía Silvio haciendo un infantil puchero.

-jajajajajajajaja Ya mueve ese trasero y baja a desayunar que yo también debo ir a trabajar. Y mira son casi las 11 y media y yo aún estoy aquí.

-Esta bien papi. -Decía Silvio risueño mientras se dirigía a una de las habitaciones para tomar una ducha.

-hey! A donde crees que vas.

-Pues a ducharme, a donde más -argumentaba Silvio bostezando.

-Pues te duchas abajo, en el cuarto de Albert tienes ropa limpia, no pensarás subir a mi camioneta oliendo a licor.

-¿Cómo?, pero si yo tengo mi fragancia natural, para nada que estoy oliendo a ebrio de mala muerte. 

-Ya apurate que me urge irme.

-¿Ya ves? y ¡después dices que deje mi auto, que yo te llevo! ... Conste que lo dejé para complacerte, tu querías disfrutar de mi agradable presencia...

-Ya, ya, no seas quejoso, y apurate. Y para que veas que soy un buen amigo, mientras te duchas te envuelvo el desayuno para que desayunes en mi auto mientras llegamos.

-okey okey.

Algunos minutos después ambos amigos llegaron en medio de grandes risotadas a Aromas Peruanos. Silvio se subió a su auto y se fue a toda prisa al bufete. Al ingresar saludo a su secretaria. Allí se extraño que Albert no se encontrara en su oficina, así es que salió nuevamente a toda prisa de regreso hacia Aromas Peruanos, en busca de noticias de su amigo, pues lo había estado llamando toda la media tarde y Albert no le contestaba el teléfono. Al retornar sube a la oficina de Marcello.

-¡Hola bro!, ¿me puedes decir a donde enterraste a Albert? -dice Silvio irrumpiendo en la oficina de Marcello.

-¡Eh! que tonterías dices, -le contesta Molesto Marcelo

-Mira, Albert no está por ningún lado, e intentado ubicarlo a través del celular y no contesta mis llamadas. Es como si se lo hubiera tragado la tierra. Y la verdad, ya me estoy empezando a preocupar.

-Ahora que lo dices, es raro. Albert no acostumbra desaparecer. -Comenta pensativo Marcello cogiendo su barbilla en señal de estar pensando un posible caso de fuerza mayor que lo hubiese obligado a irse a toda prisa.

-Marcelo y si hubiera llamado Leticia cuando dormíamos, o si a lo mejor ella hubiera venido hasta aquí y se lo llevó a algún lado con alguna excusa. Recuerda que esta loquita por sus huesitos.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora