Un hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
Albert en un abrir y cerrar de ojos la beso con deseo, con pasión. Mientras él sujetaba su cuello ella empezó a enredar sus manos en su cabello. Llevaba casi tres largos años sin saber cómo saborear un buen beso y tenía muchísimo tiempo más sin pareja, y esos momentos que se permitió con Ellen lo tenían más que fundido en una maraña de sensaciones que lo obligaban a profundizar cada vez más el beso.
-Ellen se decía ¿Qué me pasa, por qué no lo aparto?... ¡Maldición! y mil veces maldición ... ¿Por qué me tiene que ocurrir esto a mi?,... difícilmente y puedo controlarme... Apenas e intento respirar, ... ¡Dios!... su aroma, su maldito aroma se está ya impregnando en mi y en todo el baño. Estoy desesperada y no puedo concentrarme en nada.
Ellen tenía las piernas hechas gelatina, y toda ella era un manojo de nervios. Albert era el primer hombre que la besaba de verdad, pues todos sus novios habían sido de ficción. Incluso Max Weber era sólo una ilusión que se materializaba cada vez que ella lo pensaba, y aunque no tenía rostro, ella imaginaba sus besos. Y esos besos que muchas veces ella imaginó no eran tan maravillosos como el que estaba recibiendo de Albert. Ese era único, sublime, extraño, húmedo, maravilloso simplemente no tenía comparación con nada que antes haya experimentado.
Albert casi había llegado al límite del control, estaba desesperado por hacerla suya. No sabía por qué ni cómo Ellen se le había metido bajo la piel, y esa fiebre pasional lo ponía a cien, y estaba tan excitado y caliente que de un momento a otro se corría en sus pantalones -Jadeo ansioso por hacerla suya, cambió de posición y la levantó sobre el lavado para disfrutar mejor de ella sin despegar su boca, era el beso más largo de su vida. Mientras que Ellen levantaba su brazo inclinándose hacia atrás para darle un mejor acceso hasta que un carraspeo los interrumpió. Ellen fue la primera en darse cuenta y se sobresaltó, haciendo que recién Albert se percatara que estaban siendo observados por un cliente que deseaba usar el lavado, que precisamente ellos ocupaban.
Albert bajó de un movimiento ágil a Ellen envolviéndola con su cuerpo para evitar que el hombre no mirara los sonrojados pómulos de Ellen ni a Ellen. Y sólo se le ocurrió abrazarla para cubrirla, por otro lado, tenía una descomunal erección que amenazaba no bajar con nada en el mundo. Albert suspiró profundamente. Le dió un beso a Ellen en la frente y cogiéndole una mano salió con ella del baño hasta el apartado.
Ellen seguía absorta, su corazón seguía latiendo desaforado, sólo caminaba como una autómata, siguiendo a Albert tomada de la mano. Sentía que acababa de traicionar a Max Weber, y no podía creerlo, después de todo, le había más que ustado ese beso, y no sólo el beso sino tambien, ahora que había observado mejor a Albert, también le estaba empezando a gustar Albert. Si lo pensaba mejor, él tenía casi el mismo timbre de Max Weber, era muy alto, le encantaba su olor a hombre, su rostro, sus ojos...
Albert por su parte no dejaba de pensar en cada uno de los jadeos y caricias que acababa de vivir en el baño con Ellen, simplemente no podía apartarla de su cabeza. Aunque su celular vibró varias veces, no lo atendió. Lo dejó vibrar, no quería que ninguna voz irrumpiera en medio de las sensaciones vividas. -Bien dicen que entregar todo tu amor a alguien no es garantía de que siempre te amarán -se decía Albert.
Albert se paró de improviso al ingresar al apartado y acercándose a Ellen cogió sus dos manos y le dió un beso en las manos y luego le dijo: -Yo sólo espero que lo mucho o poco que pueda darte lo valores, porque te daré lo mejor de mi: te entrego mi corazón, porque él te eligió. ¿sabes? yo sólo espero que un poco de amor crezca en tu corazón para mi. Por último, sólo quiero que sepas que si seguimos juntos o si nuestras vidas tomaran diferentes rumbos y tuviéramos que separarnos, siempre agradeceré que hayas tocado mi vida y que con nada pagaré la felicidad que me has proporcionado en ese pequeño lapso de tiempo, aun cuando al cruzar esa puerta hayas decidido no estar conmigo pediré a Dios que seas feliz, y tu felicidad siempre será la mía... no sé qué es lo que realmente siento, pero sea lo que sea que siento por ti... sólo sé que tienes mi corazón en tus manos... -Por favor, no lo lastimes y nunca te alejes sin decirme adiós.
Elena quedó más que muda, no podía asimilar muy bien lo que estaba viviendo, ni mucho menos responderle a Albert, pues a pesar de ser su vecino, y haber coincidido un par de veces en circunstancias adversas, seguía siendo un extraño. Así que no respondió, simplemente huyó tan rápido como sus pies la pudieron alejar de esa escena, caminó hacia la oficina de Marcelo y pidió salir temprano. Tenía que pensar, caminar un poco y pensar en qué pasaría con ella y Albert. Sólo sabía que su sonrisa, sus gestos, su voz en la medida que lo pensaba se iban haciendo más bellos.
Albert corrió lo más rápido que pudo hacia el exterior, ni bien pudo hilar una idea coherente. Aún se encontraba más que perturbado, excitado y ¿celoso?.
-¿Qué?, apenas y la conozco y sé su nombre y ya siento celos. -Pensó Albert; ¡Dios matame! pero no lo puedo evitar, siento celos de Marcelo, de los meseros del personal, de quien pudiera ver lo que ella es. Siento que simplemente ella es para mí.-Pensaba Albert.
Mostrando una tranquilidad atípica, pues todo lo concerniente a ella lo alteraba, salió de Aromas Peruanos con rumbo al estacionamiento, y de allí se fue directamente a su casa, le importo muy poco la clase que debía de dar a sus alumnos, sólo quería volver a tener a Ellen entre sus brazos, y revivir cada instante de ese beso, que aún lo tenía más que caliente.
-¡Albert!, ése es su nombre, se dijo Ellen. Mientras torcía su boca -habló bajito. La mujer dejó salir un suspiro cansino. Ellen jamás cambiaría, desconfiaba de todos y no le daba crédito a nadie. Y pues, aunque le gustó muchísimo el beso de Albert y hasta Albert mismo. No concebía una vida solitaria, pero tenía dudas que alguien como Albert pudiera sentir algo por ella así tan de repente. Si hacía poco no había hecho más que hacerle desplantes -Pensaba Ellen, mientras ingresaba a su casa.
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