Capítulo 44

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—Vayan para la derecha debemos salir como si fuéramos a una emergencia cualquiera, hay una urbanización cercana a 10 minutos. —Dice el francotirador pasándose al asiento del copiloto en plena marcha, después de colocarse una chaqueta blanca abierta.

—Muy bien, hacia allá iremos.

—Silvio, ¿cómo te sientes?, te noto extraño, llevas todo este tiempo sin abrir la boca. Bastante extraño en ti. —pregunta Albert tratando de indagar qué es lo que le pasa a su hermano del alma, al verlo cabizbajo y muy ensimismado.

—¡De la patada!, por lo pronto, creo que mi especialidad será dormir y llegar tarde a todos sitios para soñar con Lucero, ¡esa enfermera trae lo suyo!,... no sé si solo es atracción a primera vista que siento con el cuerpo, o qué, pero Lucero me hizo sentirme más con los pies en la tierra, y no deseo estar en otro lugar que no sea a su lado. Sé que sólo la he besado dos veces, pero con cada beso he sentido que le he entregado todo. Las palabras no eran necesarias, porque con su sola mirada la entendía... Junto con ella he hasta perdido el orgullo y puedo jurar, que ella también lo ha perdido, ¿sabes? no me apena confesarlo, pero con Lucero es la primera vez que he sentido ese cosquilleo en el estómago que no te deja estar tranquilo ni un momento. Son muchas las sensaciones que he experimentado con casi nada, pero han sido miles de emociones que han recorrido mi cuerpo. Por ello creo que ese maldito que me atravesó la bala era Cupido, hermano, ... ¡Estoy enamorado hasta de las letras de su nombre!. Y eso... ¡me asusta!

—Tranquilo Silvio, tenía que pasar en algún momento, a mí me pasó con Ellen, y por lo que veo a ti con tu enfermera. Y por como te mira, sé que ella no te es indiferente.

—¿Estás seguro cabrón?, ¡la muy jodida ni me pela! —Se queja Silvio haciendo gestos dramáticos.

—Clemente, oíste eso, ahora resulta que también perdimos a Silvio.

—Oye, Silvio creo que esa chica te va a poner a caminar derechito derechito, ¡mirate!, si no teniéndola ya andas así, ya te veo como su fiel perro faldero en busca del cariño de su amo para moverle la cola.

—¿Quieren ver si no nos siguen, y dejan las estupideces?, esto ya parece una revista magazine rosa. —comenta Silvio.

—Ven esa esquina, allí se baja Clemente y se va a ir a ese café del frente, allí dentro pide un taxi del teléfono público, no quiero que levantemos ningún tipo de aviso, en este momento boten todos los chips de sus celulares, porque no quiero que nos vayan a rastrear, hay algo que no me está gustando, no sé cómo nos interceptaron la segunda vez, pero no daremos opción a una tercera. —comenta el francotirador.

—Bien chicos aquí me bajo, pero quiero que me acompañe Silvio, después de todo es menos sospechoso que dos doctores caminen juntos, a que coincidamos un civil y un doctor a la vez. —Comenta Clemente bajando de la puerta del conductor de la ambulancia. Después de estacionarse frente a un Starbucks, dirigiendo su mirada a Silvio para que éste baje junto a él, con un movimiento de cabeza.

—Oye, papi, ¿me regalas unas monedas?, recuerda que andaba en cueros y luego me dieron este trajecito que no tiene ni un quinto encima en los bolsillos. —Dice Silvio dirigiéndose a Albert.

—Toma, aquí tienes tu billetera, todo este tiempo la traje en el otro bolsillo trasero. Y esta es tu tarjetera, llaves, brevete, tarjetas y eso. —Comenta Albert extendiendo la mano para entregarle sus cosas.

—¡Hey!, ¿y mi libreta de nenorras? —Pregunta Silvio

—¿Tu quee?...—repregunta Albert sorprendido.

—No nada, sólo te estaba probando, esa está en mi directorio telefónico, en el celular, —dice Silvio con calma volteando y dando zancadas para alcanzar a Clemente. Y sonriendo socarronamente tras guiñar un ojo a Albert.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora