En medio de una nube de polvo ocasionada por el desplome de uno de los edificios aledaños, a pocas cuadras del hotel en el que están alojados Albert junto a su familia y amigos, los niños inician un llanto prolongado y desesperante que alerta a todos los hospedados, hasta que cada uno de ellos es levantado y acunado en los brazos de sus padres. Para Ellen la situación de alojarse en un lugar tan modesto no le quita el sueño, sin embargo, el lugar le trae recuerdos del día del incendio en el que perdió a su buen amigo Ernesto.
Minutos más tarde sale al hall del hotel y sentada frente a unos maceteros le canta a sus niños hasta que de pronto escucha un comercial desde una radioemisora popular conocida; "Max Weber se presentará a una conferencia de prensa para dialogar acerca de cómo descubrir los grandes talentos de los niños a través del juego, con una gran docente seguidora del Método Montessori". ...¡Música para los oídos de Ellen!. Inmediatamente saca un bolígrafo de los que siempre usa de Albert para sujetarse el cabello y dejando caer su hermosa cabellera, anota en su palma de la mano, la dirección, día y hora que le es indicada por el locutor de radio, para dicha entrevista en vivo. La alegría que irradian sus ojos y rostro resplandecen en ella, sorprendiendo a Albert en el acto.
—¡Conoceré a MAX WEBER!, gritaba Ellen, dando vueltas por todo el hall, con sus dos trillizos en sus brazos.
—Ellen, ... amor, no crees que ya no debes de pensar en esos amores de revistas, ¿Es que acaso no te basto para satisfacerte toda? —Dice Albert acercándose, con la niña en brazos, con una mirada algo alarmada. Ver resplandecer a Ellen en un instante, sólo por escuchar la mención de ese tipo, al que él ya no oía en casa desde hacía meses, le produce ese prurito que le carcome el ego. Mal llamado celos.
—Lo... lo siento Albert... sé que todo esto es estresante, ... y no lo puedo evitar. Pero ... ¡es Max Weber, Albert!. —Comenta Ellen acercándose a su rostro para empinarse y alcanzar los labios de Albert, y borrarle la cara de pocos amigos, con una gran sonrisa.
—Mirame a los ojos, Ellen. Dime que me amas, —Comentó Albert acercándose a acomodarle un mechón de cabello a su oreja, haciéndola estremecer.
—¡Claro que te amo Albert!, es ... sólo Max Weber, ¡yo admiro a ese hombre!, ...tanto como tu a tus músicos raritos. A pesar de ser todos aburridos y no saberse ninguna letra. ...Definitivamente no le encuentro el gusto a esos acordes raros. ¡Nada que ver!. Como el rock, el reggeton, o los ritmos alegres ¡no hay nada que se les compare!. —Comentaba Ellen girando alegre con sus niños. Ganándose un fruncido gesto de Albert.
Minutos más tarde con los niños dormidos, Albert se acerca por detrás de Ellen recorriéndola por los lados con sus enormes brazos, explorándola toda y acariciando su cuello desde atrás. Ellen voltió para apartarse de Albert, y mirarlo seriamente.
—¿Quieres llevarme a la cama directamente para no pelear?—dijo Ellen poniendo sus brazos en jarras.
—¿Eso piensas?, pues te diré, que me da igual lo que creas, pues el resultado será el mismo querida, ¿mira como me tienes? —Decía Albert señalándose hacia abajo.
—¡Eres un calentón de primera! Pero ...Te amo. —Se sonríe Ellen tirándose a los brazos de Albert.
—Y te gusta mucho, así que no te hagas. —comentaba Albert levantándola en brazos, mientras su boca buscaba llegar a la suya en un beso desesperado haciendo que Ellen se removiera tras la alocada sucesión de besos que se perdían en el valle de sus senos...
Albert no se contuvo y tironeó de su blusa hasta hacer volar sus botones de uno en uno, e igual suerte corrió su sujetador y bragas. Como un loco sediento le desgarró la ropa a Ellen mientras se daba gusto succionando sus pezones alternadamente.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
