Capítulo 51

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Hola cómo estás acabo de escribir este capítulo en un solo tirón hace apenas unos 15 minutos así es que te pido disculpas si encuentras fallos, pero la verdad es que estoy teniendo problemas con el tiempo para sentarme a escribir como se debe. Por aquí las cosas no están tan amables con mi tiempo. Espero me comprendas.  Y bueno ya no te hago largo el cuento y te dejo leer sin interrupciones.

Pero antes quiero agradecerte por comprender mis demora, y gracias por acoger esta historia que les dedico con mucho cariño a dos grandes amigos Arturo y Milko que siempre están apoyándome a continuar este proyecto. Un abrazo para todos y Pura Vida.

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Por la tarde Carlos, el francotirador acompañó a Silvio y a Albert hacia una de zona industrial casi a las afueras de Lima, hasta que ubicaron, según una de las direcciones de la libreta, uno de los prostíbulos más grandes de Lima, el acceso era restringido. Sólo para asociados, por lo que se quedaron fuera. 

Estando a punto de partir, Albert se topó con uno de los abogados del poder judicial que, estaba como fiscal en uno de los procesos que él había dirigido hacía un par de meses atrás y sin demora se le acercó con su habitual saludo y sostuvo con él una conversación de macho alfa, tratando de dar a conocer una faceta de playboy discreta, de una vida licenciosa poco vista, que al instante fue bien recepcionada por éste y su grupete de amigos. Por ello le fue fácil presentar a Carlos y Silvio con los compañeros de juerga del fiscal, aduciendo que sus presencias se justificaban en tanto pensaban celebrar el cumpleaños de Carlos en el establecimiento. Pero como no había estado nunca antes en la zona desconocía que fuera de ingreso exclusivo para asociados.

Juan, el fiscal, fácilmente creyó en el cuento con el que Albert le estaba contando y sin mucha demora habló con los fornidos custodios del ingreso para que con él pasen como invitados Silvio, Albert y Carlos al lugar.

La música no tardó en escucharse a todo volúmen, ni bien traspasaron la entrada. A la derecha una plataforma a modo de mesa ovoide. Adelante tres filas de butacas con posa-vasos a los lados y un tablero de control que permitía marcar una numeración del uno al diez que se le otorgaba al vikini que vestían cada una de las mujeres; por la que se pugnaba a modo subasta mientras realizaba su coreografía y streptease. Al fondo una barra desde donde las anfitrionas servían tragos, pastillas mágicas y condones a todos los asistentes. A la izquierda un pasadizo con luces de tonos lilas y rojas que conducía a unas pequeñas cabinas con camas. Cada fila de butacas era servida por anfitrionas bien proporcionadas en minúsculos bikinis. 

Unos hombres trajeados de semblante duro cruzaron delante de las butacas de Albert y sus amigos sin siquiera voltear a observarlos, uno de ellos se posicionó detrás del fiscal y le hizo un ademán para que se incorpore, y a lo lejos, del otro extremo del grupo de hombres que acompañaban al fiscal empezó a ingresar un grupo de cinco curvilíneas chicas, con diminutas prendas que dejaban muy poco a la imaginación, las luces se apagaron y sólo se encendieron las que las iluminaban directamente a ellas. Durante la coreografía de movimientos eróticos, sobre un estrado ovalado que a muy poca altura dejaba observar muy de cerca unas hermosas y torneadas piernas que se perdían en las diminutas falditas a cuadros. Las blusas de todas abiertas lo más posible para dejar apreciar unos voluminosos senos asomándose.

La música y los movimientos alborotaba a la platea,  que le acercaba lo más que podía hacia el borde de la plataforma haciendo movimientos obscenos. 

Una rubia de tanga negra con el cabello negro cayendo como en cascada con un tatuaje de serpiente a lo largo de su pierna se acercó desde atrás y se lanzó al regazo de Albert, y empezó a abrirle los botones superiores  de la camisa y empezó a besarle la oreja tratando de excitarlo. 

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora