Capítulo 27

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Después que se marcharon sus amigos Albert corrió presuroso al reencuentro de Ellen necesitaban conversar mucho, hacer un sin número de planes, empezar a salir como lo que ya serían: una pareja. Aunque supuestamente, aún oficialmente Albert no tenía ningún título ante Ellen.

-¡HOLA!... ¡ELLEN!...  Ellen cómo estás  ¿qué haces? -decía Albert al otro lado de la puerta, con la cabeza apoyada en el marco de la misma.

-Ya va,...  un momento... ¿Albert?, -Comentaba Ellen abriendo la puerta y encontrando a un Albert con una mirada penetrante y un brillo peculiar en ellos.

-Mmmju si... ¿quién más?, Un momento... es que...  ¿esperas a alguien? -Comentó Albert con algo de celos.

-¿Alguien, como tu... tal vez?, -expresa Ellen con coquetería, ganándose un fuerte abrazo de Albert, que en breve la tenía alzada en vilo.

-¡Eh!, un momento, estoy un poquito cansada, me duelen algunos músculos que nunca había movido por tanta acción del día.-Respondía Ellen con un puchero que se le hizo sensual a Albert.

-Eso es por falta de ejercicio cariño, pero con más ejercicio se te cura eso. Y en eso yo puedo ayudar. -Decía Albert muy coqueto, mientras acariciaba su rostro y cerraba la puerta con un pie.

Ambos se unieron en un beso que parecía siglos hubiesen anhelado. Fue un beso lento, delicado, en el que  Albert intentaba controlar ese ardor que lo inundaba cada que tenía al frente a Ellen. Le dió un apretón en las nalgas y juntó su frente con la de ella, acto seguido la cargo ágilmente hasta depositarla en el mueble sobre sus piernas. 

-Y bien qué te pareció un día siendo completamente mía, -decía Albert mientras le repartía besos suaves por su cuello y hombros levantando las tiritas de su blusa para no dejar ningún espacio de hombros sin besar.

-¡Albert, ya, para!, así no podemos conversar nada en serio. -Comentaba Ellen con las mejillas ardiendo. -Es que acaso ... no puedes detenerte de... tocarme.

-Mmmm si, si puedo pero no quiero, me gusta mucho tenerte así. -Decía Albert mientras le acomodaba el cabello a Ellen tirándolo hacía atrás. ¿Te parece si te llevo a desayunar?.

-¿Estas loco?. ¿Desayunar casi a las 8 de la noche? -Decía Ellen sonriendo.

-Parece que me vuelves loco y me haces perder la noción del tiempo. Por cierto, a partir de ahora creo que debemos de desayunar juntos para ir conociéndonos mejor. Quiero saber que te gusta, como piensas, qué deseos tienes y todo de ti. ¡Ah! Y qué te gustaría desayucenar. Pues te recuerdo que lo único que hemos comido hoy ha sido nuestros cuerpos. Y aunque ardo en deseos de volver a enterrarme dentro de ti, no quiero verte desfallecer de hambre. Y disculpame hoy me ganó el entusiasmo y las ganas de ti... y bueno sin querer hicimos ayuno involuntario.

-Me pregunto si así de apasionado eres para otras cosas, no se... el trabajo, quizás. -comentaba seria Ellen, mirando a Albert detenidamente.

-Pues verás, si soy apasionado en mi trabajo, pero en cuanto a dedicación para culminar lo que me propongo como meta del día, no creas que me ando tirando a cuanta mujer bonita se me atraviesa en el camino. A lo mejor no me creas, pero hace algo más de cuatro años que no tenía esas ganas de besar a alguien. Y tu encendistes un fuego que no sabía que existiese. Tienes un algo que no solo me atrae, sino me completa. Eres mi medida justa Ellen, creeme. Me tienes como un loco...

-¡Albert! creo que exageras un poco,... pero te tomo la palabra, porque yo muero de hambre, no pruebo nada desde ayer. Al parecer tu locura te hace ser un poco malvadillo.

-¡Vamos hermosa! te llevo a Aromas Peruanos a comer algo delicioso.

-¡Si! vamos, déjame coger mi bolso y algo de dinero.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora