Capítulo 33

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Todo iba bien en el mundo de fantasía de Ellen hasta que empezaron a llegarle correos electrónicos de un tal "tu apasionado crush" a su celular. Los primeros fueron mensajes de texto que ella asumió podrían ser una nueva faceta de Albert, pues en toda la semana él había estado mencionando que uno de sus personajes de su libro se había envuelto en un romance con un crush y debido a eso iba a cambiar un poco el giro de su historia...

....

—¿Albert?

—.....

—¿Albert?

—¿Aló?... ¿Quién está ahí?, no es gracioso, si eres tu... ¿Albert? ¡ya verás cuando te vea.! —Colgaba el celular molesta Ellen, pues con cada timbre del teléfono se sobresaltaban los niños y empezaban a llorar. Por ello decidió poner el teléfono en modo vibrador para no tener que estar constantemente calmando a los pequeños, sobretodo a la pequeña Lorena que era quién más nerviosa y llorona era.

Por la tarde al ya no contestar el teléfono comenzaron a llegarle una serie de mensajes de texto, todos de tu apasionado crush;

 —"tu apasionado crush"; ¿cómo ha estado tu mañana?

Ellen suponiendo que Albert la había estado llamando, sólo respondió bastante cansada, pero sin novedad. El segundo mensaje le llegó como al medio día

—"tu apasionado crush": ¿No te interrumpo?

A lo que Ellen le pareció tierno y solo contestó: ¿Qué cosas dices?, tú nunca me interrumpes, solo cuando deseo dormir y tú no, por la tarde una vez más le llegó otro mensaje que decía: 

—"tu apasionado crush": Tengo unas ganas desesperadas de comerte, espero con ansías tenerte entre mis brazos por la noche. Esperame lista y en cuatro. 

Cerca de las 8 de la noche entró otro mensaje, pero a diferencia de los anteriores este venía acompañado de un mensaje de voz que decía: 

—"tu apasionado crush"; Adivina quien se está comiendo a una cliente en el sofá de mi oficina. seguido de audio en el que se escuchaban jadeos y gemidos de una mujer, teniendo sexo y pronunciando el nombre de Albert.

A lo que Ellen contestó; Mal nacido hijo de puta, voy a quemar todos tus manuscritos.

Ellen de un momento a otro tiró el celular colérica.

—¡Albert si te vuelvo a ver no se que mierdas te hago!, cómo puedes tener el cinismo de refregarme en las narices que tienes una amante. ¡Claro! Ya entiendo por eso sale de vez en cuando temprano de casa!... ¿cómo hoy?. ¡Claro y la imbécil se queda a cuidar de sus hijos!, Aquí encerrada entre cuatro paredes. Pero esto no se queda así, apenas llegue me va a oír. No seré abogada pero esto es algo así como un divorcio.

—¿Qué carajos? son casi las diez y el imbécil no llega —pensaba Ellen al borde de un colapso por la ira contenida. 

Cerca de las once de la noche, llega Albert acompañado de uno de los guardaespaldas y se dirige directamente al pent house llevando algunas cajas pesadas, minutos después llega Silvio con unas cajas pequeñas y también las sube al penthouse, llamando la curiosidad de Ellen, que había estado agazapada pensando en cómo decirle que se busque donde vivir, porque ella no pensaba pasar ninguna noche más con un hombre como él.

Fueron casi dos horas en las que las cajas entraban a la casa y se trasladaban al penthouse, después que hubieron llenado de cajas a la nueva habitación de Silvio, Albert llamó a Ellen.

—¡Ellen! ven a conocer a Carlos, —me llamó Albert que fue el primero que bajó a saludarme.—¡Ellen!, insistió dos veces más por lo que tuve que acercarme.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora