Albert dormía plácidamente en su cama después de casi cuatro meses de incomodas noches sentados en su silla giratoria. Afuera un alboroto se cernía en torno a la entrada del hotel.
Uno de los francotiradores de su escolta retenía a un grupo de hombres que prepotentemente ingresaban al vestíbulo del hotel.
Mientras abajo en el vestíbulo se armaba una revuelta, Silvio iba subiendo las escaleras haciendo una llamada a Clemente para avisar a la seguridad del piso de Albert. Y veían la mejor forma de salir con los niños del edificio.
—Aló, Ellen ¿Albert?
—Aún duerme.
—Despiértalo, tenemos problemas abajo hay hombres que vienen por él.
—¡Mierda! ¿Estás seguro, Clemente?
—No pierdas tiempo, despierta y avisa a Albert, cinco de nuestros hombres tratarán de detenerlos a fin de ganar tiempo.
—Entendido.
Ellen fue hacia el cuarto y encontró a un Albert profundamente dormido, le dió pena observar lo cansado que se encontraba, pero era preciso estar a buen recaudo. Lo movió varias veces, hasta lograr despertarlo.
—Mmm que bonita te ves por la mañana, ¡ven aquí! déjame darte un beso, de esos que extrañé darte. —Decía Albert sentándose de inmediato para atrapar a Ellen en sus brazos.
—Amor estamos en problemas, abajo hay un grupo de hombres que están tratando de ingresar a la fuerza, Clemente dice que vienen por ti, y quiere que salgamos, pero no veo cómo, eso está difícil.
—¡Ellen, amor!...¿ porqué no me avisaste? —Decía Albert saliendo de la cama y corriendo desnudo como loco en busca de qué ponerse. Encontró un pantalón que usó el día anterior y mirando a otro extremo divisó su sudadera, la misma que había usado la tarde anterior y con ella a punto de colocársela se caminó rumbo a la cama del frente para ver a sus niños dormidos abrazados entre sí.
—Albert, pero y los niños, ¿cómo salir con los cochecitos? llamarán mucho la atención.
—¡Ven! —Le decía Albert, caminando y recogiendo al vilo los tres bolsos de los niños que siempre estaban a mano y se los colgó en el hombro junto a su maletín con el arma de francotirador y se los echó al hombro. Levantó como pudo a dos de los niños y con Ellen con el tercero en brazos salieron con los tres niños.
—Albert, ¿hacia donde vamos?
—Sígueme, mi vida. Los pondré a salvo.
Albert siguió a zancadas hacia la parte superior del hotel y estando en la azotea del edificio, se apeó al filo del techo constatando que la soga con la él se acercó al edificio del hotel aún se encontraba allí. Al divisarla, observó que estuviera en buenas condiciones. Le dejó a uno de sus hijos en brazos de Ellen y se trepó en la cuerda y como pudo atravesó hacia el techo opuesto, dejó a su hija en el piso junto a los bolsos que cargaba en la espalda y volvió a regresar a toda prisa, para pasar a su segundo hijo... Y así lo hizo hasta que le tocó pasar con Ellen colgada de su cuello y sujeta de su cintura con sus piernas.
Una vez hubieron pasado los cuatro al otro lado soltó la cuerda y agitándola con fuerza pudo sacarla de donde la había atascado y la envolvió y guardó en su maletín; para luego iniciar el descenso hacia el primer piso y salir sin que nadie los viera, por la escalera de emergencias. Al llegar a la calle, Albert abrazado de sus dos pequeños con el corazón acelerado paró un taxi y subió junto a Ellen y los niños. Se trasladaron sin rumbo fijo hacia donde Albert consideró un lugar adecuado para poder bajar. Allí volvieron a coger un taxi y terminaron cerca a la zona humilde en la que Ellen vivió con Ernesto.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
