Capítulo 13

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Ellen como cada mañana se levantaba temprano y encendía el radio y se ponía a bailar mientras organizaba su casa, antes de salir a trabajar. Sólo los martes, jueves y sábados escuchaba atentamente la voz mas sexi y espectacular de "doble V jota K": Max Weber. La voz que se personificaba para Ellen en una corporeidad divina, innegablemente masculina. Cada palabra emitida por Max Weber era sexi: La voz. Ese torrente de palabras, en las letras sonidos y el sonido... Max Weber.

- ¡Max! , eres la melodía perfecta de mis oídos, tu voz endulza mis sentidos y llena mis fantasías. Hay una fuerza de energía que entra en mí e inspira mi alma y la alienta de paz. Max Weber, cuando te escucho lo llenas todo. Tú voz es tan especial que controla mis emociones de princesa enamorada. Me duermes, me mimas con esa voz gruesa y varonil que me acaricia  y llena de palabras tiernas y poderosas. -Dice eufórica Ellen. 

-¿Se puede?

...

-¿Ellen?, ¡Ellen!, En serio estás hablándole al parlante. -Preguntó sonriente Ernesto por la ventana del departamento de Ellen.

-¡Claro que sí! -Decía Ellen con ojos lagrimosos.

- ¿Es que acaso estás llorando, niña? - Preguntó Ernesto algo curioso.

- No. Lo que pasa es que Max dice las cosas más lindas del mundo, y yo lo adoro. Adoro su voz, su programa y todo lo que dice. Es mi crush. Comenta eufórica Ellen.

- Tu ¿qué? -Pregunta Ernesto

- Mi crush. Osea mi platónico. Max Weber es el hombre más cool y sexi del mundo -Contesta Ellen.

Ernesto mete la cabeza y apoya los brazos en el alféizar de la ventana de la salita de Ellen y  contempla curioso a la alegre Ellen danzando alrededor de la sala barriendo, ordenando,  limpiando, y cantando. Como una mariposa que alegra el jardín, de pronto comenzó a recordar aquellos años en los que él y su mujer desearon tener hijos, tal vez Ellen tendría la edad de una de sus posibles hijas. De pronto su pecho se calentó y sintió un revoltijo de emociones en la boca del estómago; ansiedad, incredulidad, ternura, pero sobre todo la ilusión de haber encontrado en Ellen la hija que siempre deseó.

-Don Ernesto, ya terminé, ahora si me ducharé y me voy a trabajar, hoy otra vez me tocará atender mesas desde el medio día. Espero que no hayan inconvenientes como la vez anterior. -como con el tipo del carajo del itro día. Dice Ellen cabizbaja.

- No te preocupes hija, se que tu puedes con eso y más. -Le dice Ernesto dándole confianza y animandola.

Ellen se despidió de Ernesto, se ducho y trasladó a toda prisa a Aromas Peruanos. Bajó en el paradero de buses de siempre y caminó tres largas cuadras para llegar al establecimiento. Al cruzar la calle casi es atropellada por un taxista, que dobló bruscamente a la calle que cruzaba Ellen pasándose por alto la luz roja. Ella, colérica se plantó en medio de la pista y comenzó a reclamarle al taxista su imprudencia, llamando la atención de Albert y Silvio que precisamente bajaban del taxi que casi la atropella. 

- Claro que se podía esperar del idiota del café que por una manchita ridícula me quieras echar el taxi encima. -Escupía Ellen malhumorada.

-Discúlpame, pero debo de aclararte que yo no conducía, era el chofer del taxi. Al reconocerla fue lo único que atinó a decirle Albert.

- Claro, excusas hay miles para su venganza. - Contesta Ellen alejándose rumbo a Aromas Peruanos

-Vaya que te gustan las complicadas, dice Silvio risueño a Albert mirando alejarse a la bella mujer.

- ¿No te entiendo? -Responde Albert.

-Yo te ví como la miraste, y no te culpo es realmente hermosa la condenada, ahora entiendo porque vienes seguido por aquí.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora