Capítulo 45

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—¿Cómo estás bro?, no pensé que estuvieras ya aquí, te dije que llegaríamos, pero no la hora, y la verdad no supuse que nos esperaras. —Dice el francotirador.

—Pero qué le pasó a Albert, tiene cara de .... —Comenta Marcelo al ser interrumpido por Silvio.

—¿Perrito faldero huérfano?, yo creo que sí, además está urgido de Ellen—Comenta risueño Silvio palmeando a Albert.

—¿Chicos como están?, pensé que llegarían más temprano y madrugue para hacerles un delicioso desayuno, pero no se preocupen pasen por aquí directo a mi casa, no queremos soplones ¿Cierto? —Plantea Marcelo, haciendo que los cuatro hombres se dirijan directamente a la escalera de servicio que el tiene escondida tras una pared móbil. Pasen a bañarse, cambiarse y desayunen algo contundente, dice dirigiendo a los tres a una salita, pidiéndoles hacer turnos para usar el baño del pasadizo, y entregándoles sus mudas de ropa. Y conduce a Albert al piso superior, para conversar, pero al subir le dice; "en la puerta de el fondo te dejé una sorpresita, que espero la sepas agradecer". ¡Ah!, y no hagan mucho ruido, ...que ya los conozco de entusiastas y fogosos.

—No entiendo, Marcelo a qué te refieres.

—Ya lo entenderás al abrir la puerta, hermano.

—¡Oye Marcelo!, ...si que tienes muy mal gusto, esta camisa no combina con mis ojos azules, ni con mi estilo, ¿esto lo compraste en una oferta de shampoo? o algo así. —Comenta Silvio, mostrando las prendas a Marcelo al verle bajar las escaleras.

—Es eso o te pones una bata de hospital. —Sentencia Marcelo.

—¡Ni hablar Hermano!, tu si que eres rudo, y ...yo no tengo ni una pizca de ... ¿indecencia?. No vuelvo a lucir en pelotas a no ser que me lo pida Lucero... Y... ¡Ey tío, y donde dejaste a Albert!... no me digas que ahora le talqueas las bolas.

—¿Lucero?, quien es esa, ¿es la de turno? —Pregunta Marcelo.

—¡Ni hablar cabrón! Ella jamás estará en esa lista, ella es única es como un ángel de mirada fiera. Mi fiera.

—Uy, esas son palabras mayores, ¿La conozco? Silvio, —Pregunta Marcelo curioso.

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Al subir Albert se encuentra con una hermosa y sensual Ellen esperándolo con los brazos abiertos en la habitación de Marcelo con los tres niños risueños en un mueble que fue puesto de espaldas a la pared, improvisando una cuna. 

—Por Dios Ellen,¡ los niños están hermosos!, me encanta verlos a todos, parece que hubiese estado un siglo apartado de ustedes. Los he extrañado a horrores—Comenta Albert abalanzándose hacia Ellen y dándole un beso, para luego ir y besar la frente de sus tres niños y quedarse embelesado contemplando sus tres rostros alegres e inocentes.

A la par Ellen con el cabello suelto que caía como suave seda por su espalda. Su cuerpo esbelto a pesar de ya haber sido madre, con sus sugerentes curvas lo excitaron hasta ponerlo de piedra, Ella se apegó sin prisa a su cuerpo, tocando su firme y vigoroso pecho desnudo bajo la camiseta. Posando sus palmas extendidas y empezó a auscultar cada centímetro de piel, luego empezó a besar su pecho sobre su polo. Susurrando palabras a su oído, sus delgados y suaves dedos empezaron a recorrer sus brazos, su pecho, su vientre mientras su lengua recorría la tetilla de Albert al levantar su camiseta; lamiendo, mordiendo y succionando cada una, en tanto que Albert trataba de no moverse, tal como ella se lo había pedido, pero cuando Ellen subió a su boca, y con una mano desabrochó y abrió el cierre de su pantalón él no pudo dejar de sucumbir a un beso afiebrado, que lo hechizaba y lo excitaba aún más y sin importarle que esa habitación no fuera suya la tiró violentamente a la cama, pero hábilmente Ellen se movió y se posicionó sobre Albert, montandolo... Haciendo frotar su sexo con el de Albert. Sus sentidos se sentían aletargados, eran un amasijo de sensaciones. Ellen besándolo y frotándose contra él... Era un deseo frenético que lo llevaba a querer disfrutarla ya, pero aseguró la puerta por dentro y la fue desenvolviendo muy lentamente sin prisas, muy despacio, haciéndola enloquecer y temblar al suave contacto de sus dedos y boca. Siguió tocándola lentamente, para saborearla plenamente, cada segundo contaba tratando de recuperar momentos perdidos... Esa piel cremosa y suave era una tortura deliciosa. Los besos se mezclaban con gemidos. La erección de Albert vibraba lubricada. A su lado las palabras son claves, un amado espacio de revelaciones que no dejan de fluir, en la embriaguez de la encantada hora. Albert saboreaba su más bella flor carnívora, sin cesar el paso tenaz demorado y repetido de todas sus terminaciones nerviosas sucumbian.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora