Capítulo 49

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Cinco minutos para las 7 am, la ciudad empezaba a despertar, mientras que Albert sumido en una gran preocupación que no le permitió cerrar los ojos en toda la noche, velando el sueño de Ellen y de sus tres pequeños, estuvo pensando de que manera podía resolver el embrollo que a estas alturas había envuelto no sólo a él sino a todos los que le rodeaban. Por su cabeza relampagueaban varias ideas, pero la que mejor se acomodaba era la de trasladar a Ellen y los pequeños al exterior, mientras todo volvía a la normalidad, pero no concebía la idea de vivir alejado de ella. La duda que lo asaltaba era que el narcotráfico podría acceder fácilmente a ella si es que sus movimientos eran captados y más si tenía que desembolsar una gran suma para acomodarla en una buena zona con todas las comodidades para los niños y ella.

Encendió un cigarrillo y lo llevó a su boca, observando a Ellen, analizando cada movimiento que había dado Leticia hasta el momento, salió de la habitación y subió al techo del hotelucho por una escalera de servicio, examinando cómo es que se había arruinado la tranquilidad de su vida. Nada más pensar que podrían lastimar a los niños o a Ellen, la sola idea, le desgarraba el estómago. Cada día despreciaba más que nada en el mundo a Leticia y a su padre, no se explicaba lo ciego que había vivido tantos años embaucado por la sonrisa fraterna del viejo y su hija. Y aunque desde siempre nunca cayó bajo los influjos de la despampanante y ofrecida Leticia, con todo lo acontecido últimamente el odio seguía creciendo fervientemente de parte de Leticia hacia su amada Ellen. Muy a pesar que durante años, Albert no se cansó de dejarle en claro su posición frente a los sentimientos de ella, Leticia nunca le había quitado el ojo de encima y cada nada buscaba que llamar su atención.

—¿Albert? le llamaba desde atrás Ellen arropada con una casaca de Albert, con el cabello suelto como a él le gustaba verla.

—¡Buenos días amor!. Respondía Albert acercándose a ella para acercarla a su cuerpo en un abrazo envolvente y cariñoso.

—¿En qué pensabas, cariño?

—En ti preciosa, en como me tienes atrapado en medio de tus piernas y esa boca de rubí que tanto me gusta. —Comenta Albert besándola con vehemencia.

—¿Te sucede algo? No me mientas, te siento nervioso, tú no sueles fumar y ahora lo estas haciendo. ¿Qué es lo que te tiene así. —Pregunta Ellen tratando de adivinar en sus movimientos su nerviosismo y angustia.

—No te miento ni pienso hacerlo, es solo que,... toda esta situación que últimamente se ha venido presentando me tiene afectado, no quiero que les pase nada a uds. Me volvería loco si alguien les toca un solo pelo. —Comenta Albert besando la frente de Ellen.

—Albert, ¿acaso ya Leticia ha sido pareja tuya, antes?, Eso explicaría muchas cosas.

—Nunca ha sido nada mio, a lo mejor en algún momento compartíamos muchas cosas, como lo hacen los hermanos pero nunca más allá de eso, Silvio o Marcelo pueden dar fe de ello, Ellen. Y no es que fuera algo así como... un caramelo en una fiesta de niños, pero cada que me veía se me tiraba encima y se ponía muy melosa, y no es que fuera un hombre guapo, porque ella siempre andaba enseñando demás, ya con una faldita que se le subía demasiado o una de esas blusitas que parecía que eran de cuando era niña, pues le quedaban demasiado pequeñas haciendo resaltar ciertos atributos.¿Tú me entiendes? ¿verdad?.

—A lo mejor te vió como hombre y no como hermano, Albert, yo he escuchado lo que los chicos dicen de ella, y la verdad es que parece que te quiere obtener como sea. Por eso te preguntaba si alguna vez tuvieron algo, o le diste alas para ello. De lo contrario es una obsesión, eso es de locos. ¿sabes?

—Cientos de veces a mi me tocaba cuidarla de hombres no muy agradables y de muy malas pintas, porque su padre siempre me la dejaba a mi cuidado, porque Silvio era muy juguetón y siempre la molestaba poniéndole apodos, y bueno con Marcelo alguna que otra vez fuimos juntos a rescatarla de drogadictos, o simplemente me daba miedo meterme solo a lugares raros y oscuros y Marcelo me acompañaba, algunas veces entre los dos nos tocó cargarla para llevarla a urgencias debido a tanta porquería que se inyectaba, pero nunca mostré interés en ella. Iba presionado porque su padre me lo pedía... ¡Y ahora sale con esto! Es que me colma la paciencia, esto no puede seguir así. ¡Por qué tengo que andar escondiéndome! ...Mierda. No soy un delincuente. Pero me volveré uno si te tocan.

—Debemos bajar Albert, intenta descanzar un poco ahora que los niños duermen y todo esta tranquilo ¿si?. 

—No Ellen, no podría hacerlo nunca, incluso he estado pensando en esconderlos en el extranjero, o en el interior, pero luego he dudado y no, no quiero que les pase nada, a lo mejor la solución sea entregarme y hacer salir a todos para acabar de una buena vez con toda esta peste. Estoy harto de tanta huída, yo no he hecho nada deleznable como para que viva así arrastrandolos a todos.

—¿Estás loco?, jamás permitiría que te entregues, te matarían Albert. ¡No ni de coña! Y ve y acuéstate de una buena vez, y de aquí no me muevo hasta que te duermas.

—Ellen, si me haces cariñitos tal vez me pueda dormir. ¿Vienes a acostarte conmigo? Mmm que dices.

—Pero los niños ya están próximos a despertar. Y debo darles su mamila y...

—Shhh, no nada de peros, quiero pasar tiempo... Mmmm...mucho más tiempo a solas contigo, déjame encargárselo a los padrinos y a Lucero. —Comentaba Albert abrazando a Ellen desde atrás, besando su cuello, y mordiendo su oreja.

—Te amo demasiado amor, jamás permitiría que te entregaras a esos desgraciados, se alteran mis neuronas con solo escuchar tu voz, imagina cómo estaría sin ti Albert, eres mi alma.

—Mi Ellen, si supieras cuanto te adoro, y que mientras lo hago; aunque a lo mejor parezca cursi decirlo, día a día te amo más y no sólo por aquello que me das con tu ternura y con tus mimos, pues, yo te amo porque es mi fortuna amarte. Ellen te necesito para vivir. Te amo y soy solamente tuyo, Amarte nunca será mucho, y creo que aún no te he dado todo lo que puedo darte. A lo mejor pienses que soy un exagerado pero te amo demasiado, más de lo que mi cuerpo puede darte, porque te amo con tanta fuerza que mi alma respira de tu aire y de tu boca....Recorrer este valle de tus senos e ir hacia el camino de la felicidad me trae loco. ¿Será enfermizo amar de esta manera? aún faltan mucho más que recorrer, pero prometo que yo protegeré con mi vida, si es posible la tuya y la de mis hijos, hasta dar el último aliento de mi vida .

— Te amo Albert...

Momentos después de una entrega amorosa, en la privacidad de la habitación, Ellen se acostó al lado de Albert con la intención que él descansara algunas horas, pero fue Ellen quien cayó dormida profundamente, arrullada por la sinfonía del pecho de albert, y a los pocos minutos, él se ducho cambió y salió en silencio a darle un beso a sus hijos, con un solo propósito en su cabeza...

Lejos de ahí en un descampado cerca de unos container unos hombres se alistaban para descargar unas cajas, lo normal para un día viernes a las 10 de la mañana, en medio de una inmensa masa heterogénea de hombres con un sólo pensamiento vender la mayor cantidad de heroína que le sea permitida importar en sendos containers que en breve serían elevados hacia trailers con rumbo a l puerto del Callao, en donde nadie objetaría nada teniendo a la ley y el orden de su lado.

—¿Qué haces Albert? —Comenta Marcelo receloso viéndolo actuar extrañamente desde hacía casi una hora, encargando una y otra cosa, yendo y viniendo de uno a otro lado observando su teléfono, murmurando solo...

— Nada, hermano, ¿es que no me has visto en acción? acaso —Comentaba Albert con una sonrisa fingida.

—Ejejey, bro, yo te conozco como si te hubiera parido y esa carita de misterio dice que te estas queriendo meter en la boca del lobo. Y ya me di cuenta que dejaste a Ellen fuera de combate en una y eso no se vale, apenas se despierte te va a exprimir por jilipollas. Aquí entre hombres dime ¿qué rayos quieres hacer?, y no me dejes fuera porque juro que te parto el culo de una zurra, como todo niño berrinchudo ¡piensa Albert ! Esa mujer está buscando tus cinco minutos de idiotez para lanzarse encima tuyo y tu ¡pedazo de mierda! piensas servirte en bandeja. Y no me mires así, que yo puedo perfectamente escanear esa nuez que Ellen te ha dejado por cerebro. ¡Enamorado eres un perfecto imbécil!.

—¡Esta bien, me doy por vencido! les diré lo que estoy pensando hacer en breve y no me digan que lo impedirán porque ya estoy harto de tener que escondernos. ¡Mierda, los que infligen son ellos, no nosotros!

Luego de una larga conversación donde pensaban en los pormenores, Silvio hizo una llamada a Gladys, la chica del FBI y junto a Silvio y el francotirador fueron hasta la zona de de restaurantes caminando y vestidos casualmente 

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora