Capítulo 5

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     Albert se había quedado hasta muy tarde la noche anterior, así que sólo despertó porque un sonido fuerte lo sorprendió en medio de su sueño. Probocándole un fuerte e insoportable dolor de cabeza. Así que no le quedó de otra que ducharse, y vestirse. No tenía ganas de desayunar, ni de ingerir ningún tipo de bocado, sólo se tomó sus vitaminas y una pastilla para el dolor de cabeza.


     Llegó hasta el edificio de su bufete e ignoró las miradas curiosas que se posaban sobre él y se dispuso a trabajar.


     —Hola Albert, —lo detuvo una voz proveniente de uno de los ascensores.


     —¿Cómo estás, Silvio?. —Albert lo abrazó fraternalmente.


     —Me enteré lo del lunes. Sé que él es como un padre, y que siempre lo respetaste y admiraste. ¿Cómo la vas llevando, bro?


     —Bueno, no te lo puedo negar, no me gusta la situación del viejo, pero él se la buscó. ¿Y sabes, qué es lo peor, quiere que yo me encargue de su hija, ¿entiendes eso? —Dice desanimado Albert.


     —Por supuesto, los dos sabemos que Louis siempre te vió con ojos de suegro, aunque tu lo vieras como padre y no como yerno. ¿Cierto?


     —Tu lo has dicho hermano. Está loco si cree que debo cargar con la alocada de Leticia. ¡Ni en broma! —Dice Albert empujando hacia dentro del ascensor a Silvio.


     — jajajajajajaj. A juzgar por Lety creo que ya estas matrimoniado, y bien cazado con Z mi hermano. —Dice Silvio sonriendo


     —Sabes que debo ir a su casa pero me la he pasado ignorando sus llamadas, y mensajes del celular. Me los ha dejado en todas las redes, pero ni siquiera he abierto sus mensajes, aunque si los he leído todos. —Dice Albert abrumado.


     —Bastante intensa la niña. —Le dice Silvio contemplando a Albert con burla.


     —Mira hermano, creo que tengo una solución, tú irás por su casa. Te traes la información que necesito de las propiedades del viejo. Y consigueme toda la información que exista al respecto de Leticia, qué hace, y todo lo que pueda ayudar a limpiarla de cualquier acto que pueda incriminarla injustamente. Prometí defenderla. Y cumpliré mi palabra. Pero no cerca de ella. Eso ya es demasiado. 


     —¿Estás seguro que quieres que yo vaya a su casa?, la puedo encontrar muy dispuesta o como muy quisquillosa, esa mujer sólo respira para ti. —Muy sincero le dice Silvio a Albert tratando de disuadirlo de necesitarle.


     —Mira. Siempre me dices que eres el más apuesto y que no hay mujeres que se te resistan. No entiendo entonces que te ata a no ir, a mi me tiene sin cuidado si ella desee concretar algo contigo en un tiempo cercano. —contesta enérgico Albert.


     —Mira Bro, ¡aún no me mates, ni me desees mal!, estoy muy joven para morir. —Responde irónico Silvio. Además, recuerda que yo ya le disparé a una gatita de aquí a un par de cuadras, la del cafetín de las mañanas, aunque aún no ha mordido el anzuelo.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora