Capítulo 12

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- ¡Albert! - Gritó Marcelo mientras se acercaba al mueble para despertar a su desparramado amigo que yacía con parte de su cuerpo en el suelo y parte sobre el mueble con la cabeza colgando hacia un lado.

- Albert, ¡Albert!, jajajajajaja... -éste está más en la otra vida que en esta, se decía Marcelo mientras se agachaba para levantar parte del cuerppo de Albert y subirlo al pequeño mueble.

-¡Silvio!, Silvio, -por lo visto estos pichones están fuera de servicio. Sonreía Marcelo levantando los  vasos y botellas de la pequeña mesita de centro.

Instantes después Marcelo, recogió y tiró botellas y residuos de licor y descartables en el tacho, subió a la habitación de Silvio cogió dos cobertores y con ellos cubrió el cuerpo de sus dos amigos. Buscó analgesicos en el baño y un papel y una hoja para dejar una nota. Bajó a la cocina del duplex y preparó tres jugos de tomate, cubrió dos de los vasos con platitos y dejó una nota escrita con letras grandes en la puerta del baño. Y salió del departamento muy temprano rumbo a Aromas Peruanos.

La mañana estaba bastante gris, típico de un cielo limeño, con aire fresco y bastante húmedo en las primeras horas y  con algún que otro brillo solar amenazando irrumpir el cielo desde muy tempranas horas.

Leticia se había despertado desde temprano para llamar a Silvio y conversar con él pero el teléfono lo traía apagado, así que se le ocurrió ir a buscarlo a su departamento, porque en la oficina le dijeron que ninguno de los dos socios se había aparecido a trabajar. Cosa poco usual en ellos, pues siempre solían ser de los primeros en aparecer por las oficinas. Y como era de esperarse en el bufete, Bertha, había iniciado la bola que a lo mejor tuvieron un accidente o que les sucedió algo terrible a alguno de los dos, porque donde estaba uno estaba el otro.

Entonces Leticia sin dudar mucho subió a su auto y condujo con dirección al departamento de Silvio, se estacionó en el estacionamiento habitual y se extrañó no ver el auto de Silvio como se suponía debía de estar. Algo pensativa y con dudas bajó de su auto y caminó hacia el departamento, ya eran casi las 12 del medio día, hora inusual para que Silvio se encontrara en casa... ella iba pensando que tal vez sería un error buscarlo en casa pero siguió subiendo... Llegó al interior 45B, tocó la puerta una y otra vez, y ya casi convencida que no habría nadie allí, la puerta se abrió, tras ella un Silvio en boxer abría la puerta con el cabello revuelto, y tras él un Albert desnudo envuelto en una toalla recién bañado la miraban sorprendidos. 

Mientras Leticia, con los ojos más grandes que podía abrir miraba atónita la más pura y terrible verdad, esos dos habían pasado una tórrida noche y parte de la mañana entre apapachos y arrumacos. Importándoles un carajo ir a trabajar, porque el deseo y la pasión les ganó. -Así pensó Leticia. Si antes tenía dudas, ahora ya nada podía evitar que se diga que eran gays. Las imágenes hablaban por sí solas. Ahora ya todo era irremediable, imposible para Leticia, pues si su amado Albert se entregaba a Silvio significaba que realmente él jamás pensaría en una relación con una mujer. Ahora todo estaba claro. 

Leticia sintió que las piernas le temblaban y el corazón empezaba a desmoronarse pedacito a pedacito, trato de disimular y no derramar esa lágrima que luchaba por salir en demanda de reclamo por un amor perdido. Pues ella no podía competir con el sexi y bello Silvio. Era la primera vez que ella podía ver a ambos semi desnudos, realmente estaba ante dos dioses perfectamente esculpidos, hermosos, varoniles...

-¿Leti?, ¿tú aquí? -Pregunta confuso Silvio tratando de cubrirse detrás de la puerta.

- ¡Vaya que te pille con las manos en la masa! -Contesta Leticia.

- Ya regreso voy a vestirme, ¿me prestas una camisa? -Dice Albert retirándose hacia el segundo piso con dirección a la habitación del departamento.

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora