La mañana siguiente estuvo plagada de innumerables cosas por hacer, detalles por cuidarse, gente que reconocer del video que pudo grabar Alex sin mucho esfuerzo, entre otras cosas que hicieron imposible que Albert pudiera ir hacia el hotel en el que se alojaba Ellen. Era difícil para Albert dormir sentado en una silla lejos de ella y de la tibieza de los cuerpos de sus hermosos hijos. No habían pasado en realidad muchas horas pero él extrañaba a su mujer y sus hijos, el sólo pensarlos le entibiaba el corazón.
—¡Ejejey! hermoso, ¡ya! ¿Listo para irnos? —Se acercaba Alex hacia Albert llamándolo con sólo un dedo, haciéndole un gesto para que él se incorporara y dirigiera con ella hacia la salida de la oficina de su despacho.
—¿Y a dónde se supone debo ir?, —Decía Albert algo cansado, tenía la espalda bastante contracturada por la incomodidad de la silla, por la postura rígida en la que estuvo toda la noche y por el frío de la madrugada.
—Mira, tu te vienes conmigo, ¿viste que desde que andamos juntos no se te ha pegado ni un mosquito?, bueno eso seguirá así por mucho tiempo más. Pero tienes que venirte, conmigo;
1° porque tu tienes que hacer en el bufete.
2° porque ahí te verán ingresar con tu nueva conquista, osea no con tu guardaespalda.
3° porque pensarán que estás con la guardia baja, al verte sólo con una mujer indefensa
4° porque así filtrarán que descartaste a tu mujer por mí, por ende haces que ella esté a salvo de cualquier ojo que halla pensado en mirar hacia ella. Y...
5° porque ya quiero acción y reventar cohetes en el culo de algunos malnacidos.
—Fácil y concreto ¿verdad? —Comenta Alex tomando el brazo de Albert y dirigiendolo hacia la puerta de salida.
—¿Qué hace mi auto afuera de tu oficina? — Comenta Albert señalando su auto e introduciendo las manos en sus bolsillos, pues sabe que no lo maneja hace días y por lo tanto tampoco trae sus llaves encima.
—¡Toma, agárralas! —Grita Alex lanzando el manojo de llaves de Albert, para que él conduzca.
—Vaya no tenía idea que tu tuvieras mi coche listo para salir.—Decía sonriendo Albert, pues después de varios días sin verlo extrañaba la comodidad de sus ergonómicos asientos. Así es que se subió a su vehículo, después de abrirle la puerta del copiloto a Alex, como el caballero que era.
—Ha ver cariño, empecemos familiarizándonos antes que descendamos. Lo primero yo represento la nueva conquista del momento, y eso implica bajar abrazados, ...besos, ...agarrados de las manos... —Comenta Alex ante la mirada sorprendida de Albert.
—¿Sabes que tu me confundes?. se supone que eres mi guardaespaldas, ¿qué necesidad de cogernos de las manos y toda esa mierda que acabas de mencionar? —Expresa Albert mortificado del enredo que significará desmadejar ante los ojos de Ellen, semejante idea de protección de un guardaespaldas durante las 24 horas y lo que es peor, haber estado lejos de Ellen, no haber dormido juntos y seguir separados algunas horas más.
—Mira muñeco, tú te callas, te portas juicioso y sólo me obedeces a mi, eres algo así como el hombre más enamorado de la tierra. Sé que no eres un santo, así que sólo limitate a hacer tu papel. ¿Ok?. —Reafirma Alex bajándose del auto antes que Albert le abra la puerta del copiloto.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
