Ellen con paciencia había tenido bastante tino y tolerancia con el exigente Marcelo Bazán, sus primeros días en "Aromas peruanos" habían consistido en lavar platos, el trabajo era bastante duro, pero al fin de cuentas sencillo. La semana siguiente estuvo haciendo la limpieza de los ambientes del restaurante. La tercera semana Marcelo la había puesto a picar los ingredientes que tanto él como los cocineros solicitaban. Y esta era ya su cuarta semana, Marcelo le había pedido estar pendiente de los comensales y atenderlos a sus mesas. Esta semana era todo un reto para Ellen, pues se enfrentaba al público de manera directa, no quería hablar demás o de menos, quería hacer las cosas bien.
Ángel, era el camarero que cuando ella solicitó el trabajo le alcanzó una tarjetita para que calmara sus ánimos y pudiera tomar las cosas con más confianza. Pues bien, él ahora era uno de los camareros que a petición de Marcelo debía supervisar que Ellen hiciera un buen trabajo.
El objetivo que perseguía Marcelo era hacer de Ellen una colaboradora capaz de identificarse con cada una de las áreas de trabajo de su restaurante, pues él tenía la política que ningún colaborador era indispensable, debido a que cada quien era digno de desempeñarse en cualquier área de su restaurante, además que aquello hacía de sus colaboradores un equipo integrado, capaz de lograr en conjunto un propósito en común.
Por otro lado Ernesto todos los días había adiestrando a Ellen para que las cosas salieran bien, y como siempre ella a veces sorprendía con su entusiasmo y ganas de hacer las cosas.
El día había comenzado bastante normalito, como solía decir Ellen, Ángel le había indicado algunas cosas para que considerara al atender las mesas, que le habían sido bastante útiles.
Cerca de las tres de la tarde paró un tiempo de 1 hora para almorzar y ver detallitos como doblar servilletas, tener a mano cubiertos limpios... Sin lugar a dudas era un trabajo sencillo que no necesitaba mucho esfuerzo, ni tanta astucia, sólo debía de recordar nombre de platos, entradas y postres, y saber qué cosa debía de servirse para acompañar dichos platos. Pero, lo disimulaba bien, haciendo que los mismos comensales fueran los que eligieran el tipo de vino o guarnición que desearan.
Como a las seis de la tarde Albert, hizo su entrada a "Aromas Peruanos", al hacerlo busco un lugar apartado de la vista de la mayoría de los comensales, por lo que el compañero de Ángel le ofreció un apartado en el segundo nivel del restaurante. Y como siempre pidió un pastelito y un café como también un rato de buena plática con Marcelo, el cual lo acompañó media hora.
- ¿Cómo te está yendo con ese libro que estás escribiendo, Albert? le comentó Marcelo animado.
- Pues no me puedo quejar, desde la noche que pise tu restaurante he podido ir escribiendo un poco más, parece que ese bloqueo empezó a desaparecer. Es como si hubiese encontrado mi musa aquí dice Albert.
- Viste, que aquí no solo se alimenta el cuerpo sino, que también se nutre el espíritu. -Comenta Marcelo.
- Eso te lo voy a empezar a creer. Por otro lado, creo que le voy a decir a Silvio que podríamos venir a almorzar aquí seguido, y ya no frente al bufete. Es bueno que cambiamos de aires, y de sazón, pues la tuya es inigualable. -Expresa Albert.
Como era de costumbre los amigos conversaron sus respectivos 30 minutos, sobre cosas y situaciones que apremiaban tanto a uno como al otro. Luego se despidieron como acostumbraban. Marcelo se iba a terminar sus quehaceres, Albert se preparaba para degustar su respectiva taza de café del día. Es así que Marcelo al retirarse le solicita a Ellen que llevara un café y pastel de manzana al apartado del segundo piso. Y así lo iba a hacer Ellen, tal y como Marcelo le había encargado. Pero justo en el preciso momento en el que ella se acercaba a dejar en la mesa el café y el pastel para el hombre del apartado, éste se levanta bruscamente y todo el café termina derramado en el traje de Albert.
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A FAVOR DEL AMOR
RomansaUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
