—Gloria, el audio que te envié ayer, por la tarde, contiene unos sonidos extraños que indican la presencia de maquinaria ¿tornos tal vez?... lugar en el que se encuentran los traficantes. Si ustedes pueden determinar las coordenadas del lugar, se los agradecería mucho. De lo contrario podríamos tardar horas allí hasta dar con el container adecuado . Hemos escuchado que allí se hará la entrega un embarque con armas, y droga, todo con destino a China, según podrás escuchar en la grabación... —Indicaba Alex a través del celular.
—...
—Mmmm...
—...
—Ya veo... pero si lo pueden lograr a tiempo te lo agradecería.
—Alex creo que pierdes tu tiempo hagámoslo solos, yo iré ha realizar una pequeña diligencia y luego te alcanzo frente al ingreso de la zona de los containers, ¿te parece bien a las 18 horas?
—Sí, me parece muy buena hora, pero... Mmm... ¿Te puedo preguntar a dónde es que sales con tanta prisa?
—Claro, puedes preguntarlo, sólo que..., hay un detalle; yo no pienso responderte eso.
—A veces eres un cretino de primera, ¿Ya te lo han dicho antes, no?
—Es muy posible, pero a mí eso me tiene sin cuidado. Adiós Alex. Repito a las 18 horas. —Dice Albert saliendo con las manos en los bolsillos de su pantalón, dejando a Alex con las palabras en su boca.
Algunos minutos después Albert se apareció por su bufete de abogados, ingresó a su oficina, abrió su portafolio de pendientes y examinó al dedillo los expedientes de los tres hombres que había mandado seguir hacía un par de días atrás. Luego firmó algunos documentos pendientes e ingresó al baño de su privado, se duchó y vistió completamente de negro. Eran las 13 horas y aún contaba con cinco horas para acudir a tiempo a la cita pactada frente a los containers.
Se colocó un abrigo gris y una mochila pesada en la que llevaba lo necesario para lo que acontecería en la noche. Pero antes debía ver a Ellen, era una necesidad apremiante. Después de todo este tiempo, viviendo aislado en su propia oficina del bufete era increíble que no haya enloquecido añorando envolver ese frágil torso, y delicado cuerpo de Ellen.
Ese martes 13 era un día que podría significar un día nefasto para aquellos hombres a los que perseguía, o para el mismo. Y temiendo no volver a ver nunca más a Ellen, si ese día se le cerraban los ojos para nunca más abrirlos, nació un deseo irrefrenable: tener a Ellen entre sus brazos ese día hasta el momento en el que debiera partir a ese encuentro con la muerte.
Llegó al edificio del frente del hotel y como de costumbre subió al techo. Desde ahí observó por la misma ventana abierta, como lo venía haciendo las últimas fechas, a sus pequeños y a Ellen. Tiró una escalera telescópica olvidada desde hacía tiempo en el techo. Tal y como hacía mucho le venía tentando la idea de hacerlo. La sujetó con unas cuerdas que extrajo de la mochila, a una de las columnas para evitar que esta se deslizara; y cruzó a través de ella hacia el techo del hotel. Al llegar a la azotea algunas sábanas y fundas de cama colgadas en sendos cordeles, le palmeaban el rostro. Sorteando las decenas de sábanas, bajó por la escalera de servicio dos pisos y extrayendo una llave de su bolsillo trasero la introdujo en la cerradura de la puerta de la habitación e ingresó en completo silencio. Caminó hacia la cama y encontró a Ellen adormilada sobre un cojín en una tumbona, cuidando el sueño de sus hijos. Verla allí semi dormida con el cabello suelto y ese perfume a bebé lo impregnó de un sentimiento bello, uno que le llenaba y colmaba el pecho de una alegría jubilosa que parecía no tener como contenerla toda.
Ellen era una mujer hermosa, pero sin duda este tiempo de no haberla visto tan cerca la sentía inconmensurablemente bella; al punto de eclipsarlo. Dejó la mochila en la entrada de la habitación se abrió el abrigo y lo tiró al piso, y sin esperar más corrió a abrazar a Ellen desde la espalda, sobresaltándola, asustándola. Mientras Albert besaba su cuello y sus brazos la envolvían, Ellen se retorcía intentando soltarse de ese intruso que la había sorprendido en ese instante de cansancio frente a sus niños. Y con una cólera y fuerza poco vista en ella. La misma que sacó de sus propios instintos de madre; cogió la base de la jarra de vidrio que tenía a mano en el velador y sin siquiera dudarlo lo estampó en el hombro de Albert con furia, pues justo a tiempo Albert pudo quitar la cabeza, antes que ésta se la rompiera de un solo golpe.
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A FAVOR DEL AMOR
RomanceUn hombre muy versado es aquel que es muy instruído en varias materias o muchos conocimientos, así es Albert, un hombre bastante alto. ¿Cuánto? 1.97cm. Todo un hombre de letras y artes que vivía holgadamente en una rutina constante, intentando escr...
