Capítulo 8

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La mañana surgía con muchas cosas en la cabeza de Albert, y como todos los días él quería intentar ordenar su vida y tener todo bajo control. Lo de Leticia lo tenía perplejo desde hacía días, por ello sacó el teléfono de su bolsillo para hablarle a Silvio, y quedó con él para encontrarse en la cafetería de algunas cuadras cerca a la oficina de su bufete.      

...

—¡Bien, bro! Una mujer como ella te será muy fácil de seducir, después de todo Creo que la mejor forma de hacerla tuya, podría ser si la sacaras a desayunar o cenar, porque después de todo, tú mismo me dijiste que te la comiste con la mirada. Así es que no te hagas el muy digno, bien que te gusta Leticia.

     —¡Mierda Silvio! no sé si eres mi amigo o que —Expresa Albert molesto con el ceño fruncido cruzando sus brazos sobre la mesa. 

     —¿Cómo que mierdas? Si tú mismo me dijiste que ella estaba casi en traje de Eva y tu le viste cada una de esas provocativas formas, y aquí entre 'nos' Leticia esta buena. ¡Así es que no te me hagas!. ...Muy pero muy en el 'requetefondo' hasta Albert Junior sucumbió a ese monumento, tu mismo me dijiste que que tuviste que concentrarte en un punto fijo para no seguir detallando su cuerpo. Y eso que no me contaste como reaccionó Albert Junior cuando ella se te trepó.

     —Mira Silvio los ojos se han hecho para observar todas las cosas bonitas o feas que tenemos al frente. Así es que si yo miro o dejo de hacerlo no quiere decir que ella me guste. Por ejemplo tu por el simple hecho de ver a Leyla, Bertha o la chica del café de al lado, no quiere decir que te haya gustado alguna de ellas. —Dice Albert con mucha seriedad con el ceño fruncido, pues ya estaba cansado de decir de todas las formas posibles que a él no le gustaba esa mujer.

     —Albert quiero hacerte una pregunta importantisima, ¿Puedo? —Decía Silvio soltando una cara de inocencia y candidez a la que Albert no podía dejar de observar con una sonrisa.

    —Has la pregunta, porque sé si no lo haces ahora me joderás todo lo que resta del día, con lo mismo, hasta que no termines de desahogarte conmigo. —Comenta Albert con resignación.

     —¿Será que lo que sucede es que yo te gusto? Porque mira alguien como, de 1.82 , así de guapo, con un sexi cuerpo atlético, un rostro de ángel, con una billetera gruesa y otras cositas bien grandes y gruesas también... Yo podría entenderte, después de todo, entiendo que no te pudieras resistir a mis encantos, podrías intentar toquetearme y yo me haré el disimulado. Claro para eso estamos bro, no te haría mala cara. Pues pensandolo bien los dos haríamos una linda pareja. Ah pero eso sí yo sólo abracitos, los besitos se los darías a un sambo descomunal que podría conseguirte, o tal vez un rubio.

     —¡No jodas Silvio! Si he dejado que Leticia pensara que soy gay es solo para quitarmela de encima, bien sabes que tu y yo gustamos de las mujeres.

     —A mi no me queda duda, pero de ti no diría lo mismo, después de todo lo único que has hecho todos estos años, desde que te conozco es estudiar y trabajar. A veces dudo que te gusten las hembras. Ahora que dices que te gustan las mujeres...Mmmm lo dudo. Tenemos mas de 20 años de conocernos y que yo recuerde nunca tuviste entre tus brazos a ninguna fémina. Debo aclarar que, ni en tus brazos ni entre las piernas. Así es que mi hermano me da pena tu caso. A estas alturas de la vida tienes a un Albert Junior fosilizado.

     —¡Que mierdas dices SIlvio! el que no me hayas visto con nadie no quiere decir nada. Lo que pasa es que a la fecha no he encontrado a la mujer perfecta, todas tienen fallas de fábrica.

     —Eso es relativo, yo conozco varias que no tienen nada desperfecto, y es más puedo decir que todo lo tienen en su sitio. ¡Y que curvas! y con unos labios que dicen ¡bésame!

A FAVOR DEL AMORHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora