45.- Planeta Pamplona

8.6K 329 158
                                        

El tren estaba a punto de llegar a la estación de Pamplona yo iba apoyada sobre el cristal de la ventana acariciando inconscienteme mi pulsera y mi nerviosismo aumentaba por momentos.

Tenía tantas ganas de verla, abrazarla, besarla...y también sentía ansiedad por lo que pudiera decir cuando le contase lo que había pasado. Le tenía que hacer ver que aunque hubiera tenido algún momento de confusión, ella era la única persona con quien quería estar. Supongo que es normal sentirse atraída por otras personas aunque se tenga pareja. O no, yo que se.

Salí del tren tirando de mi maleta y llegué a la zona de salidas. Había hablado con Nat que me había dicho donde me esperaba.

Estaba junto a un cartel de horarios de trenes, tan preciosa como siempre y con una sonrisa que iluminaba toda la estación. Todos los nervios se fueron, ya solo estábamos ella y yo en ese lugar abarrotado de personas. Me acercaba sonriéndola y ella se acercaba a mi despacio sonriendo al igual que yo. Solté la maleta y el casco, ella soltó el suyo y nos abrazamos con fuerza.

- Dios Natalia, no sabes cuanto te he echado de menos.

Inspiré progundamente el aroma a frutas de su cuello y me apoyé en su pecho.

- Alba, yo también te he echado muchísimo de menos. El tiempo pasa muy despacio lejos de ti.

Me apartó para mirarme a los ojos, miró mis labios y yo miré los suyos, despejó el pelo de mi cara y suspiró.

- ¿Luego? - Preguntó con cierta tristeza.

- Luego,- respondí resignada con una sonrisa.

-Vamos peque, menos mal que has traído una maleta pequeña y la puedo colocar en la moto.Vamos primero a mi casa y luego si quieres, nos vamos al hotel.

- Vale cariño, ¿qué tal tu familia?

- Genial, deseando verte. Elena está impaciente, no para de preguntar a que hora llegas y si ya somos novias o que.

Sonreí avergonzada y con cierto temor,mientras me ponía el casco y me subía a la moto con Natalia. Echaba de menos abrazarla en esa moto.

Enseguida llegamos a su casa y saludé a su familia que me recibió con abrazos y besos por doquier.
Elena me abrazaba y no paraba de preguntarme que tal estaba y si me iba a quedar muchos días.
Santi y Mikel, fueron muy amables como siempre, pero más comedidos, y María, la madre de Nat, muy amable y cariñosa, ofreciéndome el cuarto de invitados para que me quedase en su casa.

Natalia me miraba suplicante para convencerme, pero no me apatecía nada tener que hacer incursiones nocturnas a su habitación y el pánico y la tensión que ello conllevaría.

Después de un par de horas en su casa y de conseguir que aceptaran que no me quedase allí, nos marchamos.

Nos instalamos, este hotel era bastante más modesto y la habitación normalita, aunque bastante amplia y con una nevera y una mesa con sus sillas para comer.
Nada más entrar me lancé a los labios de Natalia con desesperación.

Ella me devolvió el beso con bastante menos ansiedad de la que tenía yo. Su lengua invadía mi boca con habilidad, delicadamente y trataba de tranquilizarme rodeando mi espalda con sus brazos y acariciando mis labios con los suyos. Sus besos siempre habían tenido en mi el efecto necesario en cada momento, y en este caso, me estaba devolviendo la calma con cada movimiento.

Se separó de mí y me miró extrañada.

- ¿Que te pasa Albi?¿Estás bien?

- Estoy mejor que nunca, solo es que te he echado de menos, bésame anda.

Guns&SecretsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora