61.- Hogar, dulce hogar.

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El día 22 por la mañana cogimos un bus rumbo a Pamplona, mis padres ya sabían que íbamos a ir e invitaron a Alba a quedarse en Nochebuena, pero la excusé diciéndoles que era tradición familiar pasarla juntos y que no podía eludir ese compromiso.

De camino a Pamplona, durante el trayecto en bus, sentía el nerviosismo de Alba, que no paraba de moverse en su asiento.

- ¿Te quieres estar quieta que me estás poniendo histérica?

- Déjame Natalia, estoy muy nerviosa.

- No hace falta que lo jures... ¿A que viene esto? Ya los conoces, los viste en Barbate y luego de nuevo cuando viniste a Pamplona.

- Yo que sé... ahora lo nuestro es más serio, está más asentado ¿Y si lo notan?

- ¿Qué van a notar?, ¡Alba! No seas paranoica por favor.

Fui a coger su mano pero la apartó en cuanto vio mis intenciones.

Suspiré exasperada, debía tener paciencia con ella, pero a veces me lo ponía muy difícil.

La estación estaba cerca de mi casa así que fuimos hacia allí caminando.

Alba iba callada, supongo que maquinando lo que fuera que tenía en la cabeza en esos momentos.

Me paré antes de entrar al portal y me giré hacia ella mirándola con toda la intención de decirle lo que necesitaba oír sin tocarla.

- Tranquila Alba, todo va a ir bien, de verdad, tú solo compórtate como siempre, y verás como no hay ningún problema.

Asintió e hizo el ademán de darme un beso, pero se dio cuenta de donde estábamos y se apartó sonriendo y negando con la cabeza.

Cuando entramos en casa, mis padres y mis hermanos nos esperaban impacientes. Nos saludaron con entusiasmo y Elena acompañó a Alba a la habitación de invitados para que se acomodase.

Al regresar, habíamos puesto la mesa y nos sentamos a disfrutar del banquete que había preparado mi madre.

Estuvieron bombardeando a Alba con preguntas sobre el tiroteo, sobre cómo se sintió al disparar a aquel hombre y tuve que intervenir al ver que Alba empezaba a colapsar.

-Chicos, por favor, parad, fue un momento muy duro para Alba, dejadlo ya.

La miré y me sonrió con ternura.

- No pasa nada, Nat, ya está superado.

-Ay Alba perdónanos - se disculpó mi madre- estuvimos muy preocupados por ti, y Natalia nos tuvo informados de todo.

- María de verdad, no te preocupes que está todo bien, ya está superado.

Alba la miró sonriendo tan segura de sí misma que me tenía hipnotizada. Mis padres y hermanos se levantaron a quitar los platos de la mesa y cuando la rubia y yo íbamos a hacer lo mismo, Alba me cogió la mano para detenerme y me habló susurrando.

- No me mires más así.

-¿Así cómo?

- Como me mirabas delante de tu familia.

- ¿Porqué?

- Porque se te nota que me quieres...

Rodé los ojos y antes de dirigirme a la cocina, Alba terminó de hablar.

- ...Y me gusta demasiado.

Le sonreí con unas ganas de besarla que me consumían por dentro y me alejé de ella antes de liarla allí mismo.

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