ALBA
Después de la movida con Ana, nos fuimos al hotel de Alicante , allí cenamos tranquilamente y pasamos la noche despidiéndonos como es debido, disfrutando de cada segundo que nos había regalado la vida.
Yo había avisado a mi madre la noche del restaurante y le había dicho que nos íbamos a Alicante a la casa de la tía de Natalia durante dos noches, así que estaba tranquila en el hotel.
Cada vez que recordaba a Ana besando a Natalia, sentía impulsos asesinos hacia esa puta psicópata. Había tocado lo intocable y no iba a permitir que se me subiera a la chepa. Si quería guerra, la iba a tener.
A la mañana siguiente, regresamos a Elche, tristes pero a la vez felices porque ahora sí teníamos claro que ibamos a estar juntas.
Natalia subió a casa a despedirse de mis padres y mi hermana dándoles las gracias por todo aunque al final apenas estuvo allí.
Bajé con ella y la acompañé hasta su moto. Nos mirábamos conscientes de que el último beso nos lo habíamos dado en el hotel.
- Me tengo que ir, Alba, no quiero que se me haga de noche con la moto.
- Sí, yo no quiero tampoco. Ten mucho cuidado Nat por favor. Escríbeme en cuanto llegues. Ya te diré cuando podamos hablar por teléfono ¿vale?
Se resistía a subirse a la moto y yo me resistía a que se fuera.
Nos miramos fíjamente y sin más la abracé para acabar con la tensión que había.
- Imagina que te estoy besando ahora, - le dije al oído,- Te quiero.
- Y yo a ti.
Se puso el casco, se subió a la moto y la vi alejarse de mi una vez más.
Siete horas después, Natalia me escribió informando que ya había llegado. Siete horas después. Madre mía se había pegado 14 horas en moto en dos días para estar conmigo. No era posible quererla más.
Al día siguiente volvía al trabajo y vi en el cuadrante que coincidiría en turno con Ana. Lo había decidido, la ignoraría por completo y si me tocaba la moral, atacaría. Le tenía muchas ganas desde que tuvo la osadía de tocar a mi chica.
Estuve hablando con Natalia por la noche en mi cuarto justo antes de dormir. Parecía que esto sí iba a poder llevarlo bien, hablar con ella tan amenudo me ayudaba a sentirla más cerca y no se me hacía tan pesado como los primeros tres días desde nuestra marcha de Barbate.
A la mañana siguiente me levanté bien temprano, cogí la pulsera de Nat y me fui al trabajo. Cuando llegué al vestuario me la puse y le mandé un selfie mío a Nat con la pulsera puesta y de uniforme. A las 05.55 de la mañana. Ella me había dicho que entraba de tarde así que ya lo vería cuando se levantase.
Había decidido llevarla puesta siempre que no estuviera en casa o con mi familia. Tendría que tener cuidado de no olvidar quitármela y sobre todo de no perderla con tanto cambio.
Empezamos el turno y de momento no me había encontrado con la psicópata. Cepeda me estaba enseñando la demarcación y la verdad es que disfrutaba de su compañía. Era totalmente diferente a Carlos, bastante más tímido, pero muy buen compañero.
Tuvimos un aviso y coincidimos con la otra patrulla en la que cómo no, iba Ana.
Saludé a su compañero y a la otra la ignoré.
Acabamos la intervención y tocaba descanso por lo que propusieron ir a tomar un café, yo le dije a Cepeda que no me apetecía, pero insistió y no quise cortarle el rollo.
ESTÁS LEYENDO
Guns&Secrets
RomanceAlba inicia su nueva vida tras aprobar una dura oposición, dejando atrás su familia, amigos y todo lo que conocía hasta ahora. Jamás se imaginó que ese paso al frente le supondría una vida de tensiones,descubrimientos, secretos y... amor. Natalia es...
