15.- Jugando con fuego

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NATALIA

Llegué de la ducha y Alba dormía. Había sido una tarde muy interesante... y excitante.

La verdad es que me moría por tocar su cuerpo, y que finalmente me dejase hacerle el masaje fue toda una experiencia.

Verla tan nerviosa me inspiraba ternura, pero también encendía mis instintos más traviesos. Tener la sensación de que mi acercamiento la ponía nerviosa en cierto modo me excitaba y me empujaba a llevarla al límite.

Cuando por fin se quitó el jersei y vi su espalda desnuda, sentí un escalofrío que me atravesó todo el cuerpo, y cuando empecé a acariciarla y a masajear su espalda, solo podía pensar en acariciarla lentamente y recorrer su espalda con mi lengua. No era capaz de articular palabra y solo pude seguir con el masaje pensando que no había sido tan buena idea como creía. El solo contacto con su piel, me nublaba el juicio, así que aceleré el masaje sentándome sobre ella para terminar bien su espalda y poder presionar mejor. Pero la postura y su reacción, no hicieron sino perturbarme aún más.
Mil malas ideas se me pasaron por la cabeza, así que en un momento de cordura, decidí poner fin al masaje.

Preguntarle que le había parecido y verla nerviosa sin saber que decir me divertía sobremanera.

Y que me pidiera que me girase para no verla fue ya de matrícula de honor. De verdad que me resultaba super divertido verla así, vulnerable pero un poco salvaje a la vez, y me gustaba picarla. Aunque no sabía cual era la causa de su nerviosismo.

Yo sabía, ya lo había asumido que ella me atraía, pero ¿sería para ella lo mismo? ¿ O simplemente la incomodaba?

De camino a la ducha, empecé a pensar que tal vez yo y mi actitud de hoy, la había incomodado, y es algo que me daba mucho miedo. Durante ese rato, mi cabeza no paró de analizarlo todo a mil por hora, los miedos volvían. Miedo por mi situación con mi novio, miedo a esta nueva sensación, pero sobre todo el más pertubador: Miedo a su rechazo.

Cuando regresé , ella ya dormía. Me fui a dormir un poco frustrada y miré el teléfono una última vez. Y lo leí...Lo tuve que leer varias veces a decir verdad.

¿ Quién sería esa persona a la que se refería? ¿ Quién hacía mejores masajes que yo? ¿ Quién perturbaba su ser con sus manos? La rabia y la intriga me invadieron. Miré hacia su cama y observé su silueta. ¡Que cabrona, esta batalla me la has ganado!, pensé.

ALBA

La mañana siguiente fue muy extraña, no me atrevía a mirarla a la cara. Era la típica reacción como cuando te enrollas con alguien, porque vas un poco pedo y al día siguiente lo ves en clase y te da vergüenza hasta mirarle.

Pero nosotras no habíamos hecho nada. Solo fue un masaje ¿ no? No pasó absolutamente nada, Alba, por dios, no dramatices tanto.

Tenía miedo de que se hubiera dado cuenta del efecto que causaba en mi, y se fuera a alejar.

Salí de la habitación casi corriendo y apenas la miré. Luego en el desayuno evité ponerme frente a ella, y cuando formamos para ir a clase me puse en primera fila en el sitio totalmente opuesto a donde lo solíamos hacer.

Cuando me senté en mi mesa, resoplé... ¿ Que coño haces Alba? No la puedes evitar toda la vida, estais encerradas en el mismo sitio, dormís una al lado de la otra...

Llegó el profesor e intenté concentrarme en las clases.

Cuando llegó el descanso, no salí, me quedé con la cabeza apoyada en la mesa y mis manos sobre ella dándole mil vueltas a todo. Marta, me preguntó :- No sales illa? Deberías salir a que te de el aire, tienes mala cara.

Guns&SecretsDonde viven las historias. Descúbrelo ahora