37.- Dime que no es tarde (NataliaxIsaza)

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—¡Maldita sea! — Gruñó el chico al ver las mil llamadas perdidas que tenía de esa hermosa chica que se había atravesado en su camino hace unos cuantos meses, esa que inevitablemente le había enamorado con sus lindas sonrisas, con sus grandes ojitos y con sus gruesos labios. — Natalia, respóndeme por favor. — Imploraba con fervor y pese a eso, sus súplicas no encontraron respuesta. — Díganme que no es tarde, díganme que no llegué demasiado tarde. — Suplicó a los cielos al ver la casa de su tierna chica aún con las luces encendidas.

—¡ISAZA! — Escuchó un grito a los lejos, encontrándose de lleno con la mejor amiga de novia, porque si, ella era su novia desde hace dos meses exactos, y desde entonces él había sido su compañero en una fuerte batalla que pensó poder ganar, sin embargo, ahora dudaba de eso, porque la cara de Makis demostraba que las cosas no iban del todo bien. — ¿Vas donde Natalia?

—¡¿Sabes qué pasó?! — La voz desesperada solo hizo entrever lo mal que lo tenía esta situación. — ¡¿Por qué ella estaba así en la tarde?!

—Su hermano falleció, por eso faltó tantos días al colegio, ella no le dijo a nadie y al parecer, ahora todo esto le pasó la cuenta. — Makis seguía corriendo a la par de él, viendo que cada vez la casa estaba más cerca de esa casa, donde parecía que había un sinfín de árboles navideños por los colores que decoraban la pared principal. — No sé qué pasó con ella ahora Isaza, pero tengo miedo de lo que pueda pasar.

—Yo lo sabía, estuve con ella cuando él murió. — Isaza sentía que su corazón estaba ardiendo, que dolía enormemente por el miedo de lo que podía encontrar. — No quiero que le pase nada malo, no quiero que sea demasiado tarde.

Makis no dijo nada, se guardó para sí esa desazón que ocultaba su corazón, porque ella si presentía algo, ella tenía claro que esta tarde no era normal, que no era buena, la pequeña sabía que Natalia no estaba del todo bien y que su inestable corazón estaba sufriendo las consecuencias de ese entuerto.

Isaza se había detenido justo en la puerta de la casa de la castaña, donde había dos ambulancias, en una de ellas, la madre desmayada de Natalia Afanador, y en la otra, la misma Natalia yacía pálida, fría, mientras los paramédicos hacían esfuerzos sobre humanos por salvarle la vida, por volver a reiniciar su corazón.

El chico cayó sobre sus rodillas, mirando horrorizado cómo el cuerpo de Natalia daba fuertes sacudidas por las compresiones del paramédico, él solo apretó sus manos contra su boca y comenzó a implorar con voz amortiguada. — Por favor, por favor no te la lleves, por favor no te la lleves. — Su cuerpo temblaba expectante ante la idea de no haber podido salvarla, de no haber visto las señales oportunamente. — Dime que no es demasiado tarde, dime que no te la llevarás, por favor no te la lleves, por favor... por favor.

6 meses antes:

Natalia Afanador caminaba rezagada por los pasillos de su colegio, el hecho de haberse quedado dormida no le había ayudado a la calma, mucho menos le ayudaba a que su corazón rezagado pudiera funcionar correctamente. Por ese mismo pasillo, Juan Pablo Isaza caminaba perdido en su propio mundo, los audífonos con alta música en ellos lo ayudaban a ignorar el hecho que se estaba saltando las clases de álgebra, hasta que vio ese largo cabello cubriendo el rostro de esa chica, la espalda curvada y la evidente respiración trabajosa le llamó la atención.

—¿Estás bien? — Preguntó él sacando uno de los audífonos para acercarse a ella con un poco de temor.

La chica tomó una profunda respiración. — Si... solo... solo debo. — La chica dejó caer su cuerpo al suelo, sentándose en el piso mientras escondía la cabeza en sus rodillas. —Debo... recuperar la respiración.

Él estaba maravillado por el rostro que se reveló cuando esa cortina de cabello desapareció del rostro de la muchacha, revelando las maravillosas facciones que componían su rostro. — ¿Estás segura de que estás bien?

One Shots (Ventino)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora